ANALITYCS

domingo, 23 de abril de 2017

¡NO ME DA LA VIDA!


¡¡Cuantas veces oímos esta expresión!! Vivimos en la época del estrés. 

Parece que nuestras rutinas están siempre empañadas por las prisas, por el querer llegar a  todo, por la actividad acuciante que nos agobia. El que no se estresa parece que no cumple, que, por ejemplo, profesionalmente no da la talla, que familiarmente tampoco llega a todo lo que debería hacer. 

El estrés se ha convertido en el compañero inevitable de nuestras vidas y hablamos de él con mucha ligereza, como si fuera imposible manejarlo y estuviéramos condenados a padecerlo.

Sin embargo, releyendo el libro de R. Carlson “Tú sí puedes ser feliz, pase lo que pase”, reconozco que no puedo estar más de acuerdo con él cuando dice que en el momento en que creemos que el estrés es algo de fuera, que nos viene impuesto y que no podemos evitar, nos predisponemos a experimentarlo y padecerlo.

Este autor insiste en que el estrés no es algo que nos sucede, sino algo que se produce desde el interior de nuestro pensamiento. 

Por eso, una misma situación  a una persona puede estresarle y a otra no. Las situaciones pueden ser más o menos difíciles, pero somos nosotros las que las definimos como estresantes, con lo que les damos una categoría o carga de dificultad que hace que las manejemos peor.

De igual modo, nos ponemos a buscar estrategias para manejar el estrés, cuándo no nos damos cuenta de que surge de nuestro interior y de nuestra manera de enfocar la vida o los problemas que se nos presentan. 

Así que, difícilmente podremos manejarlo si no sabemos cuál es la fuente que lo produce.

En realidad, el estrés no existe más que en nuestro propio pensamiento. 

Tener pensamientos estresantes, no quiere decir que la situación sea incontrolable. 

Lo primero que debemos pensar es que el estrés no es la situación, sino la valoración que nosotros hacemos de la misma. 

Cambiando esa valoración, que depende de cómo pensamos, la situación resultara más manejable y, por lo tanto, menos estresante. 

Hay que tener claro que no se trata de que estemos muy atareados o tengamos mucho trabajo, sino de los pensamientos que tenemos cuando estamos atareados y con mucho trabajo.


En definitiva, darse cuenta de que el estrés no existe y de que lo que existen son los pensamientos que nos provocan estrés, supone realmente dar con la clave para manejarlo y librarse de él.


domingo, 2 de abril de 2017

PIENSA MAL...


Uno de los errores que cometemos con mayor frecuencia cuando pensamos es creer adivinar el pensamiento del otro, lo que nos lleva a equivocarnos muchas veces y, sobre todo, a sufrir innecesariamente.

Esto forma parte de ese, por ejemplo, miedo permanente que tenemos al ridículo, concepto que no significa absolutamente nada, si partimos de la base de que, cada ser humano es libre para hacer y decir lo que crea, derecho únicamente limitado por la no agresión o la falta de respeto al otro, o dicho de otra manera, limitado por la libertad del prójimo.

Sin embargo, las personas creemos que somos previsoras y nos adelantamos a los posibles problemas si pensamos mal, si desconfiamos o si dudamos de la honestidad del contrario. Creer adivinar las intenciones de los demás lleva con frecuencia a absurdos en nuestro comportamiento. Para saber qué piensa el otro hay que preguntarlo directamente, no jugar a intuiciones ni adivinaciones de pensamiento. Les transcribo a continuación un artículo de la escritora y periodista Rosa Montero que me parece que ilustra bien cómo los estereotipos, adivinaciones de pensamientos y nuestro propio cambio de pensamiento, resuelven una situación curiosa.

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana.

Una alumna rubia e inequivocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa.

Entonces advierte que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida, pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso quizás que no tenga dinero suficiente para pagarse la comida, aún siendo barato para el elevado estándar de vida de nuestro ricos países.

De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreirle amistosamente. A lo cual, el africano contesta con otra blanca sonrisa.

A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor naturalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así , él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yougur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello, trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella.

Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.



domingo, 26 de marzo de 2017

CENTRARNOS EN LO IMPORTANTE


Nos pasamos tiempo hablando de nuestros problemas, de lo que no nos gusta.

Damos vueltas en nuestra cabeza a aquellas personas que se portaron mal con nosotros.

Rumiamos una y otra vez todo lo que va mal… y con eso solamente conseguimos malgastar nuestro tiempo y sentirnos peor.

Centrarnos en lo que nos molesta, en aquella persona que actuó mal con nosotros o en el problema que tenemos que enfrentar, no sirve absolutamente para nada.

Centrarnos en lo que va mal en el trabajo o en el mal día que hemos tenido no nos sirve.

Lo que sí nos servirá es fijarnos en lo bueno que tenemos, en aquella persona que es amable con nosotros o en lo bueno que tenemos.

Centrarnos en lo positivo, nos servirá para que nos sintamos mejor y, de esa manera, podamos solucionar mejor aquello que nos preocupa o los problemas que tenemos.

Por lo tanto, pensar en lo bueno no supone que no nos enfrentemos a los problemas, sino que al sentirnos mejor encontraremos mejores soluciones y sabremos enfrentar mejor los inconvenientes que nos encontramos.

Tendremos ánimo y fuerzas para encarar lo malo.

Si las circunstancias nos parecen adversas, no nos servirá de nada centrarnos en ellas.

Será mejor centrarnos en lo bueno que se nos presenta porque a partir de ahí encontraremos mejores soluciones, como consecuencia de sentirnos bien y vernos más capaces de resolver.


domingo, 19 de marzo de 2017

¿HACIA DÓNDE VA?


Cuando notamos el desánimo y los días se nos hacen cuesta arriba; cuando nos encontramos con dificultades o con personas poco agradables que nos hacen nuestra vida más difícil; cuando todo parece volverse en contra… es el momento de cuestionarse hacia dónde vamos, si de verdad estamos en la dirección que queremos llevar.

Por eso, cuando los negros nubarrones se presenten delante y no le dejen mirar más allá, acuérdese de lo siguiente:

. Defina sus objetivos, póngalos por escrito y persista en alcanzarlos. Organice su orden de prioridades y defina claramente hacia dónde quiere ir. De esa manera está organizando y programando su futuro. Desde las cosas más banales, hasta las más sesudas e importantes. Todas valen y, en realidad, todas son necesarias para su bienestar.

.  Tenga expectativas de éxito. Las personas que tienen expectativas positivas tienden a conseguirlas porque se motivan y hacen todo lo posible para alcanzarlas. Además, le hace mejorar su autoestima y creer más en sí mismo. No espere a que las cosas sucedan por suerte sino que propóngase conseguirlas.

. Practique para mejorar su autoestima. La autoestima es el concepto que tiene de sí mismo. Su nivel de autoestima determina lo valioso, capaz y seguro que se ve usted. Para mejorarla, reevalúe el tipo de persona que es y la que le gustaría ser y póngase manos a la obra y ejercítese en los cambios que quiere dar para ser mejor.

. Recuerde siempre que se trata de SU vida. No importa la edad que tenga o el momento en el que se encuentre. Usted es el que dirige el timón y su vida tomará un rumbo u otro en función de lo que usted decida hacer.

.  Comprométase con usted mismo. Tenga palabra consigo mismo. Con frecuencia la tenemos con los demás, no les fallamos porque nos hemos comprometido… sin embargo, con uno mismo cedemos, lo dejamos. Decídase y comprométase consigo mismo.

.  Crea en usted mismo. Las personas que llamamos exitosas son como usted y yo: de carne y hueso. 

Lo que diferencia a unas personas de otras es la tenacidad, la fuerza de voluntad, la perseverancia en conseguir lo que quieren a pesar de los fracasos.

Si no le sale bien, ¡¡¡Insista!!!

Inténtelo de nuevo. No deje de hacer lo que quiere por miedo a que dirán, a cómo reaccionarán… no deje de hacer cosas por miedos.

Atrévase. Crea en usted, y recuerde que si no lo intenta, ¿quién lo va a hacer por usted?


domingo, 12 de marzo de 2017

SABER MORIR, SABER VIVIR



En la sociedad occidental en la que vivimos, hay personas que manifiestan mucho miedo a la muerte y la sola idea de pensar que inevitablemente moriremos, les llena de temor y ansiedad, convirtiéndose éste en ocasiones en un tema tabú del que apenas se puede hablar.


