ANALITYCS

domingo, 15 de septiembre de 2019

COMUNICARSE MEJOR

Imagen de shell_ghostcage en Pixabay

Comunicarse no es simplemente hablar.

Creemos equivocadamente que las palabras se las lleva el viento y no es así.

En ocasiones se convierten en dardos envenenados que hacen mucho daño y que permanecen en la mente de la persona herida a veces toda la vida.

Comunicarse exige que tengamos al otro en cuenta. Decir o exponer lo que siento o pienso, pero siendo siempre asertivos.

Es decir, no agredir o ponerme a la defensiva, que lleva inevitablemente a que la comunicación se corte.

O permanecer pasivo sin decir nada ante lo que el otro me está diciendo, que conlleva siempre dosis de ansiedad alta porque no nos atrevemos a defender lo que queremos decir con las palabras, generándonos gran frustración y malestar interno.

Para comunicarse bien hay que pensar bien en lo que vamos a decir, y eso supone también pensar en las consecuencias que van a tener mis palabras. Reflexionar y no dejarse llevar por el primer impulso es un ejercicio necesario, que da madurez y consistencia a lo que decimos.

Hay que partir siempre del respeto profundo al otro. De darse cuenta de algo, en principio obvio, pero que se olvida demasiadas veces.

Que el otro, el que está enfrente es un ser humano que libra sus propias batallas, con sus tristezas y problemas y desde ahí, desde ese punto, intentar no ofender, ni herir.

Defender mi postura y explicar mis argumentos partiendo de ese respeto, pero exigiendo también que el otro respete. Es decir, que si yo intento hablar y la otra persona me corta, se burla, pone gestos despectivos, ahí deberíamos cortar la comunicación. Argumentar en ese momento que ante esa falta de respeto no voy a malgastar mi tiempo, ni mis argumentos, en hablar con alguien que no está en el mismo nivel.

Sí, sé que puede parecer presuntuoso, pero es así.

Para que la comunicación sea eficaz, hay que estar en el mismo nivel.

Y no me refiero al nivel intelectual o académico sino simplemente al más básico y sencillo: el del respeto. El de ver al otro como el ser humano que es. Aunque no me guste o no esté de acuerdo con lo que argumenta, que siempre merece la consideración y escucha que todos debemos tener ante un semejante.


domingo, 8 de septiembre de 2019

COMUNICACIÓN Y PAREJA

Imagen de insil Lee en Pixabay

Las películas reflejan el enamoramiento como un estado en el que cualquier cosa que haga o diga la persona objeto de amor es percibido como algo fantástico y único... pero la realidad siempre supera la ficción, y eso que en un principio percibimos cuando estamos enamorados, esa atención selectiva a todo lo positivo, cuando ya pasa un tiempo, se pierde y, con frecuencia, oímos que la rutina mata el amor, que el tiempo quita la pasión...

Pero creo que mucho de lo que ocurre es que dejamos de comunicarnos, de preguntarnos qué tal está nuestra pareja, dejamos de verle o verla, aunque esté bien cerca, dejamos de preocuparnos por él/ella.

Hace poco, en consulta, estuve con una pareja joven que llevaba pocos años conviviendo y, sin embargo, apenas se comunicaban, no se interesaban por las cosas del otro; uno de ellos iba dando muestras inequívocas de que se encontraba mal, pero tampoco eso hacía reaccionar al otro... no era difícil darse cuenta de que el pronóstico iba a ser muy negativo si no empezaban a cambiar las cosas.

Elegimos estar con una persona, compartir nuestra vida y, sin embargo, mostramos poco interés por ella/él, por lo que siente o lo que en ese momento nos demanda. La comunicación es clave en las relaciones interpersonales, y fomentarla y mantener una escucha permanente hacia nuestra pareja no es una tarea ingrata, sino más bien todo lo contrario, ya que proporciona esa complicidad, síntoma y ajuste que vemos en muchas parejas, ese apoyo mutuo que nos hace envidiar lo bien que se llevan otros, cuando en realidad está en nuestra mano cambiar y empezar a comunicarnos.

