ANALITYCS

domingo, 19 de septiembre de 2021

LA EMPATIA



Imagen: Pixabay

Entendemos por empatía la capacidad que todos deberíamos tener de sentir y reconocer lo que otra persona siente.

De una manera genuina, la empatía es la capacidad de sentir y ponernos en el lugar  del otro, aunque no compartamos lo que nos dice, y entender lo que emocionalmente nos está transmitiendo. La empatía no tiene nada que ver con la simpatía, que es otra cosa. La empatía es básica en las relaciones sociales y en las relaciones interpersonales.

Se la considera una emoción social porque las relaciones sociales,  las relaciones de pareja y, en general, todas las relaciones afectivas,  deben asentarse en la empatía para que lleguen a buen puerto. Desarrollar la empatía es un aprendizaje emocional necesario que nos produce bienestar y nos ayuda, además, a ser solidarios y a entender al otro. 

El apoyo a los demás y la comprensión de los otros parte primariamente de esa empatía en la que entendemos que cada persona hace lo que puede para llevar su vida y tiene sus razones para actuar de determinada manera, aunque nosotros no las compartamos.

En ocasiones, tenemos actitudes emocionales rígidas, en las que vemos a los otros como enemigos, les criticamos duramente y hacemos juicios de valor de sus acciones, sin pararnos a pensar los problemas, pensamientos o razones que dichas personas tienen para actuar como actúan. Tenemos poca paciencia y echamos por tierra aquello que no compartimos, a veces, de manera cruel.

Vivimos en una época poco empática: parece que cada uno va a lo suyo, hay poco tiempo y muchas prisas y estrés, y el individualismo esconde muchas veces un gran egoísmo y vanidad.

Sin embargo, si no somos empáticos, si emocionalmente no hemos hecho ese aprendizaje, nuestras relaciones personales acabarán naufragando y viviremos solos, aunque estemos rodeados de gente. 

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domingo, 12 de septiembre de 2021

LA FUERZA DE LA AMABILIDAD


Imagen: Pixabay

Una manera sencilla de encontrarse bien es dar o hacer el bien a alguien.

Dar, siempre es salirse del yo, y dejar de pensar en uno mismo y empezar a mirar a los otros, darse cuenta de sus problemas y de sus tristezas.

Dar algo siempre es gratificante porque, dando, además de no acordarse tanto de las propias inquietudes, uno puede ver también que no es el único ser humano que sufre o al que las cosas van mal. Sí, eso consuela porque nos hace salir del egocentrismo y de la autocompasión.

Además, se ve en el otro la capacidad que tiene de agradecer y de superar en ocasiones adversidades que, si las nuestras nos parecen duras, viendo las que atañen al otro, en ocasiones las propias pierden fuerza y nos damos cuenta de que no son para tanto.

Hacer una buena acción supone ejercitar la empatía y la compasión, virtudes que inmediatamente nos proporcionan también bienestar.

Una manera muy sencilla de dar, y que es fácil de ensayar a casi todas horas, es ser amable. Es algo muy sencillo de poner en practica. En el día a día, con los compañeros de trabajo, cuando vamos a hacer la compra, en el autobús, conduciendo… ser amable proporciona bienestar, rebaja tensión, hace que desaparezca la ansiedad y nos ayuda a vivir con más sosiego en un mundo rápido y cambiante, y en ocasiones muy duro.

Ser amable es una muestra de generosidad hacia el otro y un buen hábito. Además, produce una reciprocidad positiva, porque generalmente el otro responde también con amabilidad y generosidad, creando una corriente de bienestar que hace que vivir sea más fácil.

En estos actos pequeños están los grandes cambios de ánimo. Uno siempre recuerda a una persona amable, porque el rastro humano que deja es el de la bondad.


domingo, 5 de septiembre de 2021

FUSIÓN AMOROSA


Imagen: Pixabay
Hay parejas que lo hacen todo juntos.

Se levantan a la misma hora y acuden a sus respectivos trabajos, se van a dormir a la misma hora y comparten los mismos amigos. Si tienen que hacer compras, salen los dos y comentan lo que favorece a cada uno de ellos. Si se encuentran con conocidos, comentan también cómo les han visto.

Eligen conjuntamente dónde ir de vacaciones y, si tienen hijos, están de acuerdo también y discuten qué proyecto quieren llevar a cabo con ellos, cómo va la educación y el crecimiento de sus vástagos.

Lo comparten todo.

Son fieles el uno al otro, porque se gustan y porque se sienten bien el uno con el otro.

No necesitan a nadie más, y aunque son capaces de sentirse atraídos por otras personas, sin embargo, como si de un juramento interior con ellos mismos se tratara, ven a su compañero/a de vida como el elegido como aquel o aquella que colma todas sus expectativas y con quien se sienten felices y seguros.

Este grado de intimidad y de fusión no es simplemente una cuestión de voluntad. Que también.

Es producto de un progreso y gradual acercamiento por entender al otro, por ponerse en su piel. Por comentarle todos las dudas e inseguridades que van surgiendo en la vida.

Juntos refuerzan sus energías, sus capacidades intelectuales y vitales.

Hay un equilibrio perfecto en el que, si uno está cansado, sabe que cuenta con el apoyo del otro y viceversa. Sabe que no tendrá en el otro un juez severo que le recrimine y condene, sino alguien que le entenderá y apoyará aunque le corrija y le haga ver que se ha equivocado.

Es contar incondicionalmente con el otro. Se complementan y las carencias de uno se suplen con las virtudes del otro.

Y los dos, para que este perfecto engranaje funcione, apuestan cada día por hacer feliz al otro, por facilitarle la vida.

Son capaces de perdonarse los errores y fallos y de tratar los asuntos en los que no están de acuerdo con delicadeza y sentido del humor.

La mirada del uno hacia el otro es de complicidad y de indulgencia.

Y en este tejer cotidiano del día a día, consiste el amor verdadero, aquel que sobrevive a tempestades y adversidades diarias, aquel que dura toda la vida.

Aquel que hay que ir cuidando y cultivando para que permanezca a lo largo del tiempo.

Trabajoso, sí, pero apostar por esa fusión amorosa, por ese amor incondicional y profundo, es lo que llaman el verdadero amor.



domingo, 29 de agosto de 2021

SERENIDAD



Imagen: Pixabay

La serenidad no es estar siempre en un estado de gracia en el que las cosas y acontecimientos no nos afecten.

La serenidad no es evitar las tormentas que sacuden nuestra vida y que nos entristecen y nos llevan en ocasiones a la desesperación.

Aquel que es sereno es el que es capaz de, en medio de la tormenta y a pesar de los sinsabores y frustraciones, recuperar la calma, de evitar que ese inconveniente o esa decepción le ahoguen. Es quien, aunque no pueda evitar el sufrimiento causado por el otro o por la situación que le toca vivir, es capaz de recuperarse y de seguir con sus proyectos e ilusiones.

Pensar con serenidad supone la intención mental de que nada te derribe y de que a pesar de los pesares siempre merece la pena seguir adelante.

No hay un receta mágica paras ser una persona serena, simplemente se trata de pensar así, aplicarlo y aplicarse cada día para conseguirlo.

La clave está en la práctica, en no olvidarnos de que nuestra vida no se basa solo en los acontecimiento que van sucediendo a lo largo de ella sino, realmente, en la actitud que nosotros vamos a ir tomando acerca de eso que nos ocurre. Porque va a ser nuestra actitud la que irá conformando nuestra existencia e irá perfilando nuestra manera de ser.

Como si de un trabajo artesanal se tratara, seremos lo que vamos pensando a lo largo de nuestra vida acerca de las situaciones que se nos van presentando en el día a día. Será nuestra actitud la que forme nuestra personalidad.

Y así, convertirse en una persona serena supone, simplemente, querer serlo e ir practicando todos los días. Para ello, primero, tendremos que asumir aquello que no podemos cambiar y luego desdramatizarlo e intentar sacar lo bueno de lo malo. Y si no lo encontramos, al menos decidir qué vamos a hacer y qué actitud tomaremos ante esa situación o persona.

Pensar serenamente supone una paz interior y estar en paz con lo que nos rodea. No se trata de dejarnos avasallar ni de ofrecer la otra mejilla cuando ya nos han hecho daño sino de tomar la distancia que queremos tomar, actuar de acuerdo a lo que queremos hacer y acordarse de que en la tempestad uno puede manejarse bien.


domingo, 22 de agosto de 2021

"R", AL CUBO


Imagen: Pixabay

Frecuentemente, en consulta, las personas me preguntan cómo pueden hacer, que fórmula mágica pueden emplear para sentirse mejor. Para quitarse miedos, liberarse de la ansiedad y ver la vida de una manera más serena… todos queremos conseguir esto. 

