ANALITYCS

domingo, 23 de julio de 2017

La ansiedad o el miedo a tener miedo


Frecuentemente, cuando tenemos ansiedad vivimos en un estado de alerta continuo.

Como si tuviéramos que estar pendientes de un peligro inminente, que en realidad no es real. De tal manera que nuestra mente esta siempre sujeta a una autobservación negativa pendiente de síntomas de agobio que van desde taquicardias a dolores de cabeza o temblores, sudoración, pequeños mareos...

Todo ello es indicativo de una activación de nuestro sistema nervioso que en realidad no obedece a nada real, puesto que seguimos llevando la vida normal y enfrentándonos a nuestro día a día. Sin embargo, al tener ansiedad aparecen los miedos. Miedo a que me pase algo, a perder el control, a creerme que suceda lo peor, como volverme loco o hacer algo fuera de control… El miedo nos atrapa y nos tortura, y así empezamos a meternos en un círculo vicioso en el que tenemos miedo a tener miedo a que se disparen los síntomas de la ansiedad y a que suceda la muerte o la locura.

Ninguna de estas dos cosas sucede nunca. La ansiedad es muy incapacitante, pero, realmente, cuando se le pierde el miedo, lo que se consigue es dominarla, perder el miedo a los síntomas, que empiezan a disminuir hasta desaparecer y poder volver a controlar nuestro bienestar.

Perder el miedo a tener miedo supone ser capaces de distinguir el miedo real, aquel que nos protege de peligros reales, de ese otro miedo que no obedece más que a una activación de nuestra mente y que no provoca nunca nada más que malestar.

Aceptar que tengo ansiedad, no reprochármelo ni enfadarme por tenerla, y perderle miedo serán los primeros pasos para empezar a dominarla y empezar a conseguir que todos esos síntomas, tan incomodos, desaparezcan.


domingo, 16 de julio de 2017

PARÁLISIS POR ANÁLISIS


Todos sabemos lo que ocurre con unas aguas que no corren; se estancan y se pudren.

Mantenerse activo es una de las mejores cosas que podemos hacer los seres humanos.

Nos proporciona bienestar y está al alcance de todos.

No es infrecuente oír a personas que no se han jubilado nunca y que siguen activos a pesar de tener una edad avanzada. Claramente, el estar activos les permite seguir manteniéndose vivos, mejorar sus cualidades físicas y mentales.

Pararse a pensar es estupendo, pero, en ocasiones, analizar sin pasar a la acción nos paraliza en repeticiones mentales de las que es difícil salir.

Es lo que se conoce como la parálisis por análisis. Es decir, el círculo vicioso que se produce al estar analizando una y otra vez qué hacer o no, qué decidir o no… lleva a inmovilizarnos y a seguir muchas veces en el malestar.

Mantenerse activo, pasar a la acción, supone negarse a perder cosas: bienestar físico y actividad mental, capacidad de reflexionar y de hacer.

La actividad física y mental supone que usamos nuestras capacidades o las perdemos.

Además, hay una ganancia fundamental que conlleva el mantenerse activo, que es que al hacerlo nos alejamos de las preocupaciones. 

Supone expandirse y aprender.

Si tenemos las destrezas adquiridas, el practicar hace que las mantengamos, y si no las hemos adquirido, el aprendizaje nos motiva y nos llena de energía.

No hay que dejar de involucrarse en actividades que nos atraigan y nos permitan practicar el arte mejor del mundo que no es otro que el arte de vivir.

domingo, 9 de julio de 2017

PEQUEÑOS CAMBIOS, GRANDES ESPERANZAS


La mayoría de la gente que se siente mal coincide en que no llevan a cabo grandes cambios para salir de ahí. Cuando les pregunto por qué, suelen decirme que no se ven capaces, que les resulta imposible, que es un mundo para ellos/as salir de ese malestar.

Sin embargo, siempre pienso que lo que se esconde detrás de esa inactividad son dos cosas. Por una parte, la comodidad de situarse en su zona de confort, de tal manera que aunque negativa, se sienten cómodos quejándose y auto-compadeciéndose.

Además, está el miedo. El miedo a no verse capaces, el temor a intentarlo y fracasar, a asomarse a lo desconocido y perder… y curiosamente son esas dos cuestiones las que les incapacitan o anclan en el malestar.

Para poder luchar contra estas dos cuestiones es imprescindible partir siempre de la misma base.

Ser conscientes de que la vida de cada uno la dirige cada uno.

Es decir, las circunstancias de cada persona le son propias, pero la actitud que cada uno de nosotros tome con respecto a esas circunstancias es la que realmente va a conducir nuestra vida, y determinar que sea de una manera u otra.

Ser conscientes de que cada uno de nosotros llevamos el timón de nuestra vida, independientemente de las circunstancias, nos da inmediatamente libertad de acción y seguridad, ya que nos sabemos poseedores de la mayor fuerza que uno puede tener (y la más importante en nuestra vida): el poder sobre uno mismo.

Lo que yo espero de mi vida dependen de mí, no de los demás o de la suerte. Y soy yo el principal artífice.

Así que tengo que empezar a hacer cosas nuevas, a vencer la pereza y el conformismo auto-complaciente y elegir. Si sigo haciendo lo mismo, me sentiré igual. Si empiezo a introducir pequeños cambios, las cosas cambiarán.

Elegir seguir lamentándome o seguir paralizado por el miedo (a fracasar, al rechazo, a hacer el ridículo… y miles de miedos irracionales más, que realmente no significan nada) o empezar a dar pasos para ir cambiando.

Deshacerse de los malos hábitos se consigue poco a poco.

No hay que ponerse grandes objetivos, sino hacer lo cotidiano, pero de manera diferente, lo que día a día, sumado, produce el cambio general.

Olvide lo pasado, deje atrás la frustración y el miedo, y empiece por sí mismo.

Este es el momento, y piense que cada día es un regalo y una oportunidad para empezar a cuidarse, a preocuparse de sí mismo, y a crecer.


domingo, 2 de julio de 2017

PERDER EL TIEMPO



El tiempo parece volverse un poco más lento en esta época del año; anochece más tarde, hace calor y parece que todo nos invita a tomarnos el día a día sin prisas.

Como si las prisas desaparecieran por unos meses, para volver al ritmo frenético en el que vivimos a partir del mes de septiembre.

Vivimos en una sociedad donde está hipervalorado el tener el tiempo ocupado; parece, incluso, que la persona que se toma las cosas de manera relajada, no es productiva.

Sin embargo, qué importante es hacer las cosas sin prisas, porque no solamente se gana en eficacia, sino que se evita tener muchos momentos de ansiedad innecesarios, que tanto malestar nos provoca.

Deberíamos reflexionar estos meses de verano, para intentar, en septiembre, realizar las tareas diarias que tenemos, con la rapidez que requieran, pero sin prisas innecesarias.

Para eso es fundamental organizar bien el tiempo, distribuirlo adecuadamente, sin auto-exigirnos a veces cosas imposibles de hacer y, más importante todavía que todo esto, dedicar unas horas del día a conversar, pasear o, simplemente, a "perder el tiempo".

Este "perder el tiempo", tan denostado hoy en día por parecer sinónimo de vago, es algo fundamental.

Por ejemplo: estar sentado en un banco viendo pasar a la gente, tumbarse al sol, cerrar los ojos y conectar con nuestro interior... sestear, proporcionarse cosas y momentos agradables... todo eso que en general nos gusta hacer en vacaciones.

Intentemos que cuando volvamos después del periodo vacacional a nuestros trabajos diarios, no perdamos el reservar unas horas para nosotros mismos, para escuchar música, pasear, hacer ejercicio o charlar con nuestros familiares.

Pongamos como prioritario el contacto afectivo con los que queremos. Seguramente, nuestro bienestar será mayor y eso hará que encaremos el día a día, con mayor ánimo.

Recuerde, como he leído hace poco, que el trabajo más productivo es aquél que sale de las manos de un ser humano contento.


domingo, 25 de junio de 2017

OLVIDAR PARA SEGUIR


La decepción es difícil de digerir mentalmente. Cuando alguien nos decepciona es complicado volver a pensar en él o en ella de otra manera que desde la visión de que algo se rompe profundamente y de que nos sentimos engañados.

Es un sentimiento al que es difícil dar la vuelta. Con frecuencia volvemos una y otra vez a preguntarnos cómo pudo ser que esa persona nos mintiera o engañara, cómo pudo hacernos daño intencionadamente.

Perdonar se hace difícil y sin embargo es necesario porque de esa manera dejamos de anclarnos en le pasado.

El perdón supone soltar lastre y seguir con nuestra vida. No es ofrecer de nuevo la mejilla o tender la mano. Quien nos hizo daño ya no forma parte de nuestra vida y tampoco debe formarlo de nuestro pensamiento.

En ese sentido, el perdón supone destruir el vínculo que quedaba y deshacerse de lo que nos produce malestar. No hay que dar más vueltas y, simplemente pero constantemente, hay que repetirse que hay de que dejarle ir, que se marche de nuestro pensamiento.

Aprender de lo vivido es lo que nos da fortaleza, aunque al principio duela.

Olvidar es necesario, pero un olvido consciente de que lo mejor ahora después de la decepción y la ruptura, es empezar por uno mismo. Por redescubrirse haciendo cosas, actividades, conociendo a nuevas personas, aireando nuestro interior.

Olvidar a la persona que nos trató mal, sea una relación amorosa, un compañero de trabajo o cualquier otro ser humano que se nos cruza en el camino, es aprender de los errores cometidos, reafirmarnos en que lo más importante es la atención a uno mismo.
Conectar con nuestros valores, con lo que somos y sentirnos orgullosos de ellos.

Entender que somos un proceso y que continuamente estamos en progreso y aprendiendo, y que en el transcurso de ese aprendizaje seremos como el junco que se dobla ante los vendavales, pero recupera su fuerza y su firmeza una vez pasada la tormenta.

Aferrarse al presente y entender que la vida es un regalo, que hay que estar en el momento, dejando atrás un pasado doloroso pero siempre enriquecedor porque siempre enseña.

Y por último, tener muy presente que nadie más que uno mismo se encarga de su propia felicidad o bienestar.

Así que no olvidar nunca, nunca, que nuestro principal trabajo es tratarnos bien y hacernos feliz.


sábado, 17 de junio de 2017

DECIR ADIOS Y CERRAR HERIDAS


Pocas emociones causan tanta desazón a las personas como el desamor. Cuesta cerrar historias amorosas con personas a las que se ha querido y han formado parte de nuestra vida. Nos empeñamos en continuar y a veces nos auto-engañamos pensando que el cambio es posible, a pesar de haberlo intentado y comprobado que no es así.

Soltar ese vínculo que se fue construyendo a lo largo de un tiempo nos cuesta mucho, y experimentamos dolor y tristeza, sin darnos cuenta de que es el precio que hay que pagar por haber vivido una historia de amor que ya ha tocado a su fin.

Nos cuesta pensar en seguir nuestra vida sin la otra persona, no volver a saber nada de él o ella. Nos cuesta aceptar que hay que renunciar a aquello que un día tuvimos y llenó nuestra vida casi por completo, de ilusiones, proyectos… que ya no se van a llevar a cabo.

Sin embargo, todos sabemos que no hay desamor que no conduzca inevitablemente a un nuevo reajuste personal, a abrir puertas a nuevas parejas y a volver a experimentar un enamoramiento tan fuerte y real como fueron los anteriores.

Esta es la gran suerte que tenemos la persona. Que si nos damos la oportunidad, seguro que volveremos a enamorarnos, conoceremos a alguien y volveremos a sentir los mismos sentimientos y la misma pasión que en su día sentimos por aquella persona que ahora nos cuesta tanto dejar marchar.

Es el empecinamiento que en ocasiones nos ata y nos conduce a sufrir más al no querer dejar partir a quien en su día fue el centro de nuestra vida. Ese empecinamiento que nos hace sufrir más es un sentimiento de pérdida, que en ocasiones se traduce también de la propia estima. Deberíamos comprender que la vida siempre nos da nuevas oportunidades y que volveremos a sentir de la misma manera, o más, como en su día sentimos amor por la persona que ahora perdemos.

Solamente hay que darse la oportunidad para que así sea. Y esa oportunidad no depende más que de uno mismo y de la capacidad de cerrar puertas, para que sanen heridas, y puedan abrirse otras puertas que iluminen de nuevo el corazón.


domingo, 11 de junio de 2017

PAREJAS QUE FUNCIONAN


Todos conocemos a parejas que parecen estar hechos el uno para el otro. Personas que en su día se conocieron y comprometieron, y que han hecho de este compromiso una constante en sus días. De tal manera que su relación va durando años y seguramente sea así durante toda la vida.