No es excusa que vivimos acelerados y sin tiempo. Es verdad, pero la comunicación no es estar hablando horas y horas e indagando sobre cuestiones profundísimas; es preguntar, escuchar, comentar, dar afecto y atención y, para eso, no es necesario mucho tiempo... sólo es imprescindible proponérselo y pasar a la acción.


domingo, 1 de septiembre de 2019

APRENDIENDO A SER FELIZ

Imagen de Jill Wellington en Pixabay

Aunque no hay recetas para la felicidad, sí es verdad que mantener ciertas actitudes, y ser conscientes de determinados hábitos de vida y pensamiento que tenemos las personas, nos lleva a ser más o menos felices.

No hay una sola, sino muchas felicidades, y es cada persona la que a lo largo de su vida va construyendo la suya.

Descubrir qué es lo que le hace feliz lleva a ir construyendo la propia felicidad, tarea nada fácil porque pensamos que es algo que viene dado de fuera, a veces poseyendo cosas o estando rodeado de determinadas circunstancia que se anhelan cuando no se tienen y depositando en ellas la consecución dela felicidad.

Aunque, como decimos, no hay recetas, sí que determinadas actitudes y pensamientos nos conducen por el sendero de la felicidad. En mi opinión, algunas de éstas son:

- Asumir lo malo de nuestra existencia, aquello que no tenemos o que nos fue arrebatado. Asumir las tragedias de la vida y los sinsabores. No es encerrarse en el dolor sino ser capaz de, a pesar de él, seguir adelante.

- Disfrutar y valorar todo lo bueno que tenemos. No esperar a perderlo para echarlo de menos y lamentarnos. Disfrutar cada día de las personas a las que queremos, de la cosas cotidianas normales que constituyen los pequeños placeres.

- Vivir con compasión por el otro y pensar que es mejor que nos engañen una, dos o tres veces o que nos tomen el pelo, a vivir siempre con desconfianza y amargura hacia el otro. Cada ser humano libra diariamente sus propias batallas. Nada fáciles, porque la vida no es justa. Acordarse de eso ayuda a respetar al prójimo.

- Buscar en los demás más lo que nos une que lo que nos separa. Ceder, pero también ser firmes en nuestros valores y convicciones.

- Creer siempre en el bien, en el amor. Preocuparse por ser generosos y amar. No ser egoístas.

- Vivir el hoy sin temor al futuro. Lo que tenga que ser, será inevitablemente, luego por qué anticipar desgracias que igual nunca ocurren o vivir atrapados en miedos anticipatorios que nos quitan el bienestar del presente.

- Revisar nuestra escala de valores, ser flexibles y tolerantes. No criticar.

- Perdonar y ser agradecido. La paz interior va muy unida a estos dos conceptos.

- Sonreír y ser amable. Las tristezas ya llegan en la vida sin que queramos, luego cuando éstas no estén, esforzarse por mostrar la cara amable que todos tenemos.

- Pensar en que cuando yo ya no esté,  qué legado dejaré, a los míos y a este mundo, en mi paso por él.

www.diazbada.com

domingo, 25 de agosto de 2019

VOLVER A EMPEZAR

Imagen de Johannes Plenio en Pixabay

Las rupturas amorosas sumen a las personas en muchos pensamientos negativos acerca de su propia valía.

Es frecuente pensar que uno no ha sido lo suficientemente valioso, o inteligente, o atractivo, para mantener a la persona amada al lado.
El abatimiento y la tristeza se apoderan de la mente del que sufre la pérdida.

La amargura y tristeza es tan grande que aunque sabemos que un amor deja paso a otro, que nadie es imprescindible y que de la misma manera que se enamoró una vez puede hacerlo varias veces a lo largo de la vida, estos argumentos no consuelan a la persona que sufre por sentirse abandonada o traicionada.

Mantener la esperanza y centrarse en uno mismo es el primer paso para superar el desamor. Pensar que no son carencias que uno tenga, sino simplemente que la relación interpersonal acaba por falta de compromiso del otro, por problemas de convivencia que matan poco a poco el amor o simplemente por dejadez. Porque el amor hay que cuidarlo.

