ANALITYCS

domingo, 19 de noviembre de 2017

ROMPER CLICHÉS


Estamos acostumbrados a pensar siempre de la misma manera. 

Nuestras ideas van construyendo en nuestra mente creencias que damos como ciertas y que conforman nuestra manera de reaccionar en nuestra vida.

Muchas de estas creencias son irracionales, y a pesar de causarnos infelicidad, es difícil acabar con ellas. Es como si nuestra mente se hubiera acostumbrado a pensar así y es difícil intentar hacerlo de otra manera. Sin embargo, cuando rompemos nuestra manera tradicional de pensar entramos en un nuevo camino en el que nos aguarda siempre un mayor bienestar.

Haga la prueba de empezar a pensar de manera diferente a como siempre había pensado, con respecto por ejemplo, a las relaciones interpersonales.

Empiece por, en vez de aceptar a pie juntillas lo que su mente le dice, cambiarlo por otro razonamiento. Observe lo que sucede en usted mismo.

¿Por qué estar pensando y dando vueltas a la idea de que necesito la aprobación de los demás para sentirme bien?

Si estoy sintiéndome mal porque en una reunión social he visto una mala cara o una mala contestación,  ¿por qué pensar que caigo mal o que se debe a que no valgo, o a que he hecho lago mal? ¿Y si pienso que la otra apersona tiene simplemente un mal día o que no acertó a expresar lo que quería?

¿Y si en vez de todo eso, me preocupo de hablar con otras personas y pasar un rato agradable obviando a aquel que no me gusta?

Pruebe a cambiar su habitual manera de pensar o razonar, no se deje arrastrar por lo que parece que ya está establecido en su mente y atrévase a dar un giro y pensar de otra manera.

Comprobará que su malestar desaparece y que se centra en lo verdaderamente importante, que es usted.


domingo, 12 de noviembre de 2017

DEPENDENCIA AFECTIVA


La dependía afectiva es el conjunto de pensamientos, sentimientos y conductas que hace que la autoestima de quien la padece dependa siempre del exterior.

Las personas dependientes afectivamente hablando son personas que sufren porque su valía depende siempre de lo externo, en vez de confiar en sí mismos.

Son personas en las que la inseguridad les hace estar permanentemente pendientes de la validación externa, de qué pensarán los demás sobre ellos.

Se siente permanentemente evaluados y preocupados porque igual no dan la talla.

Temen mucho la soledad, y esto muchas veces les lleva a culparse creyéndose responsables siempre cuando no obtienen el afecto o reconocimiento que esperaban.

Suelen ser personas sumisas que son blanco fácil del maltrato, porque es el afecto y el sentirse elegidas lo que les lleva a claudicar y soportar, en ocasiones, todo tipo de humillaciones o conductas que atentan contra su bienestar.

En ocasiones, en vez de sumisas son agresivas, porque interiormente sienten que tienen que defenderse continuamente también por miedo al rechazo, estando siempre a la defensiva.

La persona dependiente cede el control de su propio bienestar a los demás. No es que sea influenciable, es que ni se siente capaz de decidir o hacer si no es dependiendo del criterio del otro. De esta manera, la persona dependiente hará lo que el otro quiera con tal de no perder su atención, irá perdiendo el control sobre sí misma, ante el miedo a la soledad o el rechazo.

¿Qué hacer para dejar de ser una persona dependiente?

Lo primero es superar el miedo. El miedo a estar solo, a decidir por propia cuenta, a tener criterio y atreverse a decirlo. Perder el miedo a perder al otro, porque diga lo que quiero o pienso.

En segundo lugar, deberemos hablarnos de forma respetuosa y tendremos que empezar a querernos, a considerarnos con respeto.

Esto, que parece una obviedad, no es sin embargo tan frecuente como debería.

Y, por último, recordar que uno no nace dependiente, sino que se hace.

Por lo tanto, para dejar de serlo, habrá que hacer una re-educación con uno mismo.

Aprender o re-aprender a ser asertivos, a decir lo que pensamos y sentimos, independientemente de la aprobación de los demás, sin miedo al rechazo. Siendo conscientes de que es imposible gustar o agradar a todo el mundo. Y que a quien siempre debo agradar es a mí mismo.