Realmente, este siglo XXI nos ayuda muy poco a que consideremos como algo natural la muerte. Es más, el culto a la juventud, a la idea de que hay que vivir a tope, la baja tolerancia a la frustración… hace que se esconda lo que nos va a igualar a todos y a la que todos tarde o temprano llegaremos. La muerte, nuestra propia muerte y desaparición de este mundo.


No queremos prepararnos para morir y hablar de ello suele ser tenido como propio de cenizos y agoreros. Nos negamos a pensar que tenemos que ir asumiendo que nuestro tiempo es limitado y que inevitablemente llegaremos a nuestro final. Esto, que es una verdad meridiana, provoca en muchas personas un miedo intenso y la necesidad inmediata de cambiar de tema.


Saber que somos finitos y que nuestro tiempo, según va pasando, no tiene vuelta atrás, nos debería servir para aprovechar más la vida y ser más agradecidos.


No es infrecuente que cuando nos enteramos de muertes repentinas, tras enfermedades inesperadas o accidentes imprevistos, un rayo de lucidez llega a nuestra mente y nos decimos que hay que vivir el día a día, que hay que aprovechar cada minuto... pero se nos pasa enseguida y seguimos quejándonos o sintiéndonos desgraciados, a veces por nimiedades.


La certeza de la muerte debería servirnos para llevar una vida plena y llena de sentido. Que nuestro tiempo se va agotando y que no estaremos aquí para siempre debería servirnos como argumento para dar el mayor sentido a nuestra vida.

Preocuparnos por vivir intensamente el día a día, con sus retos, satisfacciones y desilusiones, pero siempre sintiéndonos agradecidos de poder contar con otro día, dará significado a nuestra vida.

Si, además, intentamos que nuestra vida esté también llena de compasión y de amor, iremos construyéndonos como mejores personas, atreviéndonos a vivir realmente como queremos, librándonos de convencionalismos sociales en ocasiones absurdos, sin compararnos con nadie y disfrutando realmente de lo que tenemos. 

De esta manera, podremos decir en el último día de nuestra vida que nuestra vida ha sido plena, que la hemos vivido a nuestra manera y que hemos sido nosotros mismos. De esa manera estaremos preparados para una buena muerte, después de haber tenido una buena vida.




domingo, 5 de marzo de 2017

HAZ QUE TU FUTURO SEA EL MEJOR PARA TI


Confiamos a la suerte o a los astros nuestro futuro, creyendo ingenuamente, y en ocasiones por falta de dedicación a nosotros mismos, que dependerá de ellos lo que nos pase.

Eso nos lleva a adoptar una actitud pasiva, a veces resignada, creyendo que no tenemos nada que hacer.

Sin embargo, la gran suerte que tenemos los seres humanos es que en todo momento podemos decidir qué actitud tomar, qué pensar y con eso ir dibujando nuestro día a día, con acciones que se derivan directamente de nuestra actitud vital.

Les propongo una serie de pautas para llevar cabo que pueden ayudar a ir definiendo el futuro:

. Piense en lo que es más importante para usted. Escriba cuáles son sus principales valores. Para eso, recapacite y piense cómo le gustaría que le recordasen, cuál sería su legado si se encontrase en la última fase de su vida. Qué es lo que realmente importa.

. Piense también en que es lo que más le gusta hacer. Aquello con lo que realmente disfruta. Haga una lista y hágalo.

. Piense también en cuáles son sus talentos y cualidades, así como sus puntos débiles. Intente potenciar los primeros e ir modificando los segundos poco a poco. No se condene, se quita fuerza, y sea paciente consigo mismo. Pero no haga “trampas” y no se autoengañe.

. Renuncie a cambiar el pasado y deje de darle vueltas. Invierta su energía en ir creando éste futuro con sus actuaciones presentes.

. Recuerde que no solamente es actuar, sino también reflexionar. Párese a pensar en usted: cómo se siente, cómo va su vida. Préstese atención.

. Abandone su mentalidad de víctima y pase a la acción.

. Agradezca al final del día lo que ha tenido, pensado y hecho.

La gratitud y los pensamientos positivos, ayudan a sentirse mejor y además mejoran la comunicación y la compasión.

domingo, 26 de febrero de 2017

PARA OBTENER DIFERENTES RESULTADOS


Queremos que las cosas cambien, que nos sucedan cosas distintas, pero seguimos llevando a cabo los mismos comportamientos, los mismos hábitos… y así, es imposible.

