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domingo, 14 de julio de 2019

¿POR QUÉ NO ME VALORO?


Imagen de Pexels en Pixabay

Siempre se fijaba en las otras, admirando virtudes que ella creía nunca iba a tener.

Admiraba la soltura, simpatía y atractivo que los demás tenían, creyéndose ella incapaz de llegar nunca a esos estándares de perfección.

Continuamente, cuando salía con sus amigos, sabía que iba a sufrir porque se sentía pequeña. Poco atractiva, mal vestida y, en general, poco interesante. Se sentía la única persona en el mundo que no valía para nada o casi nada. De nada valían sus adecuadas calificaciones en el colegio, ni su educación y amabilidad. En realidad, consideraba que era trasparente y nadie se fijaba en ella. No se daba cuenta de que en su cuadrilla, otra de sus amigas pensaba exactamente de sí misma lo que ella pensaba acerca de sí. También se sentía pequeña, trasparente, que nadie se fijaba en ella y que no era merecedora de amor, ni de atención…

En realidad, quién no se ha sentido así alguna vez. En la adolescencia, es muy frecuente sentirse un patito feo y estar continuamente comparándose con los demás, a los que se ve siempre más resueltos y agradables.

A veces, ese tipo de pensamientos se enrocan en nuestra mente y duran toda la vida y uno llega a la edad adulta pensando en las desventajas que tiene con respecto a los demás.

Desventajas que no han existido nunca, más que en la propia mente, que cayendo en la autocompasión, se ha negado a valorarse y a verse realmente como uno es. Verse como un ser humano único e irrepetible. Y, por lo tanto, siempre valioso.

Si pudiésemos enfocar nuestra mente para valorarnos y aceptarnos desde niