ANALITYCS

domingo, 16 de septiembre de 2018

RELACIONES PERSONALES ENRIQUECEDORAS


Cada uno de nosotros tenemos un marco de referencia único y personal. Dicho marco de referencia nos hace ver la vida de una manera determinada, a través de nuestro filtro personal.

Así, para unos el mundo es un lugar seguro y para otros una selva intrincada llena de peligros… ¿Qué es lo que hace que uno u otro lo vea de esa manera tan dispar?

El sistema de pensamientos que cada uno tiene es lo que hace que veamos el mundo de una manera u otra.

Y dicho sistema de pensamientos se alimenta de una serie de creencias que tenemos en función de la educación recibida, la época en la que vivimos, la cultura que recibimos y, en definitiva, el marco de referencia en el que nos encontramos a lo largo de la vida.

Cuando nos damos cuenta de que es nuestro sistema de pensamientos el que crea nuestra visión del mundo y condiciona nuestras reacciones en él, somos capaces de ver más allá de nuestras limitaciones. 

De esta manera, dándonos cuenta de que cada uno de nosotros somos una unidad diferente e única, podemos entender que los demás también lo son y por tanto no sentirnos amenazados por los demás, ni por su negatividad, ni por sus prejuicios.

Así, las relaciones interpersonales se vuelven más fluidas, porque no nos tomamos las cosas de manera personal, no demostramos agresividad en defender nuestros principios e ideas, y conseguimos ver la vida de manera diferente.

De una manera mucho más libre, abriéndonos puertas a relaciones personales más gratificantes y menos críticas, ya que estaremos menos apegados a la defensa de nuestras creencias y visión de la vida, y nos centraremos más en el sentimiento positivo que aflora al sentirnos parte de un universo común.


domingo, 9 de septiembre de 2018

DEJAR DE PENSAR, PARA SOLUCIONAR


Cuando tenemos un problema, damos vueltas al mismo hasta muy frecuentemente llegar a convertirlo en una obsesión.

“Rumiamos” el problema, una y otra vez, creyendo que así llegaremos a una solución enseguida. Pero lo que conseguimos de ésta manera es atascarnos y sentirnos mal.

Cuando algo se convierte en una obsesión se disparan inmediatamente respuestas fisiológicas típicas de la ansiedad: malestar continuo, dolores de estómago, presión en el pecho… etc, además de emocionalmente sentir un gran malestar.

Y achacamos a la gravedad mayor o menor del problema, nuestro malestar.

Sin embargo, manejando la situación de otra manera, probablemente encontremos una solución más rápida al problema y, sobre todo, nos podremos sentir mejor para poder afrontarlo.

Así, cuando tenga un problema le recomiendo que en un primer paso lo analice. Piense con tranquilidad en diferentes opciones para resolverlo. No se vaya a los extremos, ni piense en soluciones mágicas. Nada es blanco o negro. Piense, de las opciones que están en su mano, cual puede ser la más adecuada para llevar a cabo. Y pare. Deje de pensar.

Es decir, no siga dando vueltas. Deje de analizar, como si tratase de poner el problema en cuarentena y lo alejara de su mente. Cuando la mente se despeja de inquietud, de las dudas, es, paradójicamente, cuando aparecen nuevas soluciones o alternativas que no habíamos contemplado.

Y entonces pase a la acción y lleve a cabo la respuesta que quiere aplicar para resolver el tema.

Nuestros pensamientos crecen cuando les prestamos atención, y cuando son pensamientos de preocupación, crecen más, llegando a nublar nuestro juicio.

Cuanto más pensamos en el problema, peor nos parecerá éste y más difícil de nos será de resolver.

Así que pare y distráigase. Verá como, al cabo de un tiempo, la solución está esperándole.


domingo, 26 de agosto de 2018

RECUPERARSE DE UNA RELACIÓN AMOROSA


Cuando una relación amorosa se acaba, el sentimiento de pérdida nos duele profundamente.

Tanto, que muchas veces resulta difícil “desengancharse” de la misma y se genera una dependencia negativa en la que pensamos equivocadamente, manteniéndonos mentalmente en una contínua esperanza falsa de que las cosas podrán cambiar y volverán a ser como antes, atrapándonos en un círculo vicioso que genera una gran angustia.