La atención al otro, la comunicación, el intentar cada día hacer feliz al otro, son elementos claves de una buena relación de pareja.

Pero todo tiene que partir del compromiso profundo y sincero de estar con el otro y de ser honesto y sincero.

Si, a pesar de todo esto, el amor se apaga, siempre hay que continuar adelante y pensar que la vida, siempre generosa, nos pondrá en el camino a otra persona con la que nuestro corazón roto, pero también más fuerte tras el desamor, volverá a ilusionarse y sonreír.


domingo, 28 de julio de 2019

AUTOESTIMA

Imagen de Free-Photos en Pixabay

Hay personas especialmente críticas que pasan gran parte de su vida fijándose en los errores de los demás. Son personas con un carácter agrio, negativo, que en sus comentarios y también en sus gestos denotan una amargura a veces profunda.

Generalmente, cuando estamos con ellas nos provocan malestar, porque su actitud es la queja continua, la crítica injustificada, nunca parecen estar contentos.

Son personas que parece que se nutren viendo los errores e imperfecciones de los demás. Y realmente es así: lo que va mal a los otros, les hace sentirse a ellos mejores, por encima de los demás, sintiéndose mejor que el otro.

Aparentan una compasión y empatía que no sienten y aunque verbalmente añadan supuestas palabras de entendimiento y apoyo, se sienten por encima de los demás, como si las personas que han sufrido una desgracia o se encuentran en un momento delicado de su vida, merecieran los infortunios que ellos nunca padecen, por su buen hacer y su, supuesta, rectitud y acierto a la hora de llevar su vida.

Este tipo de personas necesitan para sobrevivir emocionalmente de las desgracias ajenas, porque viéndolas sienten que son superiores y creen que como a ellos no les ocurren, eso es indicativo de su superioridad.

Son personas que, a pesar de esa seguridad y confianza en sí mismos, de la que alardean, tienen una autoestima endeble y vacía.

Buscar el reconocimiento propio destacando los errores de los demás, es tan nocivo como falso. 

Porque el verdadero reconocimiento y la verdadera autoestima, la sana, es la que nace siempre de la empatía con el otro, de saberse humano y por lo tanto falible, y de considerar al otro como alguien que, como uno mismo, lucha cada día por sobrevivir y salir adelante.

Esa creencia que se enraíza en valores éticos profundos, es una de las claves de la buena autoestima.

Una autoestima sincera que se solidariza profundamente con cualquier ser humano.

Una autoestima que nos dice que los errores nos hacen fuertes, más sabios y, sobre todo, mejores personas.


domingo, 21 de julio de 2019

NUNCA PERMITIR UN MALTRATO EN PAREJA

Imagen de _Alicja_ en Pixabay

Hay personas que siguen en una relación de pareja tóxica esperando que finalmente quien ejerce el maltrato deje de hacerlo.

La posibilidad de experimentar la pérdida de aquel que fue amado se convierte en un miedo profundo y se permiten en muchas ocasiones situaciones que en modo alguno se soportarían en otras relaciones interpersonales.

Parece que cuesta creer que sea capaz de hacer tanto daño la persona a la que un día tanto se quiso. Y eso hace que por dependencia de la relación, miedo a estar solo o creencia equivocada en un cambio que nunca llega, se continúe soportando un maltrato. Un amor tóxico. Con gestos feos, humillaciones o faltas de respeto que conducen inevitablemente a la pérdida de autoestima. Hasta que puede llegar un momento de destrucción en el que la persona ya no sea capaz de defenderse y soporta lo que sea con tal de estar al lado de la persona a la que ama, pero que le agrede.

Hay que tener en cuenta que las relaciones interpersonales siempre deben basarse en el respeto y que éste debe a su vez apoyarse en la comunicación y en la confianza. De tal manera que si uno insulta, humilla, ningunea, la pareja debe empezar a cuestionarse si es querida realmente. El agresor dice que sí, pero sus hechos demuestren todo lo contrario. Y, por ello, alargar ese dolor, inevitablemente conduce a la destrucción de uno mismo y siempre acabará en la separación de la pareja que por su toxicidad nunca será capaz de amarle como merece.



domingo, 14 de julio de 2019

¿POR QUÉ NO ME VALORO?


