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domingo, 3 de julio de 2022

HABLAR CON LOS HIJOS


Todos los padres tenemos la misma preocupación: que nuestros hijos crezcan sanos y se vayan convirtiendo en personas fuertes y que en el futuro sean felices. Invertimos tiempo y energías en aconsejarles, corregirles y enseñarles. Todo ello requiere un gran esfuerzo y dedicación y es... muy cansado. La crianza de los hijos, tanto físicamente, como psicológicamente, es una tarea dura, aunque la satisfacción de verlos crecer felices supera con creces cualquier esfuerzo.

Explicarles, en el ambiente familiar, las diferentes situaciones y personas con las que pueden enfrentarse en el día a día es fundamental para favorecer en ellos una correcta autoestima y para darles seguridad. Algunos padres olvidan que hablar con ellos significa estar al tanto, todos los días, de sus preocupaciones, de sus dudas y preguntas, y de cómo se sienten . No es solamente atenderles físicamente o preocuparnos por las tareas escolares. Tenemos que adelantarnos y explicarles cosas de un mundo que apenas están empezando a conocer.

Damos por sentado situaciones y conductas, sin caer a veces en la cuenta de que ellos han venido a este mundo a "cero" y que depende de nosotros el que vayan poniendo en marcha recursos con los que poder ir enfrentándose al día a día. Explíquele a su hijo y hable con él. Escuche, con una escucha activa, sus sentimientos y emociones, y observe cómo se siente, aunque le parezcan nimiedades. Para él son todas cosas muy importantes. Después, dígale lo que cree que debería hacer para ir enseñándole el camino.

Hablar con su hijo, explicarle el mundo que se va encontrando cotidianamente, es una tarea que hay que hacer desde pequeños para poder seguir haciéndolo en la adolescencia y continuar en la vida adulta, siendo los padres modelos de referencia para enseñarles a vivir su propia vida.



domingo, 26 de junio de 2022

DE LO QUE ESTÁ HECHA LA FELICIDAD


Hoy en día tenemos consejos para todo: cómo comer mejor, qué hacer en cinco pasos para adelgazar o engordar, qué debemos pensar o qué actitudes tomar para sentirnos mejor y mejorar así nuestra autoestima... Pero la información es muchas veces contradictoria y lo que nos aconsejan unos, otros nos lo desaconsejan.

De esa manera estamos con frecuencia muy pendientes de lo externo para ver qué es lo mejor que podemos hacer o pensar para ser felices. Todo tiene que venir de fuera y cada cual parece tener su receta mágica.

La realidad es mucho más sencilla y está al alcance de todos.

La felicidad, en realidad, no depende de lo externo. Eso ya lo sabemos, me dirán, pero, ¿cómo hacer para sentirse bien?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de que la felicidad, entendiendo por ella ese estado de paz interior y serenidad que todos anhelamos, no depende de la realidad que nos toca vivir sino de la interpretación que hacemos de ella.

Por eso, los elementos que a alguien le proporcionan esa serenidad buscada, para otras personas son insuficientes o distintos.

Encontrar un sentido a la vida es a veces complicado. La vida no es justa ni tampoco es fácil. Intentar encontrar sentido a lo que hago y ser capaz de modificar el rumbo de mi vida si no me satisface, requiere valor. Por eso, la felicidad está al alcance de todos. Simplemente, hay que atreverse a cambiar. Ese cambio mental profundo que nos lleva a agradecer y a apreciar lo que tenemos; a disfrutar del afecto de las personas a las que queremos y a recordar a las que se fueron y el legado afectivo que nos dejaron.

www.diazbada.com

domingo, 19 de junio de 2022

CUANDO AMENAZA LA ANGUSTIA



Imagen: Pixabay

Cuando padecemos ansiedad es muy frecuente que experimentemos, en ocasiones sin que previamente suceda nada negativo o que nos altere, una sensación muy negativa que puede ir desde la sensación de opresión en el pecho, ahogo o dolor de cabeza hasta malestar en el estomago, sudoración, temblores musculares, etc… Así, hasta casi trescientos síntomas diferentes que se han podido diagnosticar.

Además, en ese momento, que no suele durar más que unos minutos, pero que parecen interminables para quien los padece, se suele experimentar mentalmente una sensación profunda de miedo que puede llegar al pánico, sensación de que algo terrible va a suceder. Se padece un terror intenso mental por lo que está sucediendo. A veces, no hay ningún pensamiento concreto que esté en nuestra mente, más que el del miedo.