Les propongo la “fórmula”, que no mágica, pero sí efectiva, de "las tres erres":

RESPETO: Palabra que todos pronunciamos fácilmente, pero que luego cuesta mucho aplicar. Respeto al otro, pero también con uno mismo. Respetar al otro supone no juzgarlo, tratarlo bien, escuchar, aunque lo que oigamos nos revuelva por dentro (y ahí hay que aprender a rebatir con respeto). El respeto con respecto a uno mismo supone tratarse bien, hablarse con paciencia y no censurarse o condenarse por posibles errores cometidos.

RESISTENCIA: O resiliencia. Es decir, aprender a aceptar aquello que no podemos cambiar, en vez de tomar una postura pasiva o de queja o autocompasión. Pero, al mismo tiempo, todo lo que esté en nuestra mano (que suele ser mucho) para poder cambiar, hay que utilizarlo. Es decir: hay que pasar a la acción. La queja y la culpa nos paralizan. Hay que analizar qué podemos hacer y... hacerlo. ¿Cómo? Sabiendo que yo y sólo yo seré el artífice del cambio y que si no lo hago yo… ¡Nadie lo va a hacer por mí! 

RESPONSABILIDAD. Hay que hacer las cosas con cabeza, con sentido común. Pensando en las consecuencias de mis actos. Responsabilizándome primero de mi vida: yo la coduzco, no son los astros, ni las mareas, ni los vientos. Solo yo. Y por ello debo ser responsable con ella. Responsable para tener hábitos adecuados de salud, para ser honesto y cumplir con las cosas y personas que tengo a mi alrededor. Trabajar con honestidad y buen trato al otro; sacar adelante mis estudios, trabajar honradamente y cuidar de los que quiero y respetar a los demás.

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domingo, 1 de agosto de 2021

TIEMPO DE VERANO


Imagen. Pixabay

El tiempo parece volverse un poco más lento en esta época del año; anochece más tarde, hace calor y parece que todo nos invita a tomarnos el día a día sin prisas, como si éstas desaparecieran por unos meses, para volver al ritmo frenético en el que vivimos en el mes de septiembre.

Habitamos una sociedad donde está hipervalorado el tener el tiempo ocupado; parece, incluso, que la persona que se toma las cosas de manera relajada, no es productiva. Sin embargo, qué importante es hacer las cosas sin prisas, porque no solamente se gana en eficacia, sino que se evita tener muchos momentos de ansiedad innecesarios, que tanto malestar nos provoca.

Deberíamos reflexionar estos meses de verano para intentar, en septiembre, realizar las tareas diarias que desempeñamos, con la rapidez que requieran, pero sin prisas innecesarias.

Para eso es fundamental organizar bien el tiempo, distribuirlo adecuadamente, sin autoexigirnos a veces cosas imposibles de hacer y, más importante todavía que todo esto, dedicar unos momentos del día a conversar, pasear o, simplemente, a "perder el tiempo". Este "perder el tiempo", tan denostado hoy en día por parecer sinónimo de pereza, es algo fundamental. Por ejemplo: estar sentado en un banco viendo pasar a la gente, tumbarse al sol, cerrar los ojos y conectar con nuestro interior... sestear, proporcionarse cosas y momentos agradables... todo eso que en general nos gusta hacer en vacaciones.

Cuando regresemos de las vacaciones a nuestros trabajos diarios debemos intentar no perder la costumbre de reservar unos instantes para nosotros mismos, para escuchar música, pasear, hacer ejercicio o charlar con nuestros familiares o amigos. Pongámonos como prioritario el contacto afectivo con los que queremos. Seguramente, nuestro bienestar será mayor y eso hará que encaremos el día a día con mejor ánimo.

Recuerde, como he leído hace poco, que el trabajo más productivo es el que sale de las manos de un ser humano contento.

domingo, 25 de julio de 2021

SENTIRNOS UN POCO MEJOR



Imagen: Pixabay

Vivimos en una época de cambios rápidos y en demasiadas ocasiones también confusos. Todo trascurre a mucha velocidad y eso, en ocasiones, nos hace sumergirnos en la vorágine del día a día, sin prestar demasiada atención a si, desde un punto de vista psicológico, nos sentimos bien, mal o regular. Por esto es necesario encontrar momentos y desarrollar estrategias para, en cualquier caso, sentirnos siempre un poco mejor:

1. Renuncie a intentar cambiar el pasado. Deje de invertir tiempo de sus pensamientos en él. El pasado, pasado está, y nadie lo puede cambiar. Delo por vivido, y punto. Por el contrario, invierta su energía en el presente y en lograr que cada día se encuentre mejor.