Sentirnos seres humanos como los demás y, por lo tanto, valiosos. Sin aplicar dobles morales que disculpan a los demás y nos condenan a nosotros mismos.




domingo, 5 de noviembre de 2017

ALGUNAS IDEAS QUE NOS HACEN VIVIR MEJOR


Vivimos en la época de los consejos. Los hay de todo tipo y para todos los gustos. Para comer, para viajar, para salir… la información nos llega a través de muchas fuentes, diciéndonos qué hacer o no para ser más felices, mejores, más atractivos o sentirnos mejor.

Muchas veces, cuando los leo, veo que en realidad nada hay nuevo desde hace muchos años, siglos diría yo.

Leo a Marco Aurelio en un precioso libro que escribió, “Las Meditaciones” (que les recomiendo),  y ya él en el siglo I a-C nos hablaba de lo importante que eran para sentirse bien los pensamientos.

De cómo “la vida de un hombre será, lo que sus pensamientos hagan de ella”.

Y veo que no hay nada nuevo bajo el sol. En realidad, el ser humano sigue preguntándose cómo poder ser más feliz y sentirse mejor, cómo llegar a ser mejor persona, y las preguntas que hoy nos hacemos ya se las hacían hace muchos años, siglos otros seres humanos como nosotros. Probablemente, al sentir nuestros mismos anhelos, disgustos, con nuestras mismas dudas e inseguridades.

Reflexionando sobre esto, creo que no hay que olvidar que:

- Uno va construyendo su propia vida con la actitud diaria que va teniendo con respecto a los acontecimientos que le van ocurriendo. Somos los dueños de nuestros pensamientos, y éstos determinan la emoción y la conducta que llevaremos a cabo.

Así que somos mucho más poderosos de lo que creemos. Si mi actitud es buena es porque mis pensamientos así lo determinan. Controlar éstos de forma racional y positiva me dará serenidad.

- Vivir significa priorizar, es decir, detenerse en lo importante y valorarlo. No hay que dejarse llevar por las modas o por lo establecido. Hay que ir trabajando el propio criterio, desde jóvenes, y actuar de acuerdo con él.

- Hay que organizarse y tener voluntad de hierro. No basta con ser capaz. Sino que hay que demostrarlo. Hay que hacer. La fuerza de voluntad y el esfuerzo, el tesón, son fundamentales para vivir una vida plena y para sentirse bien.

- El pasado siempre está ahí. En ese pasado suele haber de todo: tristezas y alegrías. Pero, en ocasiones, lo sobrevaloramos, sin darnos cuenta de que el presente es lo que tenemos y hay que vivirlo plenamente.

- Aceptar lo que la vida nos depara no supone resignarse, sino asumir las contradicciones que, en ocasiones, se presentan, los errores y sin sabores, a veces adversidades, pero sabiendo que al final aceptar significa siempre seguir adelante y no dejarse derrotar.

- Hay muchas veces que tenemos miedo. La ansiedad nos invade ante cuestionamientos inciertos que hacemos en nuestra mente. No se deje amilanar y plántele cara. Aún con miedo, siempre hay que seguir adelante.

- Rodéese de gente que le aporte y que le de paz. No pierda un minuto con gente tóxica, egoísta o que le haga sentir mal. El mundo está lleno de gente estupenda, así que prescinda de aquella que no lo es.

- Valórese y perdónese. Hace usted lo que todo ser humano: todo lo posible para seguir adelante y ser feliz. Así que no caiga en el victimismo de la autocompasión, ni tampoco en sabotearse recordándose todo lo mal que lo ha hecho. Si ha cometido errores ¡enhorabuena! eso le hace más humano, no peor persona. Siempre y cuando tenga claro que debe aprender, cambiar y seguir mejorando.


domingo, 29 de octubre de 2017

PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD


Cuando padecemos ansiedad, nuestro cuerpo y nuestra mente viven el día a día atrapados en un malestar continuo.

