ANALITYCS

domingo, 11 de noviembre de 2018

PENSAR MAL HACE SUFRIR



H. da vueltas y vueltas a sus pensamientos. Tiene un problema que no sabe cómo resolver y lo analiza una y otra vez, como si estuviera mentalmente dando vueltas en un círculo vicioso. Duda de si hace tal o cual cosa, o si escoge la otra, y vuelve de nuevo a analizar el problema.

Así lleva varios días. De ese modo, empieza a dormir mal por las noches, a perder el apetito. Se encuentra en un estado de irritabilidad casi constante. Todo pierde valor y nada parece gratificarle.

Encerrado en sus pensamientos, puede quedar con sus amigos y salir, hacer cosas, pero el nudo en el pecho le recuerda que debe hacer algo y que tiene un problema que no puede resolver. No es el problema en sí, sino la decisión que tiene que tomar en tal o cual dirección. Le aterra no acertar.

Pensar de esa manera nos genera mucha ansiedad. Rumiamos y rumiamos los pensamientos y frecuentemente nos paralizamos, analizando tan al detalle que no damos pasos para avanzar.

Para salir de ese malestar es importante seguir los siguientes pasos:

- Ante un problema, analice los pros y contras, las diferentes decisiones que podrían tomarse. Pero hágalo con lápiz y papel. Evite hacerlo solamente de una forma mental. Parece algo simple, pero es muy eficaz. Al escribirlo, tomamos distancia y vemos las cosas con más claridad.

- Una vez analizados los pros y contras, reflexione unos minutos y decida qué hacer. Pero sólo unos minutos. No se quede atrapado en las divagaciones porque volverá a meterse mentalmente en el círculo vicioso de la ansiedad.

- Una vez tomada la decisión, pase a la acción. Nada de mirar atrás. Ya está decidido, así que adelante.

- Recuerde que la vida es en muchas ocasiones un aprendizaje por ensayo y error. Desdramatice. No es el fin del mundo y una vez hecha la acción, tomada la decisión, se sentirá aliviado, y sentirá que los síntomas de la ansiedad desaparecen.

- Se sorprenderá cuando vea y compruebe que acertamos muchas más veces de las que erramos. El miedo a equivocarnos nos paraliza y nos hace pensar mal.

- Acostumbre a su mente a pensar de esta manera. Entrene para procurarse un nuevo hábito de pensamiento mucho más sano.


domingo, 4 de noviembre de 2018

PAREJAS QUE FUNCIONAN


Todos conocemos a parejas que parecen estar hechos el uno para el otro. Personas que en su día se conocieron y comprometieron, y que han hecho de este compromiso una constante en sus días. De tal manera que su relación va durando años y seguramente sea así durante toda la vida.

Todos aspiramos a tener una relación así. Pensamos que estas personas tienen una formula mágica que hace que se complementen.

¿Qué es lo que hacen estas personas para que su relación funcione?

En primer lugar, creo que lo más importante es el compromiso. Sí, eso que todos decimos que en principio vamos a llevar a cabo… y luego no es tan fácil.

Estas parejas, desde el inicio de su relación y viendo que quieren seguir juntos, llevan a cabo un compromiso tácito en el que uno y otro recíprocamente saben que deben apoyarse, escucharse y tener objetivos compartidos. Tener proyectos comunes en los que se comparten miedos, aspiraciones y la voluntad firme de arrimar el hombro cuando el otro lo necesite.

Además, debe haber una buena dosis de tolerancia hacia el otro, de tal manera que sabiendo los defectos que tiene y los fallos que haya cometido, la otra parte sienta profundamente que está ahí para apoyarle y ayudarle, no para echar más leña al fuego.

Flexibilidad para cambiar y ceder, son otras cualidades necesarias que permiten que la convivencia sea más fluida y no se naufrague en incomunicación y reproches.

Aceptación del otro supone que aunque haya cosas que no nos gustan de él/ella, sin embargo ponemos en valor todo lo que nos aporta y nos hace sentir mejor.

Será necesario también huir de las luchas de poder, en las que uno de los miembros quiere dominar e imponer su voluntad sobre el otro. Esta falta de respeto cercena el compromiso en cuanto supone no compartir sino dominar.

Y, por último, tener claro que la vida compartida con quien hemos escogido y a quien queremos, debe convertirse en la oportunidad de crecer, de ayudarse y apoyarse, de hacer feliz a la persona que está al lado y saber ser también el bálsamo que suaviza los avatares diarios, aquellos en los que a veces naufragamos las personas y que conducen a la separación.


domingo, 28 de octubre de 2018

CAMBIOS


Con frecuencia, hay personas que pierden la esperanza.

Creen que otros son mejores y capaces de hacer cambios, mientras que a ellas hacer pequeños cambios les genera la idea de que no pueden, de que no son capaces. Que carecen de las cualidades que otros tienen.

Tiran la toalla con ellas mismas y se dejan llevar por la emoción negativa de "ser diferentes" por ser peores que los demás.

Estas personas han de ocuparse de sus propias emociones, que es lo más importante. Deben ser capaces de automotivarse, lo que les proporcionará una fuerza interior imparable que hará que cada paso se convierta en un avance para su autoestima y en una dinámica positiva que le hace crecer.

Estas personas han de empezar por hacer pequeños cambios y por tener paciencia consigo mismas. Nadie cambia de la noche a la mañana. Hay que perseverar.

Es necesario no rendirse y seguir avanzando. Cada paso que se dé para cambiar tal o cual actitud o comportamiento, les llevará a sentirse más fuertes.

Valoren los cambios, por pequeños que sean. Todos son importantes.

No se fije en los demás. Mantenga su foco de atención en sí mismo y no en compararse con los otros. La única comparación válida en esta vida es con nosotros mismos.

Comience con cosas sencillas, verá que, poco a poco, a mayores logros, más motivación, y al cabo de un tiempo se dará cuenta de que ha sido capaz de cambiar todo lo que se propuso.

Simplemente siendo consciente de que debe hacerlo paso a paso y, siempre, siempre, hablándose con la misma compasión y respeto con la que hablaría a los demás.



domingo, 21 de octubre de 2018

CONSCIENCIA


Si usted suele responder a las adversidades cotidianas poniéndose tenso e iracundo, haciendo que sus pensamientos vayan teniendo un efecto bola de nieve, acabará por crearse un hábito en su mente que le hará reaccionar así siempre.

Lo que más practica mentalmente es lo que acaba convirtiéndose en una respuesta casi automática de la que apenas uno es consciente, y lo que es peor, se cree que dicha respuesta es imposible de cambiar.
De esa manera, muchas veces oímos a personas decir que “son así y no pueden cambiar” como si de algo permanente en su vida se tratase.

No se dan cuenta de que funcionamos con hábitos, también de pensamientos, y que éstos se van arraigando en nuestra mente cuanto más pensamos de esa manera, sin decidirnos a detenernos en esa línea de pensamiento.

Por ejemplo, insistir en tener la razón y enfadarse intentando convertir al contrario, genera mucha frustración y un estado de tensión y ansiedad interna nada recomendable. Sin embargo es una actitud que repetimos, como si en esa discusión nos fuera la vida en ello.

Resulta muy útil adquirir consciencia de los hábitos de pensamiento que tenemos.

¿Y si en vez de mostrarse iracundo y enfadado intenta pensar de otra manera, desdramatizando el problema que se le presenta e intentado solucionarlo, sin pasarlo mal?

¿Y si en vez de enfadarse con tal o cual persona, intenta mostrar compasión o, por lo menos, aceptar que él o ella tiene derecho a actuar o a hacer como ella o él cree?

Decida cómo pasar sus días: si enredándose en bolas de nieve cognitivas en las que todo se convierte en una lucha y afrenta constante, o si prefiere tener unos pensamientos y actitudes mucho más serenas, aceptando lo que no puede cambiar, pero siendo consciente de que lo que siempre, siempre, depende de usted es la actitud que tomará ante los hechos que se presenten en su vida.

Esa actitud le hará sentirse más o menos feliz. Por lo tanto, se trata de escoger bien.


domingo, 14 de octubre de 2018

A SOLAS CON LOS PENSAMIENTOS

Imagen: Pixabay
Nuestro cerebro, siempre en funcionamiento, elabora pensamientos de todo tipo.

Unos neutros, de los que apenas somos conscientes porque no generan ninguna emoción.

Otros de tipo positivo, que rápidamente se traslucen en emociones de alegría, euforia o plenitud. 

Los peores son los pensamientos negativos. Si pudiéramos ponerles un color,  sería el negro.

Como si de una espiral se tratara, empezamos a pensar mal para ir profundizando cada vez más en el malestar que estos mismos pensamientos nos provocan. Y así, empezamos por tener miedo y por pensar negativamente sobre si aquello a lo que debemos enfrentarnos nos saldrá mal, o qué pensarán de mí tales o cuales personas.

Personalizamos y nos vemos como causantes de todo lo peor, maximizamos nuestros errores, aunque estos hayan ocurrido en un pasado lejano, torturándonos y reprochándonos cómo no pudimos darnos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Caemos en esa espiral en la que la autocompasión y los peores augurios parecen reales y nuestro ánimo se llena de tristeza, de pena, de angustia y de ansiedad.

Frenar esos pensamientos resulta ya muy difícil, metidos mentalmente en una tormenta en la que sin duda naufragaremos.


Por eso es importante detenernos antes de caer definitivamente en ella.

Debemos parar y dudar, cuestionándonos sobre si lo que estamos pensando, tan negativamente, es para tanto. Por ejemplo, ¿no deberíamos juzgar nuestros errores del pasado a la luz de entonces y no con lo que sabemos ahora?

Debemos parar y tener en cuenta todo lo aprendido a lo largo de nuestros días, de nuestra vida, siendo conscientes entonces de que muchos temores no son más que fantasmas que aparecen en nuestra mente causándonos desdichas que luego, solamente en muy pocas ocasiones, se convierten en algo real. 

Debemos parar y salir de la autocompasión y mostrarnos firmes con nosotros mismos para entender que la vida siempre nos sorprende, y además siempre gana, y que, aunque con sus dificultades, debemos vivirla mientras la tengamos, lo mejor posible.

Debemos parar, y deshacernos de los pensamientos de miedo debe de ser una tarea en la que invirtamos minutos y minutos de nuestra vida, todos los días, en una labor continua de crecimiento ment.

Así nos convertiremos en dueños de nuestra mente y, por lo tanto, viviremos mejor.


sábado, 6 de octubre de 2018

CONSIÉNTASE



Resulta curioso cómo hay personas que no dejan de infravalorarse. A pesar de que aparentemente parezcan seguras, y su imagen parece ser así, cuando hablas con ellas y se sinceran, te das cuenta del grado de sufrimiento que padecen por cómo se tratan internamente. 

No es que las cosas les vayan mal o que hagan todo de manera desastrosa, sino que el lenguaje interior que mantienen consigo mismos es continuamente desvalorizador. Son personas que en cuanto hablan, se dicen luego internamente que por qué no se habrán quedado calladas, que qué ridículo han hecho y que cosas menos acertadas han dicho... evalúan sus conductas de manera muy negativa, convirtiéndose en jueces implacables de sí mismos, continuamente pensando que los demás les juzgan mal o les critican porque realmente son un desastre, poco inteligentes o poco capaces. Curiosamente, los demás puede que hasta les admiren, pero ellos se sienten personas inseguras y no válidas.

Esta manera de hablarse genera en ellos una inseguridad y baja autoestima que es muy destructora, porque viven permanentemente en un estado de ansiedad, necesitando la aprobación de los demás para estar bien y sintiendo que nunca son capaces de conseguirla.

Para que los demás nos traten bien, lo primero que tenemos que hacer es tratarnos bien a nosotros mismos.

Considérese un ser humano tan merecedor de respeto y apreciación como cualquiera que usted ve o trate. Empiece a pensar que hace las cosas lo mejor que puede y según cree, y que, como ser humano, tiene derecho a equivocarse.

Reflexionar después de los errores es un ejercicio de crecimiento personal que ayuda a vivir y a seguir adelante.

Pero esta reflexión debe ser siempre coherente con sus valores y, por supuesto, sentida. No vale una reflexión a la ligera, como hacen algunas personas llevadas por el individualismo y la falta de empatía, pero tampoco se trata de condenarse y flagelarse, recordándose una y otra vez el error cometido, rumiando pensamientos negativos que se convierten en obsesiones.

La verdadera reflexión parte de la honestidad consigo mismo y del querer mejorar como persona, que es lo que nos permite seguir adelante. Esta reflexión es la que nos hace prestarnos atención, preguntarnos hacia dónde queremos encaminar nuestra vida y qué hemos hecho que debemos en un futuro corregir.

Como ven, siempre se trata de prestarse atención. Primero, porque si nos prestamos atención y nos cuidamos podremos ser atentos y cuidar a los demás también. Y, segundo, porque prestándonos atención podemos cambiar de nosotros mismos aquello que queramos cambiar sin dejarnos arrastrar por la vorágine de los acontecimientos que hacen, en ocasiones, que nuestra vida parezca que escapa a nuestro control.

Por todo esto, consiéntase, empiece por considerarse a sí mismo. 

Usted es el único que puede sentirse especial.

No necesita que los demás se lo digan o se lo hagan sentir.

Con su propia autoestima, es suficiente.



domingo, 30 de septiembre de 2018

MENOS PERFECCIÓN Y MÁS PAZ


Empeñarnos en hacer las cosas lo mejor que podamos nos conduce a sentirnos mejor, a crecer a lo largo de nuestra vida dándonos cuenta de que el empeño en mejorar facilita que nos convirtamos en personas más tenaces y responsables, facilita el que alcancemos el éxito en aspectos o áreas de nuestra vida, lo que a su vez nos motiva para seguir exigiéndonos.

Un círculo beneficioso se pone en marcha y nos sentimos bien.

Pero intentar ser perfectos, o que las cosas sean perfectas, y no conformarnos con lo que hemos hecho, nos lleva a la ansiedad.

La rigidez se apodera de nuestra mente y nos parece que nunca es suficiente, cayendo muchas veces en bloqueos y en frustración.

Alguien perfeccionista extremo sufre porque no encuentra paz interior. Emprende batallas de antemano perdidas, cuando cree que lo que ha hecho no es suficiente y se exige cada vez más. Infravalora sus éxitos, minimiza su esfuerzo y se encuentra permanentemente insatisfecho.

Cae en una espiral de ansiedad y tiende no solamente a juzgarse negativamente sino que también ve a los demás como imperfectos. Su visión personal del mundo, y de sí mismo, se tiñe de negrura y amargura.

Saber vivir con la imperfección, conformarse con ella, es fundamental para crecer.

Nunca nada nos saldrá perfecto porque... ¿dónde está escrito qué es perfecto y qué no?

Es importante distinguir entre hacer bien las cosas, mejorar, y esforzarse, o caer en esa exigencia hacia uno mismo y los demás del “todavía puede ser mejor”.

No se trata de dejar de hacer las cosas lo mejor que podamos, sino de saber también que nunca conseguiremos una perfección que no existe y que exigírnosla o exigírsela a los demás induce a la rigidez en las relaciones interpersonales y a la frustración personal permanente.

Hay que dejar de insistir en que las cosas deberían ser diferentes a como son, aceptarlas y aceptar que errar es humano. Hay que flexibilizar, adaptarse y equivocarse sabiendo que cuanto más yerro más humano soy, y más paz interior siento.


domingo, 23 de septiembre de 2018

ESCOGER LAS BATALLAS CON SABIDURÍA


"Escoger las batallas con sabiduría". Leo en un libro esta frase popular que me hace reflexionar. Cuánto nos cuesta a las personas llevar a a cabo esta frase.

Generalmente nos lanzamos a reclamar lo que creemos que son nuestros derechos, a criticar a unos u otros o a defendernos de ataques de otros, casi como si nos fuera la vida en ello. Soportamos mal las críticas y hacemos de casi cualquier comentario que nos hacen, una cuestión personal.

Vivimos permanentemente a la defensiva, dando más importancia a los comentarios o vidas de los demás que a nuestras propias creencias o valores. Sin duda que hay momentos en la vida en los que necesitamos pelear, discutir y mantener nuestro criterio. Defendernos, en definitiva, ante situaciones abusivas e injustas.

Pero muchas personas están continuamente peleando y esa actitud lo único que les proporciona es una gran frustración. 

Continuamente están rumiando ideas negativas o comentarios irónicos con una ironía que a veces raya en la crueldad. Actúan a la defensiva y están permanentemente dispuestas a atacar. Pierden mucha energía y bienestar y la vida así se convierte en una carga, en algo difícil de sobrellevar, porque cualquier desacuerdo o contratiempo raramente se soluciona como uno quiere.

Por eso, saber qué batallas hay que librar y cuáles es mejor dejar pasar nos libra de la infelicidad y de la frustración.

La vida es difícil e injusta y raramente resulta ser como la habíamos pensado.

Pero aceptando que lo más importante ya lo tenemos, que es estar vivos, a partir de ahí es decidir qué batallas vamos a librar y cuáles simplemente vamos a dejar pasar. Y es que no merecerá ni un minuto de malestar, ni perder un minuto de disfrute, el embarcarnos en defender ideas o situaciones imposibles, o defendernos o molestarnos por críticas, o meternos en peleas con vecinos, por nimiedades.

Así, entrenando nuestra capacidad de decisión, elegiremos las batallas tan acertadamente que conseguiremos ser más sabios y sentirnos más serenos.



domingo, 16 de septiembre de 2018

RELACIONES PERSONALES ENRIQUECEDORAS


Cada uno de nosotros tenemos un marco de referencia único y personal. Dicho marco de referencia nos hace ver la vida de una manera determinada, a través de nuestro filtro personal.

Así, para unos el mundo es un lugar seguro y para otros una selva intrincada llena de peligros… ¿Qué es lo que hace que uno u otro lo vea de esa manera tan dispar?

El sistema de pensamientos que cada uno tiene es lo que hace que veamos el mundo de una manera u otra.

Y dicho sistema de pensamientos se alimenta de una serie de creencias que tenemos en función de la educación recibida, la época en la que vivimos, la cultura que recibimos y, en definitiva, el marco de referencia en el que nos encontramos a lo largo de la vida.

Cuando nos damos cuenta de que es nuestro sistema de pensamientos el que crea nuestra visión del mundo y condiciona nuestras reacciones en él, somos capaces de ver más allá de nuestras limitaciones. 

De esta manera, dándonos cuenta de que cada uno de nosotros somos una unidad diferente e única, podemos entender que los demás también lo son y por tanto no sentirnos amenazados por los demás, ni por su negatividad, ni por sus prejuicios.

Así, las relaciones interpersonales se vuelven más fluidas, porque no nos tomamos las cosas de manera personal, no demostramos agresividad en defender nuestros principios e ideas, y conseguimos ver la vida de manera diferente.

De una manera mucho más libre, abriéndonos puertas a relaciones personales más gratificantes y menos críticas, ya que estaremos menos apegados a la defensa de nuestras creencias y visión de la vida, y nos centraremos más en el sentimiento positivo que aflora al sentirnos parte de un universo común.


domingo, 9 de septiembre de 2018

DEJAR DE PENSAR, PARA SOLUCIONAR


Cuando tenemos un problema, damos vueltas al mismo hasta muy frecuentemente llegar a convertirlo en una obsesión.

“Rumiamos” el problema, una y otra vez, creyendo que así llegaremos a una solución enseguida. Pero lo que conseguimos de ésta manera es atascarnos y sentirnos mal.

Cuando algo se convierte en una obsesión se disparan inmediatamente respuestas fisiológicas típicas de la ansiedad: malestar continuo, dolores de estómago, presión en el pecho… etc, además de emocionalmente sentir un gran malestar.

Y achacamos a la gravedad mayor o menor del problema, nuestro malestar.

Sin embargo, manejando la situación de otra manera, probablemente encontremos una solución más rápida al problema y, sobre todo, nos podremos sentir mejor para poder afrontarlo.

Así, cuando tenga un problema le recomiendo que en un primer paso lo analice. Piense con tranquilidad en diferentes opciones para resolverlo. No se vaya a los extremos, ni piense en soluciones mágicas. Nada es blanco o negro. Piense, de las opciones que están en su mano, cual puede ser la más adecuada para llevar a cabo. Y pare. Deje de pensar.

Es decir, no siga dando vueltas. Deje de analizar, como si tratase de poner el problema en cuarentena y lo alejara de su mente. Cuando la mente se despeja de inquietud, de las dudas, es, paradójicamente, cuando aparecen nuevas soluciones o alternativas que no habíamos contemplado.

Y entonces pase a la acción y lleve a cabo la respuesta que quiere aplicar para resolver el tema.

Nuestros pensamientos crecen cuando les prestamos atención, y cuando son pensamientos de preocupación, crecen más, llegando a nublar nuestro juicio.

Cuanto más pensamos en el problema, peor nos parecerá éste y más difícil de nos será de resolver.

Así que pare y distráigase. Verá como, al cabo de un tiempo, la solución está esperándole.


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