ANALITYCS

sábado, 14 de diciembre de 2013

AMOR QUE DURA UNA VIDA

Muchas relaciones de pareja fracasan por la falta de compromiso y muy frecuentemente porque las personas se emparejan y tienen hijos sin pensar realmente si la persona que han elegido satisface por completo sus expectativas y si verdaderamente van a compartir la vida siendo capaces de comprometerse y crear entre los dos un “equipo” capaz de enfrentarse al día a día.
No es infrecuente también ver parejas que siguen intentando llevar la misma vida que llevaban cuando eran solteros, con juergas, salidas nocturnas, vidas a veces que poco tiene en común o que acaban por cargar de trabajo a una de las partes descompensando el equilibrio que la pareja debe tener entre una vida social y cierta independencia y un compromiso con la pareja, hijos y con llevar una vida en común.
Tampoco es infrecuente ver que la cuadrilla o círculo de amigos se convierte en una especie de familia común y apenas hay vida familiar (pareja e hijos). Algunas personas tienen la necesidad de no renunciar a nada y quieren estar en pareja, pero no perder hábitos de cuando no la tenían, queriendo llegar a todo, pero fracasando inevitablemente.
Creemos, no pocas veces, que el amor que merece la pena es aquel amor que experimentamos en la juventud lleno de chispa y de pasión y que luego, pasada esta época, todo se vuelve monotonía y normalidad mal entendida.
No es así; realmente, el amor que se basa en el compromiso va cambiando a lo largo de la vida, pero no tiene por qué ser peor que el enamoramiento del principio. Lo que perdemos (y por eso el amor se torna en rutina) muchas veces es la capacidad de comunicación, el estar pendiente de hacer feliz a la otra persona, el hablarnos a pesar del trajín diario.
Perdemos el estar juntos por salir con los amigos o en cuadrilla y así esa complicidad que debe ir tejiéndose a lo largo de los años, lentamente, donde vamos confiando en la otra persona, donde nos vamos conociendo y compartiendo nuestras dudas y anhelos, entrelazando así nuestras vidas a través de algo tan simple y a veces tan difícil de hacer como es la capacidad escuchar, ceder, estar atento al otro, cuidarle, reforzarle, enfadarnos para luego saber dar marcha atrás… en fin, sintonizar de tal manera con la otra persona que se convierta en un compañero de vida y llegar con esta compañero al final de nuestra vida, con la certeza de haber tenido a nuestro lado a alguien con quien hemos vivido, en quien hemos confiado, y hemos querido y cuidado.
Conseguirlo es el resultado de un compromiso profundo y de un cuidado mutuo que es, verdaderamente, la esencia del amor.


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