2. Abandone el victimismo. No hay nada más tóxico que la autocompasión. Sí, ha podido sufrir y pasarlo mal. Pero es que la vida es así. Hay momentos de tristeza y malestar. Pero también hay momentos de alegría y de bienestar. La vida es injusta. Recuérdelo con frecuencia para, lejos de estancarse en una autocompasión paralizante, darse cuenta de que está vivo y de que tiene todo por delante para hacer y ser, lo que quiera lograr.

3. Acepte sus limitaciones, y no diga nunca “no puedo”. Todos tenemos nuestras debilidades y nuestras fortalezas. Potencie las segundas y acepte las primeras. No es el único ser humano imperfecto y que se equivoca en el mundo... ¡todos los somos y nos equivocamos! Precisamente las limitaciones me hacen eso, más humano. Y, además, es una buena manera de aprender.

4. Rodéese de gente que le aporte bienestar, energía positiva, risas y conversaciones válidas. La vida es demasiado corta para malgastarla en tonterías, cotilleos y diversas banalidades.

5. Si está pasando una mala época, se encuentra enfermo, o tiene que enfrentarse a una adversidad, intente encontrar algo bueno en lo malo. Evidentemente, lo malo es malo, pero va a ser su actitud la que le va a ayudar a enfrentarlo mejor. Por eso tenga una actitud fuerte y decidida, a pesar de la adversidad. Asuma y acepte la situación cuanto antes porque eso le ayudará a ir sobreponiéndose.

6. Haga ejercicio. No se trata de correr maratones (si le gustan, ¡adelante!) sino de mantenerse ágil, caminar a paso rápido, por ejemplo. Si lo hace de manera rutinaria, su cerebro se lo agradecerá y notará casi de inmediato los beneficios.

7. Implíquese en la vida. Sea amable con los demás, agradezca el día que ha tenido. Tenga una actitud positiva, no solamente con los demás, sino también consigo mismo.

8. Huya de autosabotearse y de hacerse daño a sí mismo. Conviértase en su principal aliado y así le será más fácil serlo de los demás.


domingo, 18 de julio de 2021

ALGUNOS CONSEJOS PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD


Todos tenemos momentos a lo largo de nuestra vida en los que experimentamos ansiedad. La ansiedad es una emoción normal y sana, que todos sentimos, y en general nos hace rendir mejor o enfrentarnos a determinadas situaciones con más probabilidades de éxito. Nos prepara para la acción y para estar alerta. Esa es la ansiedad buena.

La ansiedad mala es aquella que experimentamos cuando no necesitamos estar en alerta, rendir mejor o enfrentarnos a alguna situación. Esa es la que hace que físicamente notemos efectos como sudoración, dolores de cabeza, palpitaciones, temblores musculares y un sinfín más de síntomas que interpretamos asustándonos y provocando más tensión muscular, más síntomas y más miedo.

Para conseguir que dicha ansiedad vuelva al umbral en el que debe estar y se convierta de nuevo en una respuesta normal y satisfactoria, podemos guiarnos por estas pautas.

* No tenga miedo. No va a suceder nada terrible. Por mucho que los síntomas sean muy aparatosos, ni se va a volver loco, ni va a pasar nada.

* Aceptar que en ese momento tiene miedo es la mejor manera de enfrentarlo y hacer que empiece a ceder y se vaya reduciendo.

* Respire con calma, ayúdese de la respiración diafragmática, la que llega al final de nuestros pulmones y hace incompatible fisiológicamente experimentar ansiedad. Haga respiraciones profundas y tranquilas, y verá cómo, poco a poco, los síntomas desaparecen.

* Distráigase: mire alrededor y fíjese en lo que ocurre fuera. No se auto-observe e intente estar distraído y ocupado físicamente. Lo peor que puede hacer es tumbarse y quedarse quieto; aumentará la autobservación y con ello los síntomas.

* Maneje bien sus pensamientos: Piense que no está en una situación real de peligro, que su mente la maneja usted y que es capaz de controlarla y pararla.