Notamos una sintomatología física que nos pone en duda continuamente, temiendo que suceda lo peor: nuestro corazón se acelera con taquicardias, temblamos o notamos un malestar generalizado, sensaciones de despersonalización, como si nuestro cuerpo fuera algo ajeno a nosotros mismos… y así una serie de muchos síntomas que nos hacen sufrir.

Como estamos asustados, pensando en que nos va a ocurrir algo terrible, no dejamos de auto-observarnos y de estar pendientes de nosotros, y cada pequeño cambio corporal es interpretado como algo alarmante que presagia algo todavía peor.

Nuestro sueño se altera, perdemos el apetito y nuestra vida se ensombrece.

Cada día es una lucha por enfrentar las horas y los minutos. Nuestros pensamientos se cierran en un círculo de reproches y de dudas hacia nosotros mismos, hacia nuestra capacidad de poder salir y coger las riendas.

Perdemos confianza en nosotros mismos, consideramos que somos débiles e incluso que vamos a caer en la locura.

Nada de esto sucede. El círculo de la ansiedad se puede romper y salir de él.

No es fácil, pero con tesón y práctica se consigue eliminar toda la sintomatología física y psicológica para volver a recuperar el bienestar.

Así, será importante seguir estas pautas:

* No tener miedo. Por muy mal que se sienta, no va a suceder nada malo. En el momento en que se calme y sea capaz de darse cuenta de que puede y que va a enfrentarse a la ansiedad, empezará a salir de ella.

* Deje de auto-observarse. Cuando más lo haga, peor se sentirá.

La auto-observación aumenta los síntomas y refuerza los pensamientos de que algo terrible me está sucediendo.

* Hágase amigo de la ansiedad. Siéntela a su lado, y dígale que no le tiene miedo, que es desagradable y pesada, pero que no le va a hacer caso.

Es en ese momento cuando notará que empiezan a disminuir la frecuencia e intensidad de los síntomas.

* Vuelva a valorarse y a considerarse una persona sana, equilibrada y capaz.

Simplemente, está pasando un bache. Eso no le convierte en alguien incapaz. Así que deje de auto-compadecerse y quedarse atrapado en la observación de sus síntomas y póngase a combatir la ansiedad.

* Vuelva a sus rutinas diarias. No deje de hacer cosas por miedo o pensando en que se pondrá peor. La anticipación es lo peor para usted y lo mejor para seguir estando ansioso.

* Considere esta etapa, como una buena fase para aprender más de sí mismo y poder confiar más en usted. No se culpe.

*Cuanto menos miedo tenga a los síntomas, menos los notará y acabaran desapareciendo.

Ya sé que es difícil. Pero nadie por los síntomas de la ansiedad ha perdido el control o la cabeza. Acéptelos y déjelos estar ahí, pero sin que le impidan llevar a cabo sus rutinas y quehaceres diarios.

* Valore cada pequeño paso que dé. Recuerde que los grandes cambios, empiezan siempre con pasos pequeños.


domingo, 22 de octubre de 2017

VIVIR O SIMPLEMENTE EXISTIR


Cruzar una calle es un riesgo, rechazar un trabajo es un riesgo porque podemos tardar en encontrar otro que nos guste, etc, decidir, en general, supone coger un camino y dejar otro.

Y en ocasiones, nos damos cuenta de que nos hemos equivocado, de que la elección no fue la correcta. Pero en lugar de condenarnos y dar vueltas a lo que deberíamos haber hecho y no hicimos deberíamos asumir que eso forma parte exactamente del vivir.

El que no arriesga, el que no decide, el que se sitúa siempre en su zona de confort aunque ésta sea negativa, se limita solamente a existir. No introduce cambios en su vida por miedo, porque prefiere mantenerse supuestamente seguro, antes que arriesgar y lanzarse a algo que no conoce, a lo que teme que de alguna manera le puede llevar a sufrir.

Sin embargo, siempre es positivo arriesgarse, atreverse a dar los pasos aunque se tenga miedo, aunque se dude de si se está haciendo lo correcto. Hay que atreverse a hacer. Esa es realmente la alternativa. Vivir, o simplemente existir. Claro que, viviendo, se sufre, se pierde, se pasa mal, pero también se gana, se aprende, se gana en autoconocimiento y en satisfacción por lograr los objetivos, por demostrarse que uno es capaz de hacer lo que se propone.