Todos aspiramos a tener una relación así. Pensamos que tienen una formula mágica que hace que se complementen.

¿Qué es lo que hacen estas personas para que su relación funcione?

En primer lugar, creo que lo más importante es el compromiso. Sí, eso que todos decimos que en principio vamos a llevar a cabo… y luego no es tan fácil.

Estas parejas desde el inicio de su relación y viendo que quieren seguir juntos, llevan a cabo un compromiso tácito en el que uno y otro recíprocamente saben que deben apoyarse, escucharse y tener objetivos compartidos. Tener proyectos comunes en los que se comparten miedos, aspiraciones y la voluntad firme de arrimar el hombro cuando el otro lo necesite.

Además, debe haber una buena dosis de tolerancia hacia el otro, de tal manera que sabiendo los defectos que tiene y los fallos que haya cometido, la otra parte sienta profundamente que está ahí para apoyarle y ayudarle, no para echar más leña al fuego.

Flexibilidad para cambiar y ceder, son otras cualidades necesarias que permiten que la convivencia sea más fluida y no se naufrague en incomunicación y reproches.

Aceptación del otro supone que aunque haya cosas que no nos gustan de él/ella, sin embargo ponemos en valor todo lo que nos aporta y nos hace sentir mejor.

Será necesario también huir de las luchas de poder, en las que uno de los miembros quiere dominar e imponer su voluntad sobre el otro. Esta falta de respeto, cercena el compromiso en cuanto supone no compartir sino dominar.

Y por último, tener claro que la vida compartida con quien hemos escogido y a quien queremos, debe convertirse en la oportunidad de crecer, de ayudarse y apoyarse, de hacer feliz a la persona que está al lado y saber ser también el bálsamo que suaviza los avatares diarios, aquellos en los que a veces naufragamos las personas y que conducen a la separación.


domingo, 4 de junio de 2017

AFIRMACIONES


Una afirmación es un pensamiento positivo que nos repetimos. Al utilizarlas, escogemos pensamientos positivos que van calando en nuestro subconsciente y que nos hacen sentir mejor y nos preparan para acciones que generalmente salen bien.

Tienen la ventaja de combinar el poder de las palabras con el del pensamiento.

Pretender que den resultado a la primera no es algo realista, pero es cierto que acostumbrarse a decirse afirmaciones positivas hace que éstas vayan arraigando en nuestro cerebro y predisponen a lograr resultados positivos en muchas de las actividades que emprendemos.

Utilizar afirmaciones positivas no quiere decir que no debamos esforzarnos y que no tengamos que comprometernos para hacer cambios.

Las afirmaciones positivas actúan como condicionantes de nuestra mente, son herramientas sencillas y al alcance de todos, pero muy poderosas.

El hecho de que sean sencillas no quiere decir que sean fáciles de implementar. Nuestra mente se mueve siempre a lo que pensamos, y por lo tanto serán estos pensamientos los que debemos controlar con afirmaciones positivas. Si estamos pensando lo que no queremos, nuestra mente se moverá precisamente hacia eso. Así que las afirmaciones deberán ser positivas para que nuestra mente vaya hacia allí.

En segundo lugar es importante repetirse las afirmaciones en voz alta, o mejor escribirlas. Si solamente se piensan, nuestra mente tiende a vagar e ir de un pensamiento a otro con mucha rapidez. El hecho de verbalizarlas en alto o escribirlas nos hace más conscientes de lo que nos estamos diciendo y mantenemos la mente concentrada en lo que nos decimos o estamos escribiendo.

Y por último e importante, hay que recordar que la repetición es primordial para reestructurar el sistema de creencias que hemos construido durante tantos años. No es realista pensar que por cuatro veces que me repita una afirmación, las cosas van a cambiar por arte de magia.

Recordar que las palabras que empleamos afectan a nuestra manera de pensar y sentir.

Nuestros pensamientos afectan a lo que sentimos y decimos. Y nuestros sentimientos afectan a lo que pensamos y decimos.

Cuando nos sentimos mal, resulta más fácil cambiar lo que decimos que lo que pensamos y sentimos. Nuestras palabras empezarán en poco tiempo a surtir un efecto positivo sobre los pensamientos y sentimientos. Así rompemos el círculo vicioso y empezamos a sentirnos mejor con respecto a la situación que tenemos que vivir.


sábado, 27 de mayo de 2017

SE TRATA DE TI


Los días se suceden, uno tras otro, y nos vamos haciendo mayores… vemos a la gente joven y pensamos “si hace poco yo era así”… la vida transcurre como un río caudaloso, las aguas corren y así vamos cambiando.

Todo en nuestro bienestar empieza por lo que pensamos. Nuestras acciones van detrás de nuestros pensamientos, convirtiéndonos en lo que pensamos. Y no es que seamos de tal o cual manera por nuestra carga genética. Sí en una parte, pero sobre todo serán nuestros pensamientos los que activarán tales o cuales genes y serán nuestros pensamientos los que irán configurando nuestra manera de ser en el mundo, de comportarnos, de tomar decisiones que nos lleven por un camino o por otro, equivocado.

El recurso más importante que tenemos las personas es que siempre podemos cambiar. Primero podemos cambiar nuestra forma de pensar, de pensarnos en el mundo nosotros mismos y de pensar acerca de lo que nos sucede. Y cambiando nuestra forma de pensar cambiaremos nuestra acciones y, de esa manera, nuestra vida puede dar el giro que queremos dar en un momento. Cada cambio y cada progreso en nuestro ser diario se ve precedido por los pensamientos que tenemos.

Ser conscientes de que es así nos posibilita una herramienta vital para hacernos más dueños de nuestra vida y más conscientes de que nada está escrito y de que nosotros y únicamente nosotros podemos ir escribiendo en cada momento, en cada día, lo que realmente queramos.

Hay que tomar las decisiones y comprometerse con nuestra vida, cambiando aquello que queramos, siendo conscientes de que ese cambio es única y exclusivamente porque así lo decidimos. No es la suerte o la mala o buena fortuna. Es lo que cada uno realmente se comprometa, consigo mismo, y se atreva a dar los pasos.

A veces, cambiar da miedo. Nos aferramos a la idea de que mejor lo conocido, aunque nos haga infelices, porque el miedo a lo nuevo nos paraliza, sin darnos cuenta de que nos quitamos la oportunidad de avanzar.

Atreverse, hacer lo que nunca hemos hecho, supone un trabajo previo de convencerse de que todo es posible, que se trata de mi vida y que la única persona que la conduce soy yo mismo.


domingo, 21 de mayo de 2017

DESARROLLAR SU INTEGRIDAD


Desarrollar nuestra propia estima personal es un trabajo que debemos hacer todos los días de nuestra vida.

La autoestima se va construyendo a lo largo de nuestros días, a través de nuestras experiencias y nuestros hábitos y siempre partiendo de la base de un apoyo incondicional a uno mismo.

Para ello es importante hablarse con igual compasión como habla con alguien ajeno a usted y ser capaz de mirarse con idéntico amor y afecto como mira usted a alguien a quien estima y quiere.

La autoestima no es algo que se tiene o no se tiene, sino que es un valor personal que debe ir construyéndose poco a poco, con el devenir de los días y de la vida.

Empezar por hablarse de una manera positiva y realista, apoyándose y siendo consciente al mismo tiempo de sus fallos, teniendo el firme propósito de mejorar.

Mejorar para ir convirtiéndose en la persona que quiere ser, siendo congruente y coherente con lo que piensa y con sus valores.

Así se va a ir desarrollando una integridad personal que supondrá estar de acuerdo con lo que íntimamente piensa y defiende, es decir esos valores que le hacen un único ser humano y que le diferencian de otros.

Para ser coherente con esos valores por los que se rige su corazón, sus acciones deben ser congruentes con los mismos. De esa manera se sentirá motivado y su vida ira teniendo una dimensión humana y espiritual que trascenderá a lo superficial y al hecho de simplemente estar.

Nunca se olvide de que usted tiene el derecho de ser lo que quiera ser y de actuar en consecuencia. Además, lo único que nadie podrá sustraerle nunca será la actitud, única y personal que tomar frente a los acontecimientos diarios que le suceden.

Saberse poseedor de esa actitud, le hará sentirse bien, mejorar la confianza en sí mismo y tener la claridad de mente de que los acontecimientos sucederán en su vida, pero que será única y exclusivamente su actitud la que determinará que éstos le afecten de una manera u otra. Le hagan hundirse o le ayuden a crecer, a pesar del dolor.


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