El que ha experimentado un ataque de pánico, pico de ansiedad o momento de angustia, sabe de lo que hablo.

La reacción inmediata que solemos tener es, por supuesto, además de pasarlo muy mal, asustarnos y, si estamos en casa, tumbarnos, o si vamos conduciendo, parar inmediatamente el coche, e intentar esperar a que pase ese mal momento.

Pero lo más importante es que, en el cerebro, el momento de terror ansiógeno que padecemos deja un huella profunda que hace que por un lado temamos que en cualquier momento nos vuelva a pasar lo mismo, con la consiguiente pérdida de confianza en nosotros mismos y el vivir prácticamente con el temor permanente a que esto suceda y, por lo tanto, en alerta.

El miedo hace que, a veces, dejemos de llevar la vida que llevábamos y restrinjamos, por ejemplo, nuestras salidas, el hacer determinadas cosas que quizás estábamos haciendo cuando nos encontramos tan mal, etc. En definitiva, la huella mental que nos deja es que pensamos mal y nos sentimos mal, y nos quedamos atrapados en ese círculo vicioso y así es más probable que vuelva a producirse el ataque de pánico.

Con frecuencia tomamos ansiolíticos que, evidentemente, cuando los tomamos, hacen efecto y nos relajan, aunque no siempre, porque la mente es más fuerte y el miedo puede llegar a ser superior a la medicación que tomamos, lo que nos impele a necesitar cada vez más dosis.

Tratar este tipo de problemas es algo habitual en las consultas de psicología, con un tratamiento cognitivo-conductual que es el tratamiento de elección, porque es el que mejor resultados da.

Lo fundamental es perder el miedo. La ansiedad es un monstruo que está en nuestra mente y que nos ocasiona mucho malestar, pero que se puede aprender a manejar primero, y a eliminar después, perdiéndole miedo y aguantando con las herramientas adecuadas.

En el momento en que se le pierde el miedo y no se adopta mentalmente la respuesta de huida y se enfrenta usted a la ansiedad, ya ha empezado a ganar la partida. Seguir con estrategias conductuales y cognitivas es ganar la batalla ya para siempre a la ansiedad, que desaparecerá y le permitirá volver a confiar en sí mismo.




domingo, 12 de junio de 2022

PEQUEÑOS CAMBIOS PARA SENTIRNOS MEJOR

Henri Fantin-Latour (1836 - 1904) · A basket of roses

La felicidad es uno de nuestros máximos objetivos.

Trabajemos o estemos jubilados, sanos o enfermos, solamente disponemos de una vida y el estar bien, sentirnos bien, es, sin duda, uno de los prioritarios objetivos diarios que tenemos todas las personas.

Por eso, estos consejos nos ayudan a conseguirlo:

- Simplifique el entorno donde vive; a no ser que tengan un significado especial para usted, regale, done o tire todo aquello que no usa y que durante años ha ido acumulando. Reducir las necesidades aporta bienestar y serenidad interior.

-  Hacer ejercicio regularmente aporta sin duda un gran bienestar. No tenga pereza y con un calzado cómodo, salga de casa a pasear.  Camine por lo menos una hora diaria. Evita el deterioro, lo demora y hace que se encuentre distraído y, por lo tanto, con mejor ánimo.

- Si está ya jubilado o no puede hacer la actividad que antes hacía, busque otras alternativas. Encuentre actividades que le hagan disfrutar.

- Recuerde que conseguir la felicidad no es desear lo que nos falta, sino disfrutar de lo que aquí y ahora tenemos. No se preocupe por lo que no ha ocurrido y no anticipe mentalmente problemas que, de momento, no tiene. Pensar negativamente le causará gran infelicidad y malestar, preocupándose por cosas que quizás nunca sucedan.

- Haga planes, actividades, manténgase entretenido y activo. El presente es lo que tenemos y eso es lo que hay que vivir.

- De vez en cuando, mire con serenidad a su propia vida, cómo la ha vivido, las personas que ha conocido, las cosas que ha hecho y, sin juzgarse, sienta satisfacción por todo lo hecho.

- Reflexione de vez en cuando sobra la muerte. Decía Séneca que meditar sobre la muerte es meditar sobre la libertad.

- Cuídese mostrando interés por la cultura, por las noticias y avances del día a día. Recuerde que lo mejor de la vida es el continuo cambio, no la repetición.

- Sea generoso y compasivo con los demás. Recuerde que el perdonar a los demás, y a usted mismo, por sus errores, produce bienestar. La compasión con los demás, el conectar con los otros con amabilidad, siempre le harán mejor persona y le darán una serenidad interior que es difícil de conseguir de otra manera.



domingo, 5 de junio de 2022

TÚ PUEDES CAMBIAR TU VIDA

Imagen: Pixabay

Estás disconforme con el curso de tu vida… pero sigue haciendo las mismas cosas y yendo en la misma dirección.

Te quejas de que los demás te rechazan, pero tu actitud a la defensiva impide que se acerquen a ti.

Te empeñas en seguir llevando a cabo las mismas conductas de siempre, y no caes en la cuenta de que si sigues haciendo lo mismo, obtendrás los mismos resultados.

Es como si te dieras de frente con un muro que te empeñas en seguir traspasando, sin pararte a pensar y reflexionar por qué te sucede esto.

Sabes que tu actitud no es buena, porque te produce desesperanza y amargura, pero sigues quejándote de lo difícil que es tu vida, sin pararte a pensar que la vida es difícil para todos y que si no cambias tu actitud, nada cambiará.

Es más cómodo echar balones fuera y no pararse a pensar en qué puedo cambiar o qué puedo hacer para sentirme mejor.

Cuando culpamos a los demás, caemos frecuentemente en la autocompasión y nos quedamos atrapados en un círculo en el que sentirnos víctimas de todos nos llevará probablemente a malvivir, cuando no a la depresión.

Muchas veces tenemos miedo y no nos atrevemos a hacer cambios porque pensamos que éstos saldrán mal, como si pudiéramos adivinar el futuro, cosa imposible siempre.

También por miedo a que nos rechacen, cuando el foco de atención no debe estar en los demás sino en mí, o por miedo incluso a sentir, a arriesgar, no vaya a ser que sufra, sin darnos cuenta que ese miedo es el mayor sufrimiento que padecemos en esos momentos y que ya viene durando mucho tiempo.

Es importante rehacerse por dentro, ir dando pequeños pasos y atreverse a realizar pequeños cambios que nos harán notar una energía nueva, como si se abriese una puerta que nos conduce a un sendero que no conocemos y que, a pesar del miedo, estamos dispuestos a recorrer.

Paso a paso, con esos cambios, iremos dándonos cuenta de que la vida nos estaba esperando, de que éramos nosotros los que nos negábamos a vivirla y de que caminando vamos encontrando esperanza, ilusiones, y que nadie más que nosotros mismos nos vamos a encargar de nuestra felicidad.



domingo, 29 de mayo de 2022

PATOLOGIZACIÓN DE LA VIDA COTIDIANA


Parece que sentir determinadas emociones asociadas a acontecimientos externos que suceden en el día a día no es tolerable, y así algunas personas sienten un temor intenso a experimentar emociones que siempre han sido sanas, que en realidad son protectoras y que permiten poner en marcha recursos personales que todos tenemos.

Estas personas acuden enseguida al especialista a que les dé determinadas pastillas si, por ejemplo, sienten tristeza ante la pérdida de un ser querido o experimentan ansiedad ante una entrevista de trabajo que tienen que realizar o ante un vuelo que tienen que coger o frente a una conferencia que tienen que dar. Lo mismo sucede cuando la persona, por ejemplo, se va a separar o divorciar y acude al médico para que les proporcione alguna medicación para evitar caer en una depresión o poder sobrellevarlo mejor.

De tal manera que el aumento del consumo de ansiolíticos es cada vez mayor, así como de antidepresivos. Sin embargo, recientes investigaciones llevadas a cabo dicen que el efecto placebo es real en un 50% de los casos, es decir, la persona se cura sin necesidad de tomar nada, y que, en este tipo de situaciones, las pastillas solamente mejoran en un 50% de las ocasiones.

Las personas tenemos que saber que la tristeza no se trata con una medicación y que es normal tener un ánimo bajo después de, por ejemplo, una ruptura amorosa o de la pérdida de un ser querido. Que lo normal es ponerse nervioso ante un viaje o ante una charla que tengo que dar ante un auditorio lleno. Que esas emociones son buenas y que no hay que tratarlas o esconderse de ellas, convirtiéndonos en personas solamente acostumbradas a sentir supuestamente lo bueno y por lo tanto en terriblemente frágiles, porque ante cualquier revés de la vida caemos en espirales mentales de malestar de los que cuesta salir.

