ANALITYCS

domingo, 5 de abril de 2020

TIEMPO DE INCERTIDUMBRE


“Esforzarse para que el recuerdo de los que perdimos se vuelva apacible y alegre “ (Seneca)

Imagen de Beth Thomas en Pixabay

Tantas personas que están falleciendo en el mundo víctimas del coronavirus.

La pandemia se ha convertido en una amenaza tan real que ni en nuestros peores sueños podríamos haber imaginado que esto iba a suceder.

Y sin embargo, así es.

Todo el mundo está inmerso en una pandemia que asuela vidas, que causa tristeza y angustia, temor a enfermar, y un miedo real ante la incertidumbre de lo que puede ocurrir con nuestra salud y de las personas que están más cerca.

Ha ocurrido lo que el ser humano lleva temiendo desde el comienzo de la Humanidad: la incertidumbre, la falta de control sobre lo que sucede en su vida.

Esto provoca no pocos ataques de pánico y ansiedad.

Sin embargo, es necesario asumir que no lo controlamos todo y que dentro de lo malo hay que aceptar la situación que nos toca vivir, porque aceptarla supone hacerse con ella, generarse cierto control y calma, y así poder afrontar los días que tenemos por delante, todavía inciertos, con más confianza.

Por eso, al leer la frase con la que encabezo este escrito, pienso en todas las personas que han fallecido y pienso en lo que ocurre siempre con la muerte. Que está ahí, que no sabemos cuándo nos tocará y que, por lo tanto, es preciso que cada minuto de la vida la vivamos intensamente, disfrutando de lo que tenemos: de la salud, de las personas a las que queremos, de los buenos momentos…

Debemos dejar partir a los que mueren, con la pena profunda de su ausencia, pero consiguiendo que su recuerdo nos acompañe y suavice la tristeza.

Revivamos los buenos momentos compartidos, las enseñanzas aprendidas y consigamos así la serenidad y calma que es necesaria para seguir viviendo.


miércoles, 1 de abril de 2020

¿VOLVEREMOS A SER LOS DE ANTES O APRENDEREMOS LA LECCIÓN?

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

El coronavirus pasará, pero usted volverá a ser el de antes si no aprovecha la lección que nos está dando a todos la vida con esta pandemia.

El ser humano siempre tiene capacidad de sorprender y en los momentos más difíciles es cuando surge lo peor y lo mejor de cada uno de nosotros.

La historia nos ha mostrado cómo en otros difíciles momentos, ya sean pandemias, situaciones de guerra, conflictos terroristas u otras situaciones… ha habido siempre gente heroica y generosa, buena por naturaleza, que en esas difíciles situaciones exhibieron un comportamiento generoso, amable y respetuoso con el prójimo.

Frente a este tipo de personas están las que nunca han tenido esa solidaridad y generosidad, pero es que, además, ante la presión que supone un tiempo excepcional, dejan florecer lo peor del ser humano: la envidia, la falta de civismo, el engaño… Y esto ha sido siempre así; podemos decir que es consustancial al ser humano desde el comienzo de la humanidad.

Hay quien cree que el hombre es un lobo para el hombre. Otros, sin embargo, creemos que el hombre es un ser humano exactamente igual al que tenemos enfrente y con el que nos cruzamos día tras día; es decir, alguien que lucha diariamente en miles de batallas, que intenta sobrevivir y ocuparse de los suyos, y que quiere ser feliz.

Por ello, ante tanta información como nos rodea, a veces incluso histérica, ante tanto mensaje demagogo y ante tanto sufrimiento real de muchas personas, intente conectar con sus valores más íntimos e intente cambiar realmente lo que usted mejor que nadie sabe que tiene que cambiar. Aproveche la ocasión para ser mejor persona, para tener compasión con el otro, para mostrar civismo en cada acto de su vida (no solo ahora con la pandemia de coronavirus, sino siempre).