Imagen de Pexels en Pixabay

Siempre se fijaba en las otras, admirando virtudes que ella creía nunca iba a tener.

Admiraba la soltura, simpatía y atractivo que los demás tenían, creyéndose ella incapaz de llegar nunca a esos estándares de perfección.

Continuamente, cuando salía con sus amigos, sabía que iba a sufrir porque se sentía pequeña. Poco atractiva, mal vestida y, en general, poco interesante. Se sentía la única persona en el mundo que no valía para nada o casi nada. De nada valían sus adecuadas calificaciones en el colegio, ni su educación y amabilidad. En realidad, consideraba que era trasparente y nadie se fijaba en ella. No se daba cuenta de que en su cuadrilla, otra de sus amigas pensaba exactamente de sí misma lo que ella pensaba acerca de sí. También se sentía pequeña, trasparente, que nadie se fijaba en ella y que no era merecedora de amor, ni de atención…

En realidad, quién no se ha sentido así alguna vez. En la adolescencia, es muy frecuente sentirse un patito feo y estar continuamente comparándose con los demás, a los que se ve siempre más resueltos y agradables.

A veces, ese tipo de pensamientos se enrocan en nuestra mente y duran toda la vida y uno llega a la edad adulta pensando en las desventajas que tiene con respecto a los demás.

Desventajas que no han existido nunca, más que en la propia mente, que cayendo en la autocompasión, se ha negado a valorarse y a verse realmente como uno es. Verse como un ser humano único e irrepetible. Y, por lo tanto, siempre valioso.

Si pudiésemos enfocar nuestra mente para valorarnos y aceptarnos desde niños, nos habríamos liberado de muchos sufrimientos. Porque la única comparación valida en esta vida es con uno mismo. Las demás son absurdas. Uno con uno mismo caminará toda la vida.

Por eso, anularse con comparaciones absurdas no conduce más que a un callejón sin salida, donde el que más sufre es uno mismo sin razón ninguna para ese sufrimiento.


domingo, 7 de julio de 2019

EL DOLOR QUE NOS UNE

Imagen de pixel2013 en Pixabay
Me cruzo con personas desconocidas a las que observo sus gestos y su rostro. En ellos parecen reflejar sus dolores y tristezas, el paso de la vida y el peso de la misma.

Pienso en su sufrimiento, en sus esperanzas inalcanzadas, en sus sueños que no se han podido realizar. Sinsabores diferentes y tragedias que pesan y que con el paso de los años, según se va acercando el final de la vida, pesan más.

Cada persona con la que me cruzo sé que libra sus propias batallas, que tiene su pasado de dolor y lágrimas, y que sus tristezas y pesares son las tristezas y pesares que acompañan al ser humano desde hace siglos.

En eso apenas hemos cambiado. Las lágrimas de ahora son las lágrimas del pasado. El dolor por las ausencias, por los sufrimientos e injusticias padecidos, son dolores parecidos, sino iguales, a los del pasado.

Por eso, creo que el dolor nos une. Debe unirnos.

Cuando vemos al otro como ser que sufre, que a pesar de las apariencias hay en él ese sufrimiento vital que acompaña a todas las vidas, debemos establecer una corriente de empatía hacia el prójimo.

Debemos verlo como alguien que libra día a día las mismas batallas que yo, que tiene sus frustraciones y pesares y que lucha por sobrevivir. Lo cual muchas veces no es nada fácil.

Solamente así, viendo en el otro lo que hay de mí, conseguimos empatizar y desarrollar la compasión y considerar la vida como un camino en el que nunca estamos solos.


domingo, 30 de junio de 2019

DE LO QUE ESTÁ HECHA LA FELICIDAD

Hoy en día tenemos consejos para todo: cómo comer mejor, qué hacer en cinco pasos para adelgazar o engordar, qué debemos pensar o qué actitudes tomar para sentirnos mejor y mejorar así nuestra autoestima... Pero la información es muchas veces contradictoria y lo que nos aconsejan unos, otros nos lo desaconsejan.