Acostumbrarse solamente a sentir emociones positivas o a sentirse siempre bien es tan irreal como perjudicial. Esta vida esta llena de sinsabores y de tropiezos, pero precisamente los humanos tenemos la capacidad y los recursos de enfrentarnos a ellos y tenemos que asumir estas contrariedades y dificultades porque suponen un proceso de adaptación a lo cotidiano, a lo bueno y a lo malo, que interiormente nos fortalece y nos da energía, confianza en nosotros mismos y bienestar.

No hay que olvidarse de que la medicación genera beneficios en algunos casos, pero también daños, y que el efecto, por ejemplo, de muchos antidepresivos es similar al efecto placebo.

Poner en marcha los recursos de los que todos disponemos, acudiendo si es necesario a psicoterapia donde los resultados en cuanto a éxito son muy altos, y tomando medicación solamente en algunos casos muy determinados, conseguirá que nos convirtamos en artífices de nuestro bienestar, implicándonos en nuestra salud, y no solamente dejándola en manos de los otros.


domingo, 22 de mayo de 2022

EMOCIONES CONTROLADAS

Imagen: Pixabay

Nos pasamos gran parte de nuestra vida reaccionando y dejándonos arrastrar por las emociones en lugar de aprender a controlarlas y dejarlas salir de manera adecuada. La inteligencia emocional es precisamente eso, aprender a responder, en lugar de reaccionar.

La reacción es una fuerza que sale sin control la mayoría de las veces, y en las relaciones interpersonales esto nos hace sufrir mucho, porque nos hieren o herimos al otro innecesariamente.

El verdadero control emocional no consiste en reprimir las emociones, sino en dejarlas que fluyan de una manera adecuada.

Reaccionar proviene de nuestro yo primitivo, que se pone a la defensiva y teme un ataque. Responder proviene de nuestro yo inteligente, que evalúa y decide qué hacer o decir adecuadamente en un momento determinado.

Las emociones nos acompañan toda nuestra vida y aprender a darlas salida de una manera adecuada nos proporciona seguridad y autoconfianza. Canalizándolas adecuadamente y respondiendo, conseguimos no dejarnos manipular por los demás y no ser presa de nuestros propios arrebatos, que nos llevan a decir y a hacer cosas de las que luego nos arrepentimos en demasiadas ocasiones.

Para practicar el verdadero control emocional, no deje que sus emociones le desborden y practique el "responder" en vez de dejarse arrastrar por una reacción arrebatada que sin duda le hará luego sentirse peor.



domingo, 15 de mayo de 2022

A SOLAS CON LOS PENSAMIENTOS

Imagen: Pixabay

Nuestro cerebro, siempre en funcionamiento, elabora pensamientos de todo tipo.

Unos neutros, de los que apenas somos conscientes porque no generan ninguna emoción.

Otros de tipo positivo, que rápidamente se traslucen en emociones de alegría, euforia o plenitud. 

Los peores son los pensamientos negativos. Si pudiéramos ponerles un color,  sería el negro.

Como si de una espiral se tratara, empezamos a pensar mal para ir profundizando cada vez más en el malestar que estos mismos pensamientos nos provocan. Y así, empezamos por tener miedo y por pensar negativamente sobre si aquello a lo que debemos enfrentarnos nos saldrá mal, o qué pensarán de mí tales o cuales personas.

Personalizamos y nos vemos como causantes de todo lo peor, maximizamos nuestros errores, aunque estos hayan ocurrido en un pasado lejano, torturándonos y reprochándonos cómo no pudimos darnos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Caemos en esa espiral en la que la autocompasión y los peores augurios parecen reales y nuestro ánimo se llena de tristeza, de pena, de angustia y de ansiedad.

Frenar esos pensamientos resulta ya muy difícil, metidos mentalmente en una tormenta en la que sin duda naufragaremos.

Por eso es importante detenernos antes de caer definitivamente en ella.

Debemos parar y dudar, cuestionándonos sobre si lo que estamos pensando, tan negativamente, es para tanto. Por ejemplo, ¿no deberíamos juzgar nuestros errores del pasado a la luz de entonces y no con lo que sabemos ahora?

Debemos parar y tener en cuenta todo lo aprendido a lo largo de nuestros días, de nuestra vida, siendo conscientes entonces de que muchos temores no son más que fantasmas que aparecen en nuestra mente causándonos desdichas que luego, solamente en muy pocas ocasiones, se convierten en algo real. 

