ANALITYCS

domingo, 2 de noviembre de 2014

ESTO SÍ ES UN MILAGRO

No es infrecuente que en los medios de comunicación oigamos noticias en las que personas ancianas acaban con sus vidas; a veces, el marido mata a su mujer para luego suicidarse... detrás de muchos de estos casos hay historias de terribles enfermedades, soledad extrema e indefensión.
Dicen los estudiosos de casos como estos que lo que supone una terrible pérdida de calidad de vida a las personas es, por una parte, los sentimientos de indefensión o pérdida de control, la desesperanza, es decir, no encontrar un motivo para seguir viviendo y la inutilidad o la percepción de que ya nuestra vida no tiene sentido.
¡Cuántos ancianos se ven reflejados en estas tres condiciones! Hace pocos días, una anciana a la que conozco desde hace años ha sido trasladada a otra ciudad porque sus hijos creen que va a estar allí mejor, sin preguntarle a ella, ya nonagenaria, si así lo quería…
No solamente les hablo de historias de abandono de hijos poco generosos y desagradecidos, sino también, en ocasiones, de personal sanitario poco preparado, que trata a los ancianos como si fueran niños y no entendieran las cosas, o de una gran parte de la sociedad, que en muchas ocasiones mira con indiferencia a los ancianos, tuteándolos como si fueran amiguetes, demostrando poca paciencia con ellos y, en general, tratándolos sin delicadeza.
Ya sé que, afortunadamente, no siempre es así.
No tengo ninguna duda de que, en muchas ocasiones, es el personal sanitario que atiende a los ancianos el que con su afecto y atención logra mejorar su salud mucho más que cualquier medicación, lo mismo que la pescadera que pacientemente atiende a una anciana recomendándole lo que puede llevar ese día. Lo mismo que la cajera de una entidad bancaria que con respeto le llama de usted y le aconseja de verdad lo que tiene que hacer con su dinero… ya sabemos que un apretón de manos, una caricia, una sonrisa o simplemente un buen trato, obran milagros.
Los que no somos todavía ancianos también lo sentimos. Seamos participes de esos pequeños milagros que todos podemos hacer cada día y que cuestan tan poco. Está en nuestras manos.
Tratemos a nuestros ancianos con respeto y cariño. Seamos pacientes, escuchémosles y démosles afecto porque son lo que seremos y se encuentran en la última fase de su vida, agitada y dura, como seguramente nos pasará en un futuro.
Demos esperanza y motivos para sonreír a aquéllos que ahora esperan poco de la vida.
Nada más satisfactorio que poder hacer llegar a sentir a otro ser humano un poco de bienestar.



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