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domingo, 17 de marzo de 2019

ENCONTRAR LAS BENDICIONES DE LA VIDA

Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay
Los científicos no se ponen de acuerdo a la hora de explicar por qué las personas tendemos más a centrarnos en lo que nos falta que en lo que tenemos. Por qué nos fijamos más en lo negativo que en todo lo positivo que nos rodea.

Las ausencias nos pesan y las pérdidas de seres queridos, que inevitablemente padeceremos a lo largo de nuestra vidas, se vuelven pesadas cargas que impiden que sigamos viviendo con armonía y optimismo.

Sin tratar de minimizar el impacto en nuestro ánimo de esas pérdidas, que inevitablemente nos producirán tristezas, ¿por qué no intentamos fijarnos en todo lo que tenemos y en lo que, a pesar de las ausencias o limitaciones que a veces una enfermedad o accidente nos produce, seguimos teniendo para seguir viviendo?

Deberíamos intentar centrarnos en todo lo que la vida nos sigue dando, porque de esa manera esa carga de tristezas que también la vida nos proporcionará inevitablemente a todos, resultará más llevadera.

Obligarse a disfrutar de lo que se tiene, empezando por una buena salud, la naturaleza, la compañía de los demás, el amor que damos y nos dan, debe ser el asidero al que agarrarnos en el bienestar diario.

Aún estando solos, en realidad no lo estamos porque vivimos rodeados de personas.

¿Por qué no ser amables con ellas, sonreír y saber que cada una de esas personas libra sus propias batallas, su carga de penas y que eso es lo que nos conecta a todos?

Sin duda, la vida nos proporciona muchas bendiciones, así como también muchas injusticias y amarguras.

Depende de nosotros no dejarse arrastrar mentalmente por estas últimas para seguir disfrutando de una vida lo más serena posible.


sábado, 9 de marzo de 2019

MANTENERSE ACTIVO

Image by vanzweb on Pixabay


La naturaleza nos indica claramente qué sucede cuando algo se estanca. Un río que deja de moverse se convierte en aguas estancadas y pútridas de las que solamente emanan fetidez.

Podemos decir que lo mismo pasa a las personas que dejan de moverse, tanto física como mentalmente.

Aunque de cuando en cuando haya que pararse, si las personas dejan de moverse, no se expanden y no aprenden. 

Mantenerse activo brinda también una ganancia adicional, que es mantenerse distraído y por lo tanto más fácilmente alejado de las preocupaciones. “Parálisis por análisis” es lo contrario a la actividad.

Mantenernos activos nos mueve a participar, a  aprender constantemente, a tomar la iniciativa. Además, mantenerse activo es una buena estrategia para enfrentarnos a aquello que tememos.

Cuando estamos activos y luchamos por ser mejores, desarrollamos capacidades y recursos que de otra manera se hubieran quedado constreñidos y aletargados en nuestro interior.

Mantenernos activos hace también que las cosas no dejen de interesarnos. El pensamiento de “nada tiene importancia” es un pensamiento muy destructivo porque hace que la persona se desconecte de la vida. 

Cuando tenemos problemas, la gran mayoría de las veces los resolvemos cuando estamos ocupados en actividades generalmente gratificantes, como puede ser estar relajados, dar un paseo… cuando nos relajamos, las soluciones aparecen más fácilmente.

No hay razón para que dejemos de interesarnos por la vida y que ocupemos y mantengamos activa nuestra mente. Ni siquiera el paso de los años. Si utilizamos nuestras capacidades mentales participando, aprendiendo, nuestra mente seguirá funcionando.

La naturaleza del ser humano exige que se involucre en todas las esferas de la vida, como la única manera de sacar partido a todo lo que tenemos y somos. Si no lo utilizamos, se perderá. 

No hay que dejar de practicar el arte de vivir.



domingo, 3 de marzo de 2019

LA OPINIÓN DE LO DEMAS

Imagen de jill111 en Pixabay

"Durante muchos años había caminado con la cabeza baja, mirando al suelo y si alguien me miraba de frente y estaba unos segundos mirándome, inmediatamente me parecía que estaba pensando algo sobre mí. Que yo no valía, que era fea, que seguro que iba haciendo el ridículo....". Esto es lo que me contaba el otro día en la consulta una de mis pacientes.

¿Por qué nos importa tanto lo que opinen los demás?, ¿qué es hacer el ridículo?

Realmente este, y otros términos parecidos, nos causan mucha infelicidad, porque, a través de ellos, lo que nos decimos y consideramos como primordial es que la opinión de los demás es importantísima, vital para nuestro bienestar, mucho más, incluso,  que la nuestra propia.

Sin embargo, imagínese que va caminando por la calle y todas las personas que se cruzan con usted piensan exactamente lo mismo: "Mira, me está mirando, seguro que es porque voy hecha un adefesio, o porque le parezco sosa, o porque..." ¿A que no tiene sentido?

Olvídese de estos términos (ridículo, espantoso, catastrófico...), pues cuando se aplican a uno mismo son absolutamente irracionales y nos generan mucha inseguridad y malestar. 

Para ello, piense que todas las personas tenemos nuestras razones y que llevamos nuestra vida de acuerdo a lo que a nosotros nos parece válido. Así que no tiene sentido estar pendiente de lo que creen o piensen los demás. A cada uno de nosotros debe importarnos lo que pensamos nosotros de nosotros mismos. Libérese de términos y actitudes que constriñen y causan una gran inseguridad, y céntrese en su vida, en sus actitudes y en usted mismo.

Lo que opinen los demás sobre usted puede tener cierto valor, siempre subjetivo, pero lo que realmente le debe importar es la opinión que tiene usted de sí mismo, la reflexión que debe hacer todos los días acerca de cómo va discurriendo su vida, y los cambios que debe hacer para conseguir vivir con serenidad y plenitud.


domingo, 24 de febrero de 2019

VIVIR CON COMPROMISO


Imagen: Pixabay
Algunas parejas, a pesar de estar años y años juntas, no se comprometen. No se implican en el bienestar del otro, sin ver que esto es lo más importante, y no se aplican en hacer diariamente un trabajo de generarse y generar bienestar. Un trabajo de intentar conseguir que se vayan creando cada vez más lazos de unión, basándose en una comunicación, en una preocupación por el bienestar del otro, y en un cuidado que se da incondicionalmente.

No es infrecuente ver cómo se antepone el propio bienestar, en ocasiones de manera egoísta, dejando de lado el cuidar al otro, a la pareja, pero también a los hijos. Se trata de parejas embarcadas en crear una familia sin haber pensado realmente en el compromiso profundo que eso supone en cuanto a renuncias, amor incondicional y lucha diaria para sacar adelante la familia y el proyecto en el que se han involucrado.

Casi de manera automática, algunas parejas se embarcan en un proyecto que parece cogido con alfileres, puesto que prevalece el egoísmo personal, el llamado ahora "postureo" de jugar a la familia feliz, que carece de raíces profundas arraigadas de verdad en el compromiso racional de estar juntos y de ir conociéndose día a día e ir afianzando ese primer amor que llevó a emparejarse. Ese primer impulso amoroso que si no se cuida y no se le presta atención acaba por naufragar, convirtiéndose en monotonía y, en muchos casos, desazón.

Cuando el amor se enraíza en un compromiso profundo, ningún viento o marea es capaz de derribarlo porque, a pesar de las tempestades, prima por encima de todo el cuidar al otro porque forma parte de la vida de uno mismo. Como si fuera un lazo imposible de deshacer y que, sin embargo, permite también en crecimiento personal y único de cada miembro de la pareja y también del resto de la familia.

Comprometerse implica renunciar, ceder, generosidad a raudales, paciencia y mucho afecto y amor. Emparejarse no es difícil; emparejarse con este profundo compromiso es más complicado porque muchas veces se carece de la lucidez para saber qué es lo que se quiere y por qué uno decide en un momento determinado compartir su vida con otro.

Pero una vez que el compromiso está claro y se lucha día a día para que se afiance emocionalmente, el bienestar arraiga en el corazón de quien lo lleva a cabo. Y también provoca en la mayoría de los casos una reciprocidad en el otro.



domingo, 17 de febrero de 2019

DARSE LO QUE CADA UNO SE MERECE


Imagen: Pixabay
Me cuenta una persona que ha leído una frase que más o menos es así: “A veces, hay que dejar de pensar en lo que sentimos y pensar más en lo que nos merecemos”. Y yo pienso en cuánta razón tiene la sentencia.

Si lo que nos decimos, el lenguaje interno que tenemos en todo momento con nosotros mismos, se centra en el malestar, en aquello que nos va mal o en los problemas que tenemos, nuestras emociones serán de malestar.

Evidentemente, nos sentiremos mal y nos centraremos a lo largo del día e incluso en cada hora en esos sentimientos negativos, metiéndonos en un círculo vicioso en el que continuamente estamos centrados en lo malo.

Pero, ¿qué ocurriría si en vez de centrarme en lo malo, en lo que me preocupa, me centro en darme lo que me merezco?

En cada momento puedo pensar en algo que me gratifique, y dármelo. Tomar la postura activa y dirigida a hacer y pensar aquello que me cause bienestar.

Centrarnos en lo que nos da paz, bienestar y tranquilidad. Dirigir nuestra mente y nuestros pensamientos a preguntarnos qué nos apetece y qué vamos a hacer para dárnoslo.

Insistir en qué nos merecemos, y proporcionárnoslo, supone insistir en creernos dueños de nuestros pensamientos y de nuestro bienestar. Sin esperar a la magia o a la suerte, sino siendo conscientes de ser nosotros mismos los que hacemos que las cosas sucedan.


domingo, 10 de febrero de 2019

CIRCUNSTANCIAS DIFÍCILES

Imagen: Pixabay
“Las circunstancias difíciles son las que muestran a los hombres”.  Leo a Arriano y pienso que es así.

Cuántas veces decimos, ante males ajenos, que nosotros no sabemos si seríamos capaces de soportarlos, de enfrentarnos a ellos.  Sin embargo, la gran mayoría de las personas somos capaces de enfrentarnos a muchas adversidades y circunstancias difíciles.

Como si de un instinto de supervivencia se tratase, cuando suceden cosas malas sacamos fuerzas de flaqueza e intentamos luchar contra ellas. No es que sea fácil, pero todos intentamos enfrentar la adversidad.

La resiliencia o la capacidad del ser humano de resistir los avatares difíciles es algo que nos permite, a pesar e los pesares, salir fortalecidos y seguir adelante.

No se trata de quejarse o de caer en la autocompasión, sino de aceptar la realidad que nos toca en cada momento. No huir de ella e intentar afrontarla poniendo en marcha recursos, los que podamos o dispongamos, pero siempre con la confianza en nosotros mismos.

Porque, eso sí, no podemos nunca escapar de nosotros mismos. Para bien, muchas veces, para mal cuando creemos que son los demás los que deben regir nuestro destino.

Aceptación y fuerza para seguir el camino; sin excusas y sabiéndose siempre el dueño de la propia vida.


domingo, 3 de febrero de 2019

CAMBIAR TU VIDA

Imagen: Pixabay
Estás disconforme con el curso de tu vida… pero sigues haciendo las mismas cosas y yendo en la misma dirección.

Te quejas de que los demás te rechazan, pero tu actitud a la defensiva no hace que se acerquen.


Te empeñas en seguir llevando a cabo las mismas conductas de siempre, y no caes en la cuenta de que si sigues haciendo lo mismo obtendrás los mismos resultados.


Es como si te dieras de frente con un muro que te empeñas en seguir traspasando, sin pararte a pensar y reflexionar por qué te sucede esto.


Sabes que tu actitud no es buena, porque te produce desesperanza y amargura, pero sigues quejándote de lo difícil que es tu vida, sin pararte a pensar que la vida es difícil para todos y que si no cambias tu actitud, nada cambiará.


Es más cómodo echar balones fuera y no pararse a pensar en qué puedo cambiar o qué puedo hacer para sentirme mejor.


Cuando culpamos a los demás, caemos frecuentemente en la autocompasión y nos quedamos atrapados en un círculo en el que sentirnos víctimas de todos nos llevará probablemente a malvivir, cuando no a la depresión.


Muchas veces tenemos miedo y no nos atrevemos a hacer cambios porque pensamos que éstos saldrán mal, como si pudiéramos adivinar el futuro, cosa imposible siempre.


También por miedo a que nos rechacen, cuando el foco de atención no debe estar en los demás sino en mí, o por miedo incluso a sentir, a arriesgar, no vaya a ser que sufra, sin darnos cuenta que ese miedo es el mayor sufrimiento que padecemos en esos momentos y que ya viene durando mucho tiempo.


Es importante rehacerse por dentro, ir dando pequeños pasos y atreverse a realizar pequeños cambios que nos harán notar una energía nueva, como si se abriese una puerta que nos conduce a un sendero que no conocemos y que, a pesar del miedo, estamos dispuestos a recorrer.


Paso a paso, con esos cambios, iremos dándonos cuenta de que la vida nos estaba esperando, de que éramos nosotros los que nos negábamos a vivirla y de que caminando vamos encontrando esperanza, ilusiones, y que nadie más que nosotros mismos nos vamos a encargar de nuestra felicidad.



domingo, 27 de enero de 2019

DESHACERSE DEL LASTRE

Imagen. Pixabay

Albert Ellis defendía la idea de que son nuestros pensamientos los que crean nuestras emociones.

Son los pensamientos los que hacen que interpretemos los estímulos externos que nos acontecen, por lo tanto, para cambiar nuestras emociones lo primero que tenemos que conseguir es ser conscientes de nuestros pensamientos, y en concreto de los pensamientos que tenemos cuando nos encontramos mal, con emociones negativas.

Daniel Goleman, el padre de la inteligencia emocional, sostiene también que nosotros escogemos las emociones que sentimos. Por lo tanto, cambiando nuestros pensamientos, cambiamos también nuestras emociones.

Lo primero que tendremos que hacer es darnos cuenta con claridad de cómo interpretamos los hechos o situaciones que nos acontecen y cómo la emoción que sentimos se deriva directamente de esa manera de interpretar lo que nos sucede.

Fíjese que es frecuente que cuando recordamos tal situación o a tal persona nos sintamos tristes o molestos o mal… y, en realidad, no está ocurriendo nada, sino que es mi pensamiento el que me hace sentir mal o provocar una emoción negativa.

Por lo tanto, eliminar las emociones negativas, para librarse del lastre, es un paso importantísimo para crecer interiormente.

Pero recuerde que librarse de ese lastre pasa indefectiblemente por ser consciente de sus pensamientos y por observar los hechos, adecuando los pensamientos, para eliminar el malestar.

lunes, 21 de enero de 2019

REGLAS DE ORO PARA VIVIR EN PAREJA

Imagen: Pixabay

Compartir la vida con alguien, y que la convivencia sea buena, no es tarea fácil.

Lo que en un principio era fantástico, conocer al otro, pasar tiempo con él/ella, hablar e ir descubriéndose, se convierte en no pocas ocasiones en monotonía y muchas veces en intercambio casi diario de reproches, de culpas y de convivencia llena de amargura.

¿Qué pasa para que, si en los primeros momentos cada minuto parece insuficiente para pasar con el otro, luego, sin embargo, se convierte en una agonía?

Dicen que la rutina parece que convierte la relación en tediosa, pero no tiene por qué ser así.

Lo que realmente ocurre es que nos olvidamos del otro, dejamos de intercambiar momentos y conductas gratificantes, hacemos del otro un enemigo en lugar de verlo como un compañero de vida… en fin, que en el camino del día a día vamos perdiendo ese amor que en los primeros momentos de la relación parecía indestructible y eterno.

Por eso es importante:

- No olvidarse que el amor hay que trabajarlo con muchos comentarios y detalles, pequeños, pero positivos. Cuidar al otro e intercambiar conductas gratificantes, que sabemos agradan al otro, hacen que el amor no caduque.

- Escuchar al otro e intentar ayudarle, evitando comentarios despectivos o burlas que agrandan más la distancia emocional. Debemos sabernos aliados y formar un equipo frente a las adversidades o problemas. Ahí reside la idea de saber que contamos con el otro cien por cien.

-No sacar la lista de agravios del pasado. El reproche produce malestar y aleja al otro. Controlar lo que decimos es fundamental. Las palabras a veces no se las lleva el viento y quedan clavadas en nuestro corazón, causando una serie de heridas difíciles de curar.

-Enzarzarse en peleas o discusiones innecesarias no conduce a nada y por lo tanto es mejor evitarlas. A veces es mejor no tener la razón, pero sentirse bien. Usted elije.

-Saber dialogar con respeto y teniendo en cuenta al otro, el momento en que se encuentra. Insistir lleva a la crispación en muchas ocasiones. Es mejor callar y abordar el tema en otro momento de más serenidad.

-Recordar que el amor verdadero exige voluntad. La determinación de que el amor hay que trabajarlo, con compromiso e inteligencia. Y con bondad. No hay que descuidarlo, y solamente así dura.



domingo, 13 de enero de 2019

INOLVIDABLES

Imagen. Pixabay

Nuestros pensamientos van tejiendo nuestra vida, formando recuerdos de personas y situaciones en las que estuvimos y que ya no forman parte de nuestro presente.

Para bien, y a veces para mal, nuestros pensamientos vagan por el pasado recordando situaciones que nos llenaron, a personas a las que quisimos y ya no están en nuestras vidas, llenando nuestro corazón de sonrisas y de melancolía.

El presente se nos antoja más rudo y áspero, cuando en realidad podemos hacer el mismo ejercicio que cuando miramos hacia atrás con suave melancolía y convertir lo cotidiano en amable.

Tejer nuestra mente a lo largo de nuestra vida, lentamente, con todos los pensamientos acerca de la misma, que deben ser de paz y serenidad, es un buen ejercicio mental para sentirse bien.

Escoger el camino de la serenidad pasa inevitablemente por hacer inolvidables a aquellas personas que formaron parte de nuestra vida y que tanto nos aportaron, y por obligarse a vivir en el presente valorando a los que tenemos cerca y queremos; ir aceptando nuestra finitud y, por eso, aprovechar cada minuto de nuestra vida en intentar sentirnos bien y hacer sentirse bien a los demás.


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