ANALITYCS

martes, 22 de junio de 2010

Yo, yo y yo


Vivimos en una época de individiualismo como no se había conocido en otros siglos.

Al mismo tiempo, van cambiando los modelos que tradicionalmente servían de colchón para amparar y solidarizarse con la persona que en un momento pasaba por un mal trance.

Hoy parece que cada uno va a lo suyo, que cada uno tiene derecho, aún a costa de los derechos de los otros, y que prevalece el "yo, yo, yo ..." por encima de todo.

Y el que no sea así... ¡que espabile!


Sin embargo, no puedo menos que reflexionar cuando conozco a alguien que lo primero que hace es contar su vida casi sin dar tiempo a preguntar, que nos da su opinión de lo que sea sin dejarnos intervenir en la conversión y que, más que un diálogo, lo que mantiene es un monologo donde el "yo, yo y después yo" prevalece por encima de cualquier intento del su interlocutor de decir algo y donde parece que su verdad es la verdad absoluta. Incluso, hay algunas personas que se permiten corregirte o aclararte que ellos son los que aciertan y tú el equivocado...


Se está perdiendo la escucha, el dialogo entendido como intercambio de pareceres, con lo enriquecedor que es escuchar para aprender o modificar el punto de vista que tenemos... ese intercambio de opiniones e ideas del que tanto aprendemos.


Pienso a veces en las aparentes fortalezas de los que, presuntamente, están muy seguros de sí mismos. En realidad no son mas que fortalezas vacías, que en un rincón de las mismas esconden una bajísima autoestima que necesitan reafirmarse negando al contrario su derecho a discrepar y a veces hasta a opinar.

Practicar la escucha activa enriquece porque a veces aver
iguamos más de una persona no tanto por lo que trasmite sino por cómo lo hace. Porque al final todas estas personas que no escuchan, que no se ponen en el lugar del otro, que aparentan una seguridad "envidiable", arrastran, en realidad, una gran soledad y no son más que fortalezas vacías.
www.diazbada.com
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