ANALITYCS

domingo, 18 de diciembre de 2016

PALABRA CON UNO MISMO


Nos quedan pocos días para finalizar el año y reflexiono sobre la poca palabra que tenemos en ocasiones con nosotros mismos. Nos decimos, voy a hacer esto o mañana empiezo a… y no llega nunca el día en que tal conducta o actitud llegamos a ponerla en práctica. Con nosotros mismos somos poco cumplidores, y postergamos lo que sabemos nos va a proporcionar bienestar.

Sin embargo, si alguien nos pide algo o quedamos con alguien, ahí sí; cumplimos a rajatabla lo pactado y no nos planteamos siquiera el fallar.

Con los demás, como frecuentemente nos pasa en otros aspectos, sí cumplimos y tenemos palabra. Palabra que, sin embargo, con nosotros no aplicamos.

Detrás de esta manera de actuar se esconde siempre la idea de que los demás son lo prioritario, especialmente lo que piensen de nosotros. Tienen que vernos como alguien que cumple, que además no falta a su palabra, por ser persona honrada y seria. Como ocurre frecuentemente, nos dejamos guiar por qué pensarán los demás y eso, en ocasiones, se convierte en un hábito.

Y así, nos encontramos con personas que de puertas hacia fuera son de una manera, aparentemente serios y cabales, y que sin embrago a solas (o en ocasiones con la familia o con los que convive) se muestran de otra.

Personas que parecen funcionar por una doble moral. Una hacia los demás, y otra que descuidan y no cumplen, llegando a veces sus comportamientos a extremos negativos, con los que tienen más confianza o tienen más cerca. Personas pulcras, ordenadas, sensatas hacia fuera y desordenadas, caóticas o dictadoras hacia dentro…

Tener palabra con uno mismo significa coherencia.

Significa ser y predicar lo que realmente se cumple.

Significa no tener una doble moral y aplicarse a sí mismo, lo que exige y da al otro.

Por lo tanto, tener palabra con uno mismo y cumplir lo que se quiere hacer o llegar a ser, se convierte en un aspecto importante para el propio bienestar.



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