ANALITYCS

sábado, 7 de noviembre de 2015

EL "BUEN EGOÍSTA"

Culturalmente, está muy establecida la creencia de que primero son los demás antes que uno mismo. Considerarlo de otra manera es propio de egoístas, personas que van buscando su propio y único beneficio y que, para conseguirlo, están dispuestos a pisar la cabeza de quien haga falta con tal de salirse con la suya.
Y así funcionamos muchas veces, haciendo cosas y prestando atención más a los otros… que a uno mismo. Lo de los demás es antes que lo propio. Hay que aparentar, porque lo que piensan los demás es más importante, en ocasiones, de lo que uno piensa o quiere hacer. La rigidez de ciertas normas sociales, establecidas como verdades inamovibles, nos ocasiona no poco sufrimiento y, en ocasiones, situaciones en las que nuestro derechos más elementales se ven pisoteados, ante la ausencia de límites que ponemos.
Sin embargo, hay un egoísmo que es necesario defender, y es aquel que considera que antes que los demás es primordial preocuparse de uno mismo. Que antes de hacer cosas que no queremos hacer, es mejor enfrentarse y decir “no”. Que poner límites es necesario para nuestra salud mental. En fin, que, en definitiva, hay que ser egoísta y preocuparse primero de uno mismo antes que estar siempre disponible y preocupándose por los demás.
Entre otras cosas, porque para preocuparse por los demás, primero hay que sentirse bien con uno mismo. Y para sentirse bien con uno mismo, hay que prestarse atención. Hay que cuidarse. Hay que considerarse y tenerse en cuenta. Hay que hacer lo que uno quiere realmente hacer. Porque de la misma manera que podemos entender que los demás hagan u opinen lo que cada uno quiera, también debemos aplicarnos eso a nosotros mismos.
Por lo tanto, entender que debemos ser egoístas, con este egoísmo bueno, es entender que debemos estimarnos, cuidarnos y aceptarnos. Intentar mejorar y crecer como personas, fijándonos en nosotros mismos. Solamente así, sintiéndonos bien con nosotros mismos, podremos dar a los demás.
El buen egoísta es el que primero se ocupa de sí mismo, sin descuidar a los demás, sin abusar ni maltratar a nadie, pero fijándose primero en las necesidades personales de cada uno para luego poder dar a los demás. De lo contrario, el desgaste físico y emocional es tal, que uno acaba autodestruyéndose y “mal ayudando” a los otros.


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