Modifique lo que de verdad hay que modificar: hábitos de higiene, civismo y actitud hacia el otro.

Solo así mejorarán las cosas.

Porque el virus pasará, pero usted volverá a ser el de antes si no aprovecha la lección que nos está dando a todos la vida con esta pandemia.


domingo, 29 de marzo de 2020

LA PERSPECTIVA ADECUADA

Imagen de analogicus en Pixabay


Con mucha frecuencia añadimos dramatismo a las cosas cotidianas que tenemos que enfrentar. Cuando estamos pendientes de algo que es importante, nos imaginamos todo tipo de dificultades o supuestos ridículos que podríamos hacer.

Pensar de esa manera nos lleva inmediatamente a posicionarnos en una espiral de ansiedad y nervios, en la que rumiamos y rumiamos los pensamientos catastrofistas, viéndonos enfrentar los problemas… y no sabiendo cómo resolverlos.

Concentrarnos en las soluciones, en vez de en los problemas que nos van surgiendo, nos proporciona inmediatamente más herramientas, primero para resolverlos, pero, además, y lo que es más importante, para tener una postura activa y desdramatizadora.

Pase lo que pase, no es el fin del mundo.

Pensar de esta manera no hace que nos tomemos la vida de forma frívola y nos volvamos unos incompetentes, sino que nos hace tomar perspectiva de que, en realidad, lo realmente importante es estar bien e ir capeando los temporales que se van presentando lo mejor que podemos.

Pensar de esta manera hace que pongamos en marcha más recursos y, además, que aumente nuestra motivación.

Por lo tanto, no lo olvide, ante cualquier situación, por preocupante que ésta sea, tome la perspectiva adecuada, intente centrarse en la solución más que en el problema en sí, y verá cómo resuelve lo que tiene que resolver de mejor manera, y, además, sobre todo, se sentirá mejor.

Actuar de esta manera y, sobre todo, acostumbrarse a pensar así, hace que desaparezca la culpa, aumente la creatividad y mejore el estado de ánimo. No es algo que salga automáticamente, debe entrenarlo hasta conseguir que forme parte de su repertorio de conductas y, entonces sí, salga de manera natural.


domingo, 22 de marzo de 2020

CONTROLAR LA ANSIEDAD EN TIEMPOS DE MIEDO


Dicen que lo que no nos mata… nos fortalece.

En tiempos de crisis, de dudas e incertidumbre, mantener la ansiedad a raya es fundamental para sentirse bien.

Una de las principales cosas que tiene la ansiedad es la anticipación negativa. De esa manera, si dejamos que la mente empiece a desbocarse es bastante frecuente que los pensamientos más negros empiecen a aparecer en ella, anticipándonos catástrofes tremendas y el peor de todos los escenarios. Así, en cuestión de segundos, nuestra mente ya imagina lo peor y nuestro sistema nervioso central empieza a funcionar encendiéndose señales de alarma y empezando a notar una serie de síntomas físicos y cognitivos que nos sumen en la desesperación. Pero esa desesperación la ha creado nuestra propia mente, anticipando una serie de desdichas que de momento no han ocurrido.

La ansiedad hace su aparición como si fuera la peor de las pesadillas y nos deja agotados física y emocionalmente, y lo que es peor, con la sensación de que no podemos hacer nada para controlar semejantes catástrofes que se avecinan.

Les recomiendo las siguientes pautas para mantener a raya su mente y, por lo tanto, controlar la ansiedad.

1- ¡Pare! En cuanto empiece a anticipar, pellízquese o dé una palmada…pero detenga su mente. Recuerde que ese es el camino equivocado y conduce a un callejón sin salida.

2- ¡Respire! Inhale y exhale aire… llene bien sus pulmones, levante los brazos por encima de su cabeza, así sentirá mejor el aire que toma y que luego expulsa.

