ANALITYCS

domingo, 28 de agosto de 2016

DESPUÉS DEL VERANO...

No hay recetas infalibles para reincorporarse a la rutina, para que nos cueste un poco menos abandonar los días del verano en los que todo parece trascurrir de otra manera, mucho más relajada, y reincorporarnos a un otoño que parece acompañarse siempre de cierta melancolía.

No hay soluciones mágicas, pero sí una serie de pautas, que si somos capaces de llevar a cabo con constancia, aplicándolas todos los días, nos producen serenidad.

Y la serenidad siempre produce bienestar. Lo que ocurre es que con frecuencia no nos entrenamos lo suficiente. Olvidamos que esto de pensar en uno mismo, de cuestionarse cómo nos encontramos, qué nos preocupa y qué podemos hacer para ser felices, requiere un compromiso diario con uno mismo. Es un entrenamiento cerebral, hasta llegar a convertirlo en un hábito de pensamiento.

Así que ponga a su cerebro unas zapatillas de deporte imaginarias y entrene, entre otras muchas, las siguientes pautas de pensamiento:

. Escoja una palabra para todo el otoño, por ejemplo: SERENIDAD y repítasela y téngala presente a los largo del día todas las veces que quiera. Al recordársela y pronunciarla mentalmente, respire con calma y conecte con ella.

. Trate de aceptar y comprender al otro tal y como es. Huya de la crítica fácil y piense que es preferible que nos engañen alguna vez o nos decepcionen, que vivir desconfiando de los demás permanentemente y pensado que esto es la jungla. Esto genera mucho malestar. Relájese.

. Nadie es más o menos que usted. Esto tan obvio, que decimos y con frecuencia no creemos, es verdad: no hay ser humano idéntico al otro. Todo ser humano es digno de respeto y de comprensión… aunque a veces cueste. Así que deje de torturarse mentalmente despreciándose e infravalorándose, y trátese con igual cariño y respeto como trata a los demás.

. Pase página. Deje de rumiar el pasado. Olvide a las personas que le han hecho mal, los errores cometidos y sus meteduras de pata… somos seres humanos en progreso y seguiremos acertando y equivocándonos toda la vida; así que no se mortifique.

. Acepte el paso del tiempo. Sí, ¡envejecemos! Y nos moriremos… Aproveche las lecciones que nos da la vida. Cuídese, pero huya de comportamientos y conductas obsesivas que le hacen esclavo del aspecto exterior.

. Sea amable. Haga el ejercicio diario de intentar ser mejor persona, hacer el bien y no perjudicar a nadie.

. Y recuerde: “No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices”.

www.diazbada.com
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