Cuando nos dejan y nos dicen que no quieren continuar con la relación o nos damos cuenta de que somos nosotros los que debemos dejarlo, porque la relación es tóxica y nos hace sufrir, parece que la vida se enfoca, única y exclusivamente, en esa persona, a la que nos aferramos interpretando mal conductas y manteniendo la esperanza mágica de que todo volverá a ser como antes.

Para ayudarse uno mismo a salir de esa relación, bien porque la otra parte no quiere continuar o porque nosotros mismos nos damos cuenta de que es una relación que nos hace sufrir (como la relación, por ejemplo, intermitente, de ahora sí, ahora no, o dicho de otra manera, sin compromiso) es conveniente seguir las siguientes pautas:

. Ponga el foco de atención en usted, no en el otro, sino en lo que tiene que hacer para recuperar su bienestar. Es usted el importante, no él o ella.

. Bloqueé todo contacto telefónico, correos, redes sociales... el refrán de “ojos que no ven, corazón que no siente”, es bien cierto. Así que, cuanto menos contacto tenga con esta persona, mejor. No tema parecer brusco o descortés. Necesita recuperarse y, para eso, tiene que protegerse.

. No deje que los demás le hablen de él o ella, y evite estar usted mismo hablando de él/ella. Oblíguese a dejar de “rumiar” lo que hizo o dejó de hacer, lo que le dijo o no dijo, etc.

. Evite ir por las mismas zonas o lugares donde sabe que se va a encontrar a su ex-pareja. Sí; tiene que modificar su vida, pero recuerde que es temporal y siempre para que sufra lo menos posible.

. Recoja en su casa cualquier objeto que le recurde a la persona. Métalo en una caja y apártelo de su vista. Si se siente con fuerza, dónelo, o al menos guarde las cosas en un rincón alejado para que no pueda verlo y le haga daño.

. Cuando le venga el pensamiento, que le vendrá muy frecuentemente, sobre él/ella, del tipo lo que hará o pensará, párelo y coja un lápiz y papel. Escriba todas las razones por las que no va a volver con una persona que no le quiere bien.

Insista consigo mismo. El pensamiento le traicionará y le hará recordar lo bueno, aquella ocasión en que fueron felices... no se deje arrastrar por él y maneje su pensamiento diciéndose las razones por las que no va a estar ni a perder el tiempo con alguien que no le quiere bien.

. No puede ser amigo de esa persona en este momento.

No tenga pensamientos de “podemos quedar para tomar un café o saber de tu vida”. Si él /ella se lo propone, no acceda.

En este momento, con su angustia y malestar, lo unico que conseguirá es que éstos aumenten si vuelve a ver a esa persona .

El contacto tiene que ser nulo, porque de la otra manera es alargar el sufrimiento.

. Piense que la vida siempre da oportunidades, es decir, se volverá usted a enamorar.

Sin duda. Encontrará a otra persona.

Pero debe darse la oportunidadd de hacerlo.

Es decir, no se trata de salir a la calle buscando urgentemente un sustituto/a, sino de cerrar la herida pensando en que continuará con su vida, aunque ahora duela. Continuará con sus actividades sociales, se abrirá a nuevas personas, y verá que cuando la vida cierra una puerta, se abren otras.

Sólo tiene usted que permitir que eso suceda.


martes, 31 de julio de 2018

RESISTIRSE A LA NECESIDAD DE CRITICAR


Es normal que acudamos a reuniones con amigos y se hagan críticas.

Bien contra otras personas o contra situaciones en las que se ven envueltas otras personas que a veces ni siquiera conocemos. 

Criticar es muy habitual en nuestras relaciones sociales.

Parece que si no hablamos del prójimo y comentamos tal o cual cotilleo, las reuniones sociales se vuelven aburridas.

Sin embargo, cuando nos paramos a pensar realmente qué conseguimos con las críticas vemos que, realmente, no se consigue nada.

Muchas veces son comentarios banales que no dicen nada o a veces dardos envenenados con exageraciones, o suposiciones que afean la conducta del otro.

Una actitud crítica no solamente no sirve para nada, sino que hace que seamos más desconfiados y sigamos atrapados en prejuicios.