Debemos parar y salir de la autocompasión y mostrarnos firmes con nosotros mismos para entender que la vida siempre nos sorprende, y además siempre gana, y que, aunque con sus dificultades, debemos vivirla mientras la tengamos, lo mejor posible.

Debemos parar, y deshacernos de los pensamientos de miedo debe de ser una tarea en la que invirtamos minutos y minutos de nuestra vida, todos los días, en una labor continua de crecimiento ment.

Así nos convertiremos en dueños de nuestra mente y, por lo tanto, viviremos mejor.


lunes, 9 de mayo de 2022

TEMOR AL FUTURO



Imagen: Pixabay

Temer al futuro es algo bastante frecuente.

¿Quién no se ha preguntado: “¿Y si…?”, añadiendo en los puntos suspensivos todo tipo de calamidades: si me despiden del trabajo, si pierdo a mi pareja, si enfermo… y así una lista interminable. Tantos miedos y temores, casi como personas hay en este planeta. Lo que a unos nos causa miedo, a otros les resulta indiferente.

El miedo al futuro es muy frecuente porque las personas vivimos con la falsa creencia de tenerlo todo controlado y una de las cosas que no tenemos controlado es el porvenir, lo que provoca un miedo anticipatorio que nos genera mucha ansiedad.

Sin embargo, huir de nuestros miedos o dejarse “comer” por ellos, rumiándolos o anticipándonos, no es más que darles más fuerza, cuando enfrentarse a ellos racionalmente supone siempre el dominarlos.

Párese a pensar y verá que, en sus pensamientos, estos miedos anticipatorios están siempre presentes.

Estudios neuropsicológicos llevados a cabo en Estados Unidos nos dicen que la preocupación y el pensar de manera anticipatoria negativamente se nos graba en el cerebro, de tal manera que lo que tememos creemos que va a pasar de verdad.

Para conseguir que nuestro cerebro deje de pensar así, debemos fijarnos en lo que está pasando aquí y ahora.

Si nos preocupamos más por el presente, que en realidad es lo que tenemos, y dejamos de dar vueltas a ese futuro a veces catastrófico que creemos que va a llegar, nos sentiremos inmediatamente mejor, porque conseguiremos romper el círculo negativo en el que nos metemos: pienso mal, luego… me siento mal.

Si nos centramos en el presente de manera positiva, nos libramos de ese miedo anticipatorio; si, además, luchamos y trabajamos por vivir nuestro día a día con serenidad y no sufriendo por nimiedades, tenemos garantizada una vida mejor.

Ya decía Séneca que una de las rémoras de la vida es esperar el mañana y perder el día de hoy.


domingo, 1 de mayo de 2022

UNA REGLA FUNDAMENTAL


Isla de la Graciosa (Lanzarote) / Imagen. Pixabay

Es importante saber qué es lo que podemos controlar y qué no.

Eso va a determinar, en buena medida, nuestro bienestar interior.

Es importante comprender éste principio; algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Por lo tanto, hay que aprender a distinguir con claridad aquello que sí podemos controlar de lo que no podemos, porque eso va a ahorrarnos muchos quebraderos de cabeza y muchas tristezas.

Por ejemplo, cuánto tiempo y esfuerzo perdemos intentando que los demás cambien, cuando solamente lo harán si ellos quieren, porque realmente ese cambio escapa a nuestro control.

Podemos aconsejar y escuchar, orientar e incluso intentar obligar a que esa persona cambie, pero solamente lo hará cuando esté convencida de que realmente tiene que hacerlo.

Por lo tanto, aceptar que no podemos cambiar algunas cosas, nos evitará esfuerzos vanos que conducen muchas veces a la frustración.

Bajo nuestro control están nuestras opiniones, actitudes, aspiraciones y deseos. Siempre tenemos la opción de elegir los contenidos y el carácter de nuestros pensamientos y vida interior.

Fuera de nuestro control está, por ejemplo, el haber nacido en tal o cual familia, el cuerpo que tenemos, la forma en la que nos ven los demás… en general, cosa externas, que no deben ser motivo de preocupación.

Intentar cambiar lo que no se puede controlar solo conduce al tormento y a la tristeza.

Lo importante será, entonces, prestar atención a nuestras propias preocupaciones y asuntos, intentando que nuestra vida interior se enriquezca con planteamientos que nos hagan crecer, pero siempre desde nuestro interior y no dejándonos cuestionar por los demás, influenciar por ellos o perdiendo un tiempo precioso malgastándolo en estar atentos a las críticas de los otros.


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