Si seguimos haciendo lo mismo y nos quedamos en la queja de la rutina, no podemos pretender que nuestra vida cambie de rumbo y mucho menos que nos sucedan cosas nuevas.

Para lograr resultados diferentes es indudable que hay que hacer cosas diferentes.

No es “esperaré a sentirme mejor, y luego ya haré otras cosas” sino “voy a empezar a hacer cosas diferentes y sin duda, me sentiré mejor”.

Todo se inicia por lo tanto en los pensamientos y en la acción que debe surgir de estos.

Los pensamientos son tan importantes que acabamos convirtiéndonos en lo que estamos pensando. Y acabamos por hacer las cosas que estamos también pensando.

Por lo tanto, debemos tener claro que cada cambio y cada progreso se inician con cambios en nuestros pensamientos.

Aunque parezca una obviedad, sin embargo es increíble que muchas personas siguen haciendo lo mismo y esperando que ocurra algo distinto. Sueñan con golpes de suerte, o la conjugación de los astros, sin darse cuenta de que es mucho más sencillo y mejor. Porque realmente depende de uno mismo.

Esa es la gran baza que tenemos como seres humanos.

Hay que atreverse a salir de la zona de confort, de la queja permanente y de la inacción.

Si realmente quiere dar un giro a su vida, piense qué puede hacer, qué cambios va a llevar a cabo y atrévase.


domingo, 19 de febrero de 2017

LA VIDA ME ATROPELLA...


… Me dice un paciente hace unos días… y pienso que tiene razón; en ocasiones, parece que la vida nos atropella. Pasa sobre nosotros como una apisonadora y hace difícil seguir adelante. Los días se vuelven rutinarios y grises y parece que la tristeza invade nuestro corazón.



Todo deja de tener sentido. ¿Para qué? Luchar tanto, intentarlo… para que vayan pasando los días y veamos que algunas personas nos decepcionan, otras nos hacen daño, aquellos en los que confiábamos de repente nos traicionan… se hace difícil seguir y. mientras tanto, la vida sigue, con su ritmo rápido y casi no tenemos fuerzas para coger aliento, para pararnos a pensar en qué está pasando, en por qué nos ha pasado algo en lo que parece que nosotros no hemos tomado parte alguna y los acontecimientos se nos escapan entre las manos como si nosotros no tomáramos parte en ellos y viviéramos sin poder de decisión.



La vida nos atropella muchas veces..., pero es necesario mantener la esperanza. La esperanza en uno mismo. En que uno es capaz de parar y de que, aunque no entienda la razones de los otros para tratarnos como lo han hecho, tengamos la certeza profunda de que a pesar de las decepciones de las traiciones y los desengaños, nos tenemos a nosotros mismos. Triste consuelo me dice mi paciente…pero yo creo que no es así.



Porque siendo conscientes de que somos los dueños de nuestra vida a través de nuestros pensamientos, podemos hacer que ésta sea finalmente lo que queremos que sea. Centrarse en uno mismo es el gran poder que tenemos como seres humanos. Determinar qué actitud tendremos ante lo que nos sucede, recuperar el ritmo que queramos dar a nuestra vida. Recuperamos la brújula que apuntará al norte que queramos, porque somos nosotros los que decidiremos en última estancia seguir adelante.



Suelo comentar en mi consulta que la vida a veces nos atropella, pero como seres humanos tenemos la obligación de parar, reconducir, pensar bien y seguir.



Fijarnos en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Fijarnos no en las traiciones, sino en la gente buena que tenemos cerca, a la que conocemos y también a aquellos que no, y que son capaces de sonreír, saludar, decir un buenos días y ser amables.



Le digo a mi paciente que tiene que hacer el esfuerzo. Claro que sí, nadie lo consigue sin esfuerzo, pero la recompensa siempre es sentirse bien. Plenamente consciente de que la vida es algo valioso y que mientras vivamos hay que vivirla con plenitud. Aquella plenitud que cada uno daremos a nuestra vida según lo que decidamos y queramos. Aquella plenitud que no dependerá de los otros, ni de la suerte o del azar, sino de la conciencia clara de que para ser feliz hay que proponérselo y no dejarse abatir. Porque la vida siempre es un regalo que hay que estar dispuesto a dar y recibir.



domingo, 12 de febrero de 2017

APERTURA, OBSERVACIÓN Y OBJETIVIDAD

Dedicamos poco tiempo a la reflexión. No es infrecuente en consulta hablar con personas que me dicen que casi no tienen ni tiempo para pensar, que la vida diaria y el estrés de querer llegar a todo hace que los días vayan pasando casi sin darse cuenta, con la desagradable sensación de que la vida se va pasando sin ser capaces de pararse y reflexionar.