De esa manera estamos con frecuencia muy pendientes de lo externo para ver qué es lo mejor que podemos hacer o pensar para ser felices. Todo tiene que venir de fuera y cada cual parece tener su receta mágica.

La realidad es mucho más sencilla y está al alcance de todos.

La felicidad, en realidad, no depende de lo externo. Eso ya lo sabemos, me dirán, pero, ¿cómo hacer para sentirse bien?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de que la felicidad, entendiendo por ella ese estado de paz interior y serenidad que todos anhelamos, no depende de la realidad que nos toca vivir sino de la interpretación que hacemos de ella.

Por eso, los elementos que a alguien le proporcionan esa serenidad buscada, para otras personas son insuficientes o distintos.

Encontrar un sentido a la vida es a veces complicado. La vida no es justa ni tampoco es fácil. Intentar encontrar sentido a lo que hago y ser capaz de modificar el rumbo de mi vida si no me satisface requiere valor. Por eso, la felicidad está al alcance de todos. Simplemente, hay que atreverse a cambiar. Ese cambio mental profundo que nos lleva a agradecer y a apreciar lo que tenemos; a disfrutar del afecto de las personas a las que queremos y a recordar a las que se fueron y el legado afectivo que nos dejaron.

www.diazbada.com

domingo, 23 de junio de 2019

VIVIR EN PAREJA

Imagen de Pezibear en Pixabay
Si pudiéramos decir cuáles son los ingredientes necesarios para llevar una buena vida en pareja podríamos decir que son tres: hacer equipo, comunicación y aceptación.

Y esto, ¿cómo se lleva a la práctica, al día a día?

Primero, hay que tener presente que la persona con la que he decidido compartir mi vida debe ser prioritaria también en ese día a día. No es infrecuente actualmente ver a parejas que prácticamente entre semana no están juntas más que por la noche después de una jornada laboral en que se llega a casa cansado y sin ganas de nada más que de cenar y acostarse, con lo que se descuida el interés y la comunicación con el otro/a.

O también es frecuente ver a personas que, aún habiendo decidido compartir su vida con alguien, siguen con sus prioridades de cuando estaban solos/as y su pareja queda relegada a un último lugar.

Estas dos situaciones van creando poco a poco muchas lagunas afectivas y de comunicación, de tal manera que a veces nos encontramos con parejas que realmente podrían ser simplemente compañeros de piso que comparten gastos, porque tienen vidas tan independientes o faltas de comunicación entre ellos que han ido perdiendo aquello por lo que decidieron emparejarse, que era pasar el máximo tiempo juntos.

Es fundamental prestar a la pareja la atención suficiente, lo que significa también escucharla, estar pendiente de sus necesidades emocionales y apoyarla.

Reconocer los fallos de la persona con la que convivimos no debe convertirse en motivo de sarcasmo o reproche, ni en pareja y mucho menos delante de amigos o familiares, sino que debería servirnos para ser conscientes de que nosotros tenemos exactamente los mismos u otros fallos que a nuestra pareja pueden molestar también, pero tenemos muchas virtudes, aciertos o comportamientos que nos gustan de aquella persona con la que hemos decidido compartir nuestros días.


Hacer equipo significa estar al lado de esa persona incondicionalmente, facilitándole la vida, escuchándole y aceptándole tal y como es.

En un buen equipo siempre se cede, con lo que ceder será algo indispensable para que el equipo funcione.

Si en una pareja entra la rivalidad y la lucha por el poder, tendremos que empezar a plantearnos por qué nos hemos emparejado, porque no ceder, querer tener siempre la razón y por lo tanto tener yo el poder, conducirá a que la pareja fracase.

Todo lo que uno haga para que la otra persona sea feliz provoca una corriente de reciprocidad; mis pensamientos tienen que ir encaminados en esta dirección: hacer feliz a la persona con la que convivo no me convierte en esclavo de la misma sino que provoca una corriente de bienestar, comunicación y complicidad.

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