3- Piense bien. Introduzca en su mente pensamientos realistas: Cien por cien verdad. Huya de pensamientos buenistas y bobalicones… no valen para nada. Tampoco los catastrofistas. Ambos son falsos. Transmítase pensamientos veraces, realistas, ciertos. Los que de verdad valen y hacen que su mente se detenga.

4- ¡Distráigase! Cante, ordene, lea o baile, pero no deje que su mente vaya a su aire. Recuerde que usted maneja su mente: oblíguela a pensar lo que de verdad tiene que pensar y no deje que pulule sola.

Además, fíjese en todo lo bueno de lo que dispone y muéstrese agradecido a la vida.

Recordar lo que se tiene, ayuda a centrarse y a desdramatizar.


domingo, 15 de marzo de 2020

MANTENER LA CALMA Y LA CONFIANZA

Imagen de Pete Linforth en Pixabay

En estos momentos de incertidumbre, más que nunca hay que mantener la calma. Hay que evitar pensamientos anticipatorios negativos que nos asusten y que lleven a generarnos una ansiedad innecesaria y un malestar que no se corresponda con la realidad. Además, tomemos esta situación como una buena oportunidad para desarrollar la empatía y la solidaridad con el otro. Seamos realistas y evitemos caer en presagios catastrofistas y dramáticos.

La situación es grave, pero la voluntad de enfrentarla siguiendo las recomendaciones oportunas y tomando las cosas con calma son fundamentales para no perder la esperanza y salir fortalecidos. Piense en que toda pasa. Y esto también pasará. Con calma, hay que aceptar aquello que no se puede cambiar y cambiar lo que sí se puede.

Es decir, por mucho que nos incomode, moleste y preocupe, la situación es la que es, así que no gaste energía en lamentarse y adáptese. Esa adaptación le hará sentirse mejor.

No dramatice ni se anticipe con imágenes o pensamientos terribles.

Quédese en la realidad en la que está, aquí y ahora, y evite irse mentalmente a catástrofes que no sabemos si pasarán.

Aproveche para mostrarse solidario con los demás.

Todos, en general, podemos estar asustados, pero mantener la calma en estos momentos difíciles y apoyar a los que están solos es una buena oportunidad para sentirse bien.





domingo, 8 de marzo de 2020

TODO LLEVA SU TIEMPO

Imagen de Kranich17 en Pixabay

Tenemos poca paciencia.

Queremos todo casi de manera inmediata y sufrimos muchas veces de impaciencia: en el trabajo, en las relaciones, ante respuestas que esperamos y creemos que serán determinantes de nuestra felicidad.

Olvidamos que todo lleva su tiempo.

Lleva su tiempo conocerse a uno mismo y ser sincero consigo mismo, admitiéndose humano y por lo tanto falible, que cometemos errores y que precisamente cometerlos nos hace más conocedores de nosotros mismos. Porque en la desazón y el malestar, también aprendemos de nosotros mismos.

Somos impacientes en las relaciones interpersonales, queriendo enseguida que el otro nos responda o esperando del otro algo que si no recibimos, nos causa malestar.

Somos impacientes ante cambios de rutina, imprevistos o negativas, anticipándonos a veces con dosis de ansiedad que solamente nos creamos nosotros en nuestra mente.

Muy pocas cosas se consiguen de la noche a la mañana.

La vida se hace poco a poco. Todo es un proceso.

Un proceso en el que cada día es una enseñanza. Cada día es una lección en la que podemos aprender y mejorar. Solamente hay que estar atentos e intentar sacar lo bueno, lo aprendido. Dándonos cuenta también de aquello que probablemente llegue, pero pacientemente esperándolo como esperamos que cada día sea mejor que el anterior.


domingo, 1 de marzo de 2020

CONTROL DE LA ANSIEDAD

Imagen de Roger Mosley en Pixabay

Cuando padecemos ansiedad, nuestro cuerpo y nuestra mente viven el día a día atrapados en un malestar continuo.