La actitud crítica no es más que un mal hábito. Estamos acostumbrados a hacerlo sin pararnos a pensar que no sirve absolutamente para nada.

No añade nada positivo y sí nos resta bienestar. Nos predispone negativamente ante el mundo que nos toca vivir y nos llena de desconfianza hacia la persona a la que se ha sometido a esa crítica, aunque a veces no la conozcamos.

Le propongo que se imponga como tarea el no criticar.

Para eso, cuando critique, mire con cuánta frecuencia lo hace y sustitúyalo por hacer comentarios positivos de la persona o situación a la que se critica.

Cambie de esa manera la crítica por la tolerancia y el respeto al prójimo.

Se sentirá mejor.


domingo, 22 de julio de 2018

UNA POSTURA ACTIVA


Para conseguir nuestro bienestar hay que tomar una postura activa con nuestras propias emociones. Es decir, tenemos que aprender a manejarlas siendo conscientes, primero, de qué estamos sintiendo y por qué nos sentimos así.

Es bastante frecuente que cuando nos sentimos mal muchas veces no sepamos la razón por la que estamos estamos así.

Mucha veces escucho en consulta: “Lo tengo todo, realmente no tengo de qué preocuparme… sin embargo, no me siento bien”.

Pues bien, es fundamental, en primer lugar, ser muy conscientes de que soy yo el primer interesado en estar bien, pero también, y aquí está lo importante, el principal artífice para conseguirlo.

No debemos recurrir, por lo menos en un primer momento, a algo externo y debemos empoderarnos y creer que nuestro bienestar pasa necesariamente por un proceso de autoconocimiento, de reflexión con uno mismo, de introspección para preguntarse, por tanto, qué me pasa, por qué estoy así, y parándome a pensar qué pensamientos acuden a mi cabeza cuando me encuentro mal.

Una vez hecho esto es importante reflexionar acerca de esos pensamientos que estamos pensando, y analizarlos con distancia, es decir: poner el pensamiento en cuarentena y lo más objetivamente posible analizarlo para ver en qué medida lo que pensamos se corresponde con la realidad.

Esto que puede parecer muy simple, no lo es.

El pensamiento negativo está siempre dramatizado, visto en términos de todo o nada, blanco o negro, generalizado de tal manera que un error o inconveniente es visto como un fracaso general que arrasa nuestra vida… estos y otros errores de pensamiento conducen directamente al malestar.

Una vez que hemos detectado estos errores, tendremos que confrontarlos con pensamientos más racionales, más ajustados a la realidad, a mis capacidades y aciertos, a mis fortalezas para situarme en un término en el que la emoción negativa empieza a perder fuerza, como si de un nuevo sendero mental se tratase, en mi mente aparecen pensamientos más ajustados y soluciones a los inconvenientes o problemas que se me presenten.

Mi autoestima se ve reforzada porque soy yo el artífice de este bienestar, y de esa manera controlo mis emociones, haciendo que éstas sean más positivas y me produzcan paz.


domingo, 15 de julio de 2018

NO APURARSE... PARA VIVIR MEJOR


Dicen que la paciencia es una virtud y pienso que así es.

Cuántos sufrimientos nos evitaríamos, sobre todo mentalmente, si fuéramos más pacientes y diéramos un margen a que las cosas ocurriesen no cuando queremos, sino cuando deben ser.

Vamos tan acelerados que queremos tenerlo todo ¡ya!, sin darnos cuenta de que la vida tiene sus ritmos y que en muchas ocasiones no tenemos lo que queremos cuando tanto lo ansiamos, y paradójicamente cuando lo obtenemos, al cabo de un tiempo, no lo valoramos.

Dicen que hay más lágrimas derramadas por las cosas que pedimos y nos son concedidas, que por aquellas que no tenemos.

Esto me hace pensar que quizás eso que queremos o ansiamos que suceda, si lo miramos con paciencia y reflexión, es posible que nos diéramos cuenta de que tampoco era tan necesario o que realmente no iba a ser bueno.

En ocasiones, cuando algo nos sale mal, el paso del tiempo nos hace darnos cuenta de que tampoco fue tan terrible y que de eso también aprendimos o que, incluso, nos vino bien que sucediera.

