ANALITYCS

domingo, 24 de mayo de 2015

TU DOLOR ES MI DOLOR; TU ALEGRÍA, LA MÍA

Las relaciones interpersonales están siempre teñidas de discusiones, agravios de todo tipo y, en muchas ocasiones, de malas maneras o rechazos al otro, sin que realmente medie nada concreto que nos haga que la otra persona nos “caiga mal”.
Olvidamos que la gran mayoría de nosotros luchamos por lo mismo: por sobrevivir. Y no me refiero a tener las necesidades básicas cubiertas, que también, sino a llevar nuestro día a día de una manera tranquila, sosegada. Olvidamos que todos tenemos momentos de tristeza y de alegría. Que la vida, siempre injusta, va marcando nuestros días con alegrías y tristezas, desazón y malestar, en un recorrido nunca igual, aunque a veces nos parezca monótono.
Frecuentemente, olvidamos que el que tenemos enfrente es un ser humano como nosotros, con esas mismas preocupaciones y malestares. Todos somos de carne y hueso y todos tenemos nuestras emociones. Nuestros anhelos y nuestras penas, escondidas tras un velo de normalidad.
Es verdad que hay gente empeñada en hacernos daño, en criticarnos o en no medir sus palabras y actos. Es verdad que hay gente que no tiene la mínima empatía por el otro; lo vemos desgraciadamente en los medios de comunicación casi todos los días. Sociópatas o psicópatas que ajenos a lo que nos une, hacen daño con rabia manifiesta. Personas ególatras convencidas, narcisistas que sólo son capaces de verse ellos mismo y consiguen sus objetivos pisando a todos y haciendo lo que no hay que hacer… Sí, es verdad, no todo el mundo es bueno.
Pero la gran mayoría de las personas, sí lo son. Son aquellas que son capaces de sonreír, de decir una palabra amable, de entristecerse ante nuestra pena y de alegrarse ante nuestra alegría.
Son estas personas las que imbrican con su actitud los lazos entre diferentes seres humanos; las que tejen con su actitud un soporte de humanidad, que con sus gestos y palabras hacen que el día a día sea más llevadero, tanto para ellos como para los demás.
Son las personas que llevan siglos generando una empatía hacia el otro. El saber ponerse en el lugar del otro. Aquellas que en su corazón guardan siempre buenos sentimientos. Aquellas que aunque imperfectas, no anidan rencores ni odios. Esas personas que ante nuestro dolor, sienten nuestras tristezas, y ante nuestra fortuna, se alegran sinceramente.
Sabedoras que la vida es así, una de cal y otra de arena, y que lo que conforma el día a día es esa actitud de empatía que les hace ser mejor personas y por lo tanto vivir mejor.

www.diazbada.com

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