En definitiva, por vivir y formar parte de la vida, de esa vida personal de cada uno y que cada uno va escribiendo, según va actuando, haciendo.

Realmente hay que atreverse cambiar, a hacer. El premio a lo bien hecho es realmente haberlo hecho.

Y cuando lo que hacemos no resulte como esperábamos, hay que asumirlo, aceptarlo y seguir adelante.

Porque ahí está la mejoría, en ese esfuerzo por cambiar, por atreverse.

Las cosas mejoran porque nosotros mejoramos. Y siempre mejoramos con el cambio. Al final, lo que tenemos en la vida deriva de lo que somos y lo que estamos decididos a arriesgar y aprender.

No tenga miedo, atrévase, y aunque ponga todo de su parte y fracase, no se desilusione, pues conseguirá respeto por sí mismo.
Porque hará todo lo que esté de su parte por vivir y eso mejorará su autoestima y su vida.


domingo, 15 de octubre de 2017

PIENSA MAL Y... SUFRIRÁS


Este fin de semana se me ha estropeado mi tablet; el viernes pasado, simplemente, no se encendió.

Allí tenía todas las citas de mi consulta y direcciones… me temo que no va a haber manera de que se recupere. Les pongo mi ejemplo, porque mentiría si les dijera que, en unos primeros momentos creí que ¡¡¡me daba algo!!!

Pero intenté aplicar lo que sé que da resultado y tantas veces aconsejo a mis pacientes.

Y puedo asegurarles que da resultado; cien por cien… lo acabo de comprobar.

Esto es lo que pensé:

*Céntrate en la solución, no en seguir quejándote y en lo que podías haber hecho y no hiciste (por ejemplo, una copia de seguridad, etc.)

*Deja de culparte y de creer que es el fin del mundo.

*Piensa despacio en qué puedes hacer (escribir y llamar a todos los pacientes que, como era de esperar, con amabilidad me han recordado las horas que teníamos concertadas)

*Siéntete bien, porque a pesar de los inconvenientes has conseguido rehacer la agenda.

Además insistí en mi mente en recordarme que:

- Puedo cometer errores y eso me hace más humana, no peor…aunque les aseguro que ya no se me olvidará hacer una copia de seguridad. Eso es lo bueno de los errores, que aprendemos de ellos.

- Siempre hay que tener esperanza; para esto y para todo.

La esperanza es una energía que nos impulsa a avanzar e impide que nos atasquemos.

- Hay que aceptar la vida como viene.

Este fin de semana, una buena amiga y profesional, acababa de morir después de una penosa enfermedad… como comprenderán, después de esto y de que la melancolía me llene por tantos momentos buenos pasados juntas, el tema de la tablet queda en muy segundo término.

Conectar con los valores y con lo realmente importante, nos ayuda a tomar distancia y a no dejarnos llevar por el pánico.

Por eso, porque a mí también me pasa, les recomiendo que no duden en poner en práctica lo que siempre les aconsejo. Peleen bien con sus pensamientos, para que éstos y su mente se conviertan en su aliada y no sufran más de lo necesario.

La vida es injusta y dura, y precisamente por eso, y de la misma manera que tiene cosas estupendas, hay que saber manejar los inconvenientes que nos encontramos sin dramatizar y quedándonos con lo bueno de cada día. Siempre lo hay.

Gracias a todos/as.


domingo, 8 de octubre de 2017

TRATAR CON GENTE IRRACIONAL


Tratar con gente irracional: Huir del “Me cae mal”.

Es frecuente que nos encontremos con personas que se comportan de manera irracional. Aunque a veces nos cueste creerlo, no son así para molestarnos o complicarnos la vida, lo que les ocurre es que no son capaces de manejar sus frustraciones y las pagan con los demás.

La mejor manera de enfrentarse a este tipo de personas es:

* Cuando se sienta tenso o enfadado ante una conducta irracional de otra persona, no diga nada. No está obligado a reaccionar inmediatamente. Respire hondo. Esto contrarresta el impulso a reaccionar que provoca el enfado o el estrés. Repítase: esto es una oportunidad para aprender aplomo y tranquilidad.

*Ante una conducta verbal irracional, el primer impulso es cortar el discurso para gritar que la razón está de nuestra parte. Pero interrumpir solo intensifica la hostilidad. No discuta ni intente hacer entrar en razón a su interlocutor. Su interrupción no cambiará la mente de nadie y solo alimenta el conflicto.

*Imagine el agua de un río. Observe cómo el agua no tropieza con la misma piedra una y otra vez, sino que fluye alrededor del obstáculo que encuentra. De igual forma, no se resista a la fuerza irracional de su interlocutor. Deje que fluya por su cuerpo y mente sin que le haga mella.

*Respire para calmarse: Piense lo primero que le gustaría decir o hacer ante una persona irracional, pero no lo haga. Tome un respiro y exhale despacio el aire. Concéntrese en eso.

Son muchas las personas que cuando han de enfrentarse a estas situaciones reaccionan de forma automática poniéndose a la defensiva o siendo agresivas. Y, en muchos casos, incluso pretenden cambiar los comportamientos irracionales del otro intentando hacerlas entrar en razón. Pero esta estrategia aún empeora más las cosas. La persona irracional reacciona aún más irracionalmente y la situación puede encresparse por ambas partes hacia una discusión más candente.

La actitud de renunciar a cambiar comportamientos irracionales puede parecer a muchas personas un síntoma de rendición o debilidad. Sin embargo, es una opción para ser más flexible y tolerante. Ver más allá de aquello que nos molesta o irrita para descubrir que lo que nos conviene es desdramatizar las conductas irracionales de los demás para no perder nosotros la calma.

Si decidimos que alguien nos cae mal, no necesariamente tenemos que convertirlo en un enemigo y podemos renunciar a la aversión hacia esa persona intentando flexibilizar y ser más tolerantes. Flexibilizar será no convertirla en nuestra amiga, pero intentar, a pesar de su irracionalidad, en pensar en algo positivo que pueda tener.


domingo, 1 de octubre de 2017

PARA EMPEZAR BIEN LA SEMANA


Domingo por la tarde. Llueve y con cada chaparrón el otoño nos dice que ya está ahí. El tiempo es melancólico, como a veces nuestro estado de ánimo.

Pero les propongo que no se dejen llevar por esa melancolía y que se dispongan a empezar la primera semana de este mes de octubre que nos toca vivir, con una actitud positiva.

Con ese positivismo que nos permite tener los pies en el suelo, y por lo tanto ser realistas, pero al mismo tiempo disfrutar de lo que tenemos.

Para eso:

* Sea agradecido: a Dios, a la vida… en lo que crea estará bien.
Pero agradezca que tiene un día más para vivir, a otros les ha sido negado, y aprovéchelo haciendo lo que tiene que hacer con buen ánimo. Con la fuerza que solamente su buena actitud le da y le hace poderoso.

* Olvide las afrentas y desilusiones. Deje de darles vueltas. Le fallaron y decepcionaron… ¡bienvenido al club! Así es la vida, desilusiones y decepciones, pero también buenas personas, amabilidad, buenas obras y situaciones que solamente, si se quita la venda del pesimismo, será capaz de ver y sentir.

* Haga de su trabajo algo placentero. Aunque no le guste, intente realizarlo bien, ser coherente y consciente de lo que hace. Sea amable con sus compañeros y compasivo.

* Recuerde que cada persona lleva su carga personal, sus sinsabores y desdichas, por lo tanto, sea empático.

* Acepte al otro como es. No intente cambiarlo y tampoco intente cambiar aquello que no es capaz. Aceptar no supone resignarse, sino ser más inteligente y seguir avanzando a pesar del sinsabor o decepción. Aceptar es algo más profundo que supone serenarse y seguir avanzando buscando nuevas personas, nuevos caminos.

* Recuerde finalmente, que si usted decide estar bien, nadie en el mundo será capaz de quitarle esa decisión y ese bienestar. De usted depende.

www.diazbada.com

domingo, 24 de septiembre de 2017

MOTIVARSE UNO MISMO


Solemos buscar soluciones externas cuando algo nos va mal.

Pedimos ayuda o buscamos a veces remedios mágicos, sin darnos cuenta de que lo uno y lo otro pueden servirnos momentáneamente, pero que lo que en realidad nos va a procurar el cambio es lo que nosotros estemos dispuestos a hacer.

Y en esa acción va implícita la propia motivación.

Hacerse cargo de uno mismo es la principal tarea que debe ocuparnos.

Primero, porque de esa manera conseguimos aquello que buscamos, es decir nuestros objetivos.

Perdemos tiempo y fuerzas en esperar que el cambio venga del exterior; que cambie la situación de manera milagrosa o que la suerte nos elija como afortunados. Pocas veces ocurre una de estas dos cosas.

Lo que siempre da resultado, en cambio, es aquello que es tan obvio, que no por sencillo, deja de costarnos tanto hacer.

Practicar la propia fuerza de voluntad, la tenacidad con uno mismo, nos lleva a conseguir nuestros objetivos y además a reforzar nuestra propia estima porque nos sabemos poseedores de esa voluntad que nos lleva a intentarlo una y otra vez, a pesar de los posibles fracasos.

Plantearse un objetivo ayuda a que encontremos la fuerza para conseguirlo, como si se tratase de una luz que ilumina de repente ese camino que tenemos que recorrer.

Comprometerse consigo mismo para conseguir el objetivo ayuda a saberse poderoso y fuerte y que todo es posible en su vida, si realmente usted y solamente usted, está dispuesto a hacerlo y a luchar con perseverancia para conseguirlo.

Insista; no se deje amilanar. Dése la oportunidad de intentarlo cuantas veces sean necesarias y no se rinda. Jamás. Su bienestar está en juego y eso es lo más importante.



domingo, 17 de septiembre de 2017

INSISTIR EN LO BUENO


Veo un vídeo en el que una psicóloga americana habla de lo difícil que nos resulta dejar de pensar en el fracaso o en aquello que nos ha salido mal, dando vueltas una y otra vez a esa frustración y dejando de lado todo lo bueno o lo positivo que nos ha sucedido ese día.

Quizás siglos de insistencia desde el punto de vista educativo, religioso y social acerca de lo terrible que es cometer errores, fracasar, o que no salgan las cosas como deseamos, ha podido crear una hábito cognitivo con el que nos flagelamos mentalmente, atascándonos en lo malo y negativo y obviando lo bueno o positivo.

Aparece el sentimiento de culpa, junto con el de baja autoestima e infravaloración, que nos paraliza y nos lleva a dar vueltas a nuestras debilidades e incapacidades, quitándonos no solamente motivación para cambiar, sino bienestar e incapacitándonos para una visión global de lo que realmente somos e incluso de lo que ha sido ese fracaso, en realidad.

Porque sí, claro que nos salen las cosas mal; claro que tenemos frustraciones y cometemos errores. Pero también es verdad que casi nunca por ello se acaba nuestro mundo, que equivocarse nos hace día a día más humanos y también más sabios, porque estando atentos aprendemos de nuestros fallos y errores y mejoramos como personas.

Dramatizar nuestros errores, generalizando, y convirtiendo el fallo cometido en una condena de por vida con nuestro continuo rumiar de pensamientos nos lleva a paralizarnos y a hundirnos.

Pero ¡cuidado! Tampoco se trata de sacárselo mentalmente a la ligera y de manera buenista decir ”va, no pasa nada”, a la ligera y frívolamente. Lo que se trata es de hacer una reflexión profunda y ver realmente qué ha pasado y en qué me he equivocado para, a continuación, aprender e intentar mejorar.

Recrearse mentalmente en todo lo bueno y gratificante que hemos hecho u obtenido en el día. Ser agradecidos a nosotros mismos por nuestro buen hacer, y a la vida por aquello bueno que nos ha ofrecido ese día, nos conducirá a crearnos un hábito de pensamiento que nos dará serenidad.





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