Mentalmente, la impaciencia provoca mucho desgaste porque rumiamos y rumiamos pensamientos, dándoles vueltas circulares, cuando en realidad no nos conduce a nada más que a generarnos mucha ansiedad.

Por eso, cultivemos mentalmente la paciencia… dejemos que las cosas sigan su curso natural y reflexionemos sobre aquello que ansiamos, pensando en que si llegan, serán bienvenidas, pero si no, toleraremos esa frustración y pacientemente seguiremos adelante.


domingo, 8 de julio de 2018

ANSIEDAD

Fuente de la imagen: Pixabay
Algunas personas suben a Urgencias presas de un ataque de pánico con síntomas muy alarmantes como taquicardias, sudoración, sensación de irrealidad, dolores de cabeza, mareos, sensación de hormigueo y así hasta más de 200 síntomas diferentes, pero, sobre todo, con una gran alarma en forma de pensamientos de miedo intenso, pensando en que les va a dar algo y que están en peligro.

En muchos casos, después de las pruebas pertinentes que llevan a cabo los médicos, les comunican que han tenido una crisis de ansiedad, un ataque de pánico, y les dan un ansiolítico y los mandan a casa.

Sin embargo, el pensar que están en peligro y recordar el malestar tan fuerte y tan real que padecieron les genera una inseguridad muy grande, adentrándose en un círculo negativo del que es difícil salir y que provoca que la ansiedad se mantenga: me siento mal, con síntomas que vienen de manera recurrente, que me hacen pensar que algo malo va a pasar, me da miedo, con lo cual aumentan los síntomas. Al aumentar los síntomas, aumentan los pensamientos y así nos quedamos atrapados en ese círculo negativo del que a veces es difícil salir.

Recordar que la ansiedad es una emoción sana que nos prepara para entrar en acción y que se puede reconducir es fundamental para empezar a abordarla y para acabar con esa sintomatología física y psíquica que tanto malestar causa.

Una de las primeras cosas que hay que pensar es que no va a suceder nada malo, a pesar de lo alarmantes que puedan parecer los síntomas, y que perderle el miedo es el primer paso para controlar esa ansiedad desbocada que tanto nos hace sufrir.

A partir de ahí, el tratamiento de elección incluye estrategias encaminadas a controlar la emoción, los pensamientos y la conducta, ya que estas tres áreas están íntimamente relacionadas. Además, reconducir nuestra mente en estos tres aspectos es fundamental para librarnos de la ansiedad y para que ésta vuelva a ser una emoción que nos proteja, pero no que nos paralice.


domingo, 1 de julio de 2018

NO LLORES PORQUE SE ACABÓ, SONRÍE PORQUE SUCEDIÓ

Con frecuencia nos entristecemos cuando acabamos de hacer algo que nos motivaba y nos llenaba.

En el transcurso de la vida conocemos a personas que desaparecen, fruto de rupturas o simplemente del devenir de los días.

Cuando pensamos en lo que tuvimos, lo que disfrutamos y lo que amamos, y ya se acabó, una honda melancolía se apodera de nosotros, echando de menos aquel tiempo pasado, aquellos años y a aquellas personas de las que tanto disfrutamos y amamos, de todo lo que vivimos entonces.

Mirar al pasado en general nos llena de tristeza, sabiendo que es imposible volver a experimentar aquello; y qué lejanos nos parece que quedan aquellos días.

Sin embargo, la percepción del pasado cambiaría si consideráramos que aquello o aquellos a los que conocimos y se fueron quedando fuera de nuestra vida, han sido parte de nuestro discurrir y de las experiencias con las que se va tejiendo lentamente nuestra vida.

Experiencias y personas que constituyen los mimbres de lo que somos en el presente.

Por eso, hay que impedir anclarse en esa melancolía que cree que todo lo pasado fue mejor que el presente. Aunque es inevitable llorar esas pérdidas, es necesario superarlas, para pensar que lo vivido fue bueno, aunque a veces duro, y que de aquellas experiencias salimos siempre fortalecidos. Puesto que todo cuenta en nuestra vida, personas y situaciones, proyectos inacabados o frustraciones sufridas.

