ANALITYCS

domingo, 22 de julio de 2018

UNA POSTURA ACTIVA


Para conseguir nuestro bienestar hay que tomar una postura activa con nuestras propias emociones. Es decir, tenemos que aprender a manejarlas siendo conscientes, primero, de qué estamos sintiendo y por qué nos sentimos así.

Es bastante frecuente que cuando nos sentimos mal muchas veces no sepamos la razón por la que estamos estamos así.

Mucha veces escucho en consulta: “Lo tengo todo, realmente no tengo de qué preocuparme… sin embargo, no me siento bien”.

Pues bien, es fundamental, en primer lugar, ser muy conscientes de que soy yo el primer interesado en estar bien, pero también, y aquí está lo importante, el principal artífice para conseguirlo.

No debemos recurrir, por lo menos en un primer momento, a algo externo y debemos empoderarnos y creer que nuestro bienestar pasa necesariamente por un proceso de autoconocimiento, de reflexión con uno mismo, de introspección para preguntarse, por tanto, qué me pasa, por qué estoy así, y parándome a pensar qué pensamientos acuden a mi cabeza cuando me encuentro mal.

Una vez hecho esto es importante reflexionar acerca de esos pensamientos que estamos pensando, y analizarlos con distancia, es decir: poner el pensamiento en cuarentena y lo más objetivamente posible analizarlo para ver en qué medida lo que pensamos se corresponde con la realidad.

Esto que puede parecer muy simple, no lo es.

El pensamiento negativo está siempre dramatizado, visto en términos de todo o nada, blanco o negro, generalizado de tal manera que un error o inconveniente es visto como un fracaso general que arrasa nuestra vida… estos y otros errores de pensamiento conducen directamente al malestar.

Una vez que hemos detectado estos errores, tendremos que confrontarlos con pensamientos más racionales, más ajustados a la realidad, a mis capacidades y aciertos, a mis fortalezas para situarme en un término en el que la emoción negativa empieza a perder fuerza, como si de un nuevo sendero mental se tratase, en mi mente aparecen pensamientos más ajustados y soluciones a los inconvenientes o problemas que se me presenten.

Mi autoestima se ve reforzada porque soy yo el artífice de este bienestar, y de esa manera controlo mis emociones, haciendo que éstas sean más positivas y me produzcan paz.


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