Sin embargo, reflexionar no requiere de horas y horas para estar dando vueltas a aquello que nos preocupa.

Es, simplemente, tomarse unos minutos para analizar la situación en la que nos encontrarnos de otra manera, utilizando la gran capacidad que tenemos todos los humanos de dirigir nuestra mente, y actuar una vez hayamos evaluado y pensado lo que nos ocupa.

Les propongo que practiquen la reflexión, ante cualquier tema o situación diaria que se les presente.

Para ello, primero será importante tener apertura mental, es decir ser receptivos a todo lo que se nos presenta y no apegarnos a ideas preconcebidas sobre cómo deberían ser las cosas.

Aceptar las cosas como son y no como nos gustaría o creemos que deberían ser, eso es apertura de mente. De esa manera percibimos las cosas con más claridad

Después debemos observar, es decir qué sentimos nosotros mismos cuando estamos viviendo ese suceso.

Nos auto-observamos al ver nuestra reacción y nuestro papel en esa situación, de tal manera que con esa auto-observación vemos realmente el papel que tenemos en ella y podemos así cambiarla.

Y por último, la objetividad hará que no nos dejemos llevar por nuestros sentimientos o pensamientos preconcebidos y utilicemos más el discernimiento, es decir ser conscientes de que somos conscientes de que nuestros pensamientos e ideas las creamos nosotros y que, por lo tanto, lo mismo que los creamos, podemos deshacernos de ellos.

Por lo tanto, reflexionar será ser abiertos, observadores y objetivos ante lo que sucede a nuestro alrededor, pero sobre todo dentro de nosotros y en los demás.

domingo, 5 de febrero de 2017

CAMBIAR



“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”
(Albert Einstein)



Es frecuente que digamos que somos de una determinada manera y que no podemos cambiar. Creemos equivocadamente que somos así desde que nacemos e inevitablemente acabamos haciendo lo mismo, pensando lo mismo y reaccionando de la misma manera ante situaciones que se nos presentan en la vida.

Como si se tratara de una suerte ya escrita con cierta fatalidad, la persona justifica sus acciones diciéndose convencida que no puede hacer nada para cambiar.

Pero no es verdad. Todos podemos cambiar y ser de manera diferente a como éramos y, por lo tanto, hacer las cosas de manera diferente a como las hicimos.

De hecho, la personalidad es un constructo que se va haciendo y rehaciendo a lo largo de la vida. Y así, no somos iguales a los 15 años que a los 35 o a los 50.

Vamos cambiando y nuestra personalidad en constante fluir va cambiando y adaptándose a las diferentes situaciones, acontecimientos y épocas que nos tocan vivir.

Precisamente, esa capacidad que tenemos los humanos de ir cambiando y adaptándonos nos proporciona bienestar y nos ayuda a encontrarnos mejor.

Sería terrible que con cuarenta años reaccionáramos igual que cuando teníamos diez años, por ejemplo, o preocupándonos por las cosas que nos preocupaban con veinte años teniendo casi el doble de edad.

Lo que ocurre es que muchas veces nos negamos a esforzarnos por cambiar, y seguimos haciendo lo mismo, llevando las mismas rutinas y quejándonos de nuestra mala suerte y de esa imposibilidad supuesta que tenemos para cambiar, que en el fondo justifica muchas veces los miedos que tenemos o nuestra baja tolerancia a la frustración.

Pero la vida no es algo que ya está escrito desde que nacemos y en la que nada tuviéramos que hacer ni decir.

Por eso me gusta mucho la frase de Einstein con la que he iniciado este artículo. Porque nos llama a reflexionar sobre lo fácil que es cambiar. Si nos encontramos mal o tenemos una vida que no nos satisface, deberemos ser conscientes de que depende de nosotros el que cambie. Y que dicho cambio pasará inevitablemente por empezar a hacer cosas distintas.

No valen disculpas o frases de que “no soy capaz”.

Todos podemos. Solamente hay que pasar a la acción y empezar a hacer cosas que nunca hemos hecho, comprobando el efecto que tienen en nosotros, y así ir descubriendo e ir sintiendo.

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