Todo permite aprender y crecer.


domingo, 24 de junio de 2018

MIEDOS


Hace poco escuché que la felicidad, eso que tanto anhelamos los seres humanos, es aprender a vivir sin miedos. Y esto que, dicho así, suena simple y parece fácil, no resulta sin embargo tan sencillo.

Los miedos están presentes en nuestra vida continuamente: miedo a perder lo que tenemos (ya sea una pareja, un trabajo, etc. ), miedo a envejecer, a ser rechazados, a fracasar, a cometer errores, a hacer el ridículo, a tener problemas, a engordar... y así podríamos continuar con una lista casi interminable de situaciones, reales o imaginarias, que nos generan malestar.

¿Cómo podemos combatir estos miedos, para no dejar que nos paralicen y nos impidan vivir?

No hay solución mejor para esto que... ¡enfrentarse a ellos!
Cuando lo hacemos, cuando nos automotivamos, infundiéndonos esperanza y valor, y autoaceptación incondicional, y cuando nos hablamos manejando nuestros pensamientos de manera realista y positiva, ese enfrentamiento que en principio nos había aterrorizado se convierte en un reto, en una posibilidad de crecimiento personal que nos va a fortalecer.

Llevar a cabo las conductas precisas de enfrentamiento a esas situaciones concretas que nos dan miedo, va a ser más fácil si mentalmente trabajamos nuestros pensamientos.

Por eso, ante los miedos cotidianos que asaltan nuestra mente, la mejor manera de librarse de ellos es enfrentarlos, armarse de pensamientos positivos y realistas, y dejar que salgan de nuestra mente para siempre todas aquellas ideas distorsionadas que nos paralizan y nos causan infelicidad.

Porque el miedo, cuando nos enfrentamos a él, generalmente siempre desaparece.



domingo, 17 de junio de 2018

¿QUÉ TE FALTA PARA SER LA PERSONA QUE QUIERES SER?


Después de una larga jornada laboral, E. volvió a su casa derrotada por los inconvenientes del día y cansada físicamente. Como no estaba de humor, picoteó sin control y se metió en la cama sin apenas intercambiar palabras con su familia y pensando que la vida era una gran estafa en la que no había tiempo para nada… para comenzar a la mañana siguiente en esa rutina asfixiante que le hacía pensar que su vida no merecía la pena, envidiando la alegría que los demás tenían o la vida que llevaban.

Después de una larga jornada laboral, M. se cruzó en el ascensor con E. a la que miró de reojo pensando en el buen aspecto que tenía, y en lo alegre y sonriente que parecía estar siempre. Envidiaba a su familia que parecía feliz y echaba de menos no tener una igual, alguien con quien hablar y compartir sus días… no encontrarse solo, como se sentía, porque no había conseguido ese gran amor que E. parecía tener en su pareja.

Ni E. ni M. se paraban a pensar en que, en lugar de mirar al otro envidiando o anhelando la vida perfecta que parece tener, debían hacer el ejercicio de mirarse a ellos mismos para preguntarse qué va mal o qué quieren cambiar si se sienten mal.

Los dos se olvidaban de que tienen  una fuerza poderosa, que es su propia mente y la capacidad por lo tanto de ser lo que se propongan. Esa fuerza poderosa de la mente que tenemos todos los seres humanos.

Dependerá de cada uno el usarla o no. Podemos pensar en que lo tenemos todo y en que valoramos lo que tenemos, para disfrutarlo, o podemos empecinarnos en echar de menos lo que no tenemos, lo que no hemos conseguido o lo que hemos perdido, encasquillándonos en esos pensamientos que conducen directamente al malestar.

No depende de los acontecimientos, sino de la interpretación que hacemos de las cosas que nos suceden, el que nos sintamos mejor o peor.

Por lo tanto, sabido y comprobado que esto es así y que la fuerza reside en nuestra mente y en la actitud que tomamos ante nuestra vida, es fácil llegar a entender que podemos ser lo que queramos ser, disfrutar de lo que tenemos, en un proceso de aceptación de la vida en el que los diversos avatares y frustraciones no son derrotas, sino algo consustancial al hecho de estar vivos.

No depende de la suerte, ni del aspecto, ni de otros factores externos, sino de la fuerza interior que nos da nuestra propia mente que simplemente tenemos que poner a nuestro servicio.


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