Notamos una sintomatología física que nos pone en tensión continuamente, temiendo que suceda lo peor: nuestro corazón se acelera con taquicardias, temblamos o notamos un malestar generalizado, sensaciones de despersonalización, como si nuestro cuerpo fuera algo ajeno a nosotros mismos… y así una serie de muchos síntomas que nos hacen sufrir.

Como estamos asustados, pensando en que nos va a ocurrir algo terrible, no dejamos de auto-observarnos y de estar pendientes de nosotros, y cada pequeño cambio corporal es interpretado como algo alarmante que presagia algo todavía peor.

Nuestro sueño se altera, perdemos el apetito y nuestra vida se ensombrece.

Cada día es una lucha por enfrentar las horas y los minutos. Nuestros pensamientos se cierran en un círculo de reproches y de dudas hacia nosotros mismos, hacia nuestra capacidad de poder salir y coger las riendas de nuestra vida.

Perdemos confianza en nosotros mismos, consideramos que somos débiles e incluso que vamos a caer en la locura.

Nada de esto sucede. El círculo de la ansiedad se puede romper y salir de él.

No es fácil, pero con tesón y práctica se consigue eliminar toda la sintomatología física y psicológica para volver a recuperar el bienestar.

Así, será importante seguir estas pautas:

* No tener miedo. Por muy mal que se sienta, no va a suceder nada malo. En el momento en que se calme y sea capaz de darse cuenta de que puede y que va a enfrentarse a la ansiedad, empezará a salir de ella.

* Deje de auto-observarse. Cuando más lo haga, peor se sentirá. La auto-observación aumenta los síntomas y refuerza los pensamientos de que algo terrible está sucediendo.

* Hágase amigo de la ansiedad. Siéntela a su lado, y dígale que no le tiene miedo, que es desagradable y pesada, pero que no le va a hacer caso. Es en ese momento cuando notará que empiezan a disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas.

* Vuelva a valorarse y a considerarse una persona sana, equilibrada y capaz. Simplemente, está pasando un bache. Eso no le convierte en alguien incapaz. Así que deje de auto-compadecerse y de quedarse atrapado en la observación de sus síntomas y póngase a combatir la ansiedad.

* Vuelva a sus rutinas diarias. No deje de hacer cosas por miedo o pensando en que se pondrá peor. La anticipación es lo peor para usted y lo mejor para seguir estando ansioso.

* Considere esta etapa de su vida, como una buena fase para aprender más de sí mismo y poder confiar más en usted. No se culpe.

* Cuanto menos miedo tenga a los síntomas, menos los notará y acabaran desapareciendo. Ya sé que es difícil. Pero nadie ha perdido el control o la cabeza por los síntomas de la ansiedad. Acéptelos y déjelos estar ahí, pero sin que le impidan llevar a cabo sus rutinas y quehaceres diarios.

* Valore cada pequeño paso que dé. Recuerde que los grandes cambios, empiezan siempre con pasos pequeños.



domingo, 23 de febrero de 2020

DESAHOGO EMOCIONAL

Imagen de JuergenPM en Pixabay

Hay personas a las que les cuesta mucho expresar lo que sienten. Viven atrapadas en su interior en tormentas de emociones y sentimientos que no son capaces de manifestar, ni física ni verbalmente. A veces, por miedo al rechazo o por vergüenza, al sentirse expuestos ante el otro y con miedos absurdos, como hacer el ridículo o que se rían de él.

Expresar las emociones supone siempre un desahogo y ayuda a conectar con el otro. Parece que lo que no se nombra, no existe y así algunas personas parecen frías y distantes. Sin embargo, internamente sufren mucho y experimentan ansiedad ante la incapacidad de decir lo que sienten.

A poco que intenten expresar lo que están pensando, lo que sienten sobre tal o cual situación, sienten una liberación y un bienestar que de otra manera es difícil de conseguir.

Hay que atreverse a expresar lo que cada uno siente, sabiendo que el otro podrá estar o no de acuerdo o parecerle bien o no lo que decimos, pero que hacerlo supone un ejercicio de desahogo y de humanidad que todos deberíamos creer que tenemos derecho a hacer y, por lo tanto, atrevernos a dar el paso y hacerlo.

No hay que confundir la timidez con el hecho de no expresar lo que sentimos. La persona tímida es contenida en sus manifestaciones emocionales, pero es capaz de expresarlas.

La persona que teme expresarlas por miedo al rechazo o por vergüenza, es la que sufre porque no se ve con derecho a hacerlo, porque teme el ridículo cuando realmente expresar lo que sentimos nos hace más humanos y nos conecta con el otro siempre.


domingo, 16 de febrero de 2020

UN CAMBIO DE ACTITUD

Imagen de Larisa Koshkina en Pixabay

Con frecuencia nos enfadamos con el mundo al fijarnos en todos los inconvenientes diarios con los que nos topamos: el autobús se retrasa, la gente es hosca y maleducada, no funciona tal aparato en la oficina… eso nos hace ponernos de mal humor y casi sin darnos cuenta también nosotros nos mostramos duros y antipáticos ante los demás.

Nos quejamos de cómo es la gente, de lo mal que van las cosas, de tal compañero de oficina que nos trata mal… casi sin darnos cuenta de que muchas veces, nosotros también hacemos lo mismo.

Proponerse cambiar de actitud es fundamental para dejar de sufrir.

No se trata de ser “superpositivo”, como dicen ahora, y mostrarse conformes con todo lo que sucede. El cambio es más profundo, ya que pasa por tener una actitud serena ante todos y cada uno de los acontecimientos diarios y de todas y cada una de las personas con las que nos topamos.

Supone tener una actitud positiva para, partiendo de una confianza profunda en uno mismo, tratar a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros.

Supone cambiar la actitud y llevar encima una actitud tranquila, sin agobiarse innecesariamente por aquellas circunstancias que se nos presentan y que no podemos cambiar.

Aceptarlas y adaptarse a ellas, es lo mejor para encontrarse bien y seguir viviendo con serenidad.



domingo, 9 de febrero de 2020

DESDRAMATIZAR


Anticiparse mentalmente a problemas supuestos que nos pueden suceder, y dramatizarlos, conduce inevitablemente a sentir ansiedad. De hecho, de todos los errores de pensamiento que cometemos las personas mentalmente, uno de los peores es la dramatización.

Puede que hayamos tenido un problema o que tengamos que enfrentarnos a una situación difícil, pero es el nivel de dramatización que desarrollamos, es decir la actitud más o menos tremendista que tomamos ante una determinada circunstancia, la que va a hacer que nos generemos una serenidad necesaria para resolver el problema o una ansiedad que nos desborda y paraliza, impidiéndonos resolver y actuar.

Dramatizamos en exceso, por ejemplo, cuando pensamos constantemente que los otros están pensando mal de mí, también cuando anticipamos que tal o cual reunión será terrible y nos veremos superados por ella; dramatizamos cuando vamos conduciendo y ante la inhabilidad de otro, empezamos a vociferar en el coche y a gritar como si se tratara de un asunto de vida o muerte. Dramatizamos también cuando el médico nos dice que nos va a hacer unas pruebas e inmediatamente pensamos que tenemos una enfermedad de la que moriremos casi instantáneamente, a pesar de que no tenemos todavía ningún diagnóstico.

Y así nos acostumbramos a hábitos de pensamiento tremendamente negativos que nos quitan mucha tranquilidad en nuestro día a día.

Pensar mal genera sufrimiento y, además, pocas veces se acierta. Cuántas veces hemos temido cosas que nunca han sucedido.

Pasarse la vida anticipando negativamente, y dramatizando, nos resta bienestar diario y nos genera un poso interior de ansiedad e insatisfacción, en el que los días se tornan grises y la vida se vuelve opaca, malviviendo no pocas veces.


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