Proporciónese pensamientos tranquilizadores y positivos, y verá cómo su mente es capaz de ir frenando la respuesta de ansiedad, cómo desaparece el miedo y se va sintiendo mejor.

domingo, 11 de julio de 2021

SERENIDAD Y BIENESTAR



Imagen: Pixabay

“Como pases el día, así pasarás tu vida”, leo en una entrevista a una escritora americana y pienso que no le falta razón. Generalmente, esperamos que las circunstancias nos sean favorables, que nos vayan bien las cosas, poniendo más la atención en los demás y en lo que nos rodea, cuando en realidad es uno mismo el que debe empeñarse en ser feliz, en vivir con serenidad a pesar de que, a veces, los vientos del día a día no nos sean favorables.

Nadie más que uno mismo se va a encargar mejor de su propia felicidad. Nadie lo va a conseguir mejor. Ser feliz, vivir con alegría, es el principal trabajo que tenemos. Porque nuestro bienestar no depende de nuestro jefe, o de nuestros compañeros de trabajo o de un amigo. Hay que poner empeño por ser feliz, vivir con alegría.

Porque así, con ese empeño, los acontecimientos del día a día dejarán de tener un tinte derrotista y amargo, y aunque los problemas se presenten, seremos más capaces de enfrentarlos con esa actitud. Con la actitud de que dependerá de mí cómo me afecten y cuánto.

Pongamos más empeño en nosotros mismos y no lo pongamos tanto en las circunstancia externas.

Olvidemos a la persona que nos trató mal, pasemos página al desamor, también a los errores cometidos. No fueron errores sino parte de un proceso, de un trabajo que se encuentra en progreso. Y este progreso continúa toda la vida, hasta el momento en que morimos. Dado que nuestro tiempo es limitado, ocupémonos de nosotros mismos.

Deshágase de lo inútil, empezando por los malos pensamientos.  Esfuércese por darse bienestar cada día. Si alguien le rompió el corazón, si alguien le hizo daño, piense que su corazón y usted son más fuertes.

Tenga esperanza. Trabaje consigo mismo el estar contento y trasmitir alegría hacia usted mismo, porque eso se ve, y se exhala hacia fuera también y le proporciona a usted, y a los que le importan, bienestar.



domingo, 4 de julio de 2021

EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD





Fotografía: Pixabay

No hay recetas para la felicidad y es importante saber que no existe la felicidad completa. A lo largo de nuestra vida tenemos momentos felices en los que nos sentimos bien, alegres, con entusiasmo y optimismo. Otros momentos, sin embargo, se llenan de nubarrones y nuestro ánimo entristece, lloramos o pensamos “qué difícil es todo”… sin darnos cuenta que también eso forma parte de nuestra felicidad porque son los malos momentos los que nos deberían servir para vivir intensamente los buenos.

No hay una sola felicidad y cada uno de nosotros vamos construyendo la nuestra a medida que vivimos. Descubrir qué clase de felicidad es la mía, qué es lo que me hace vivir con serenidad y bienestar, es el trabajo más importante de nuestra vida porque se trata de eso, de nuestra vida, al margen de modas, dictámenes sociales, etc.

No hay recetas infalibles porque cada felicidad es personal y única, pero sí que hay una serie de caminos comunes que a todos nos van conduciendo a esa felicidad y bienestar.

El primer camino es tener paciencia, no importa si otros avanzan rápidamente y aparentemente triunfan y son, aparentemente, siempre felices. Nosotros llevamos nuestro ritmo y no nos alejaremos de aquello que queremos conseguir.

Asumir nuestras fortalezas, nos equilibrará cuando cometamos errores, aquellos errores por los que nos condenamos o nos condenan y que, sin embargo, son muy humanos. Hay que asumir mentalmente que somos imperfectos, con la idea tan cierta, y tan racional, de que somos capaces de hacer muchas cosas bien.

De ahí se deriva que no debemos paralizarnos en nuestros dolores sino mirar un poco más allá. No hay que sufrir inútilmente, anticipando miedos o catástrofes; hay que asumir nuestras responsabilidades, pero no caer en la culpa que nos paraliza y nos impide avanzar. Debemos revisar nuestra escala de valores y repasar verdaderamente si estamos viviendo de acuerdo a ella o nos hemos desviado empujados por la vorágine del tiempo en el que vivimos.

Abrir bien los ojos y ver todo lo bueno que hay a nuestro alrededor; practicar el optimismo realista, el que no pierde de vista que hay que mantener los pies en el suelo, pero que piensa que la vida tiene sentido, a pesar del dolor, y que hay que seguir luchando cada día por darle ese sentido que nos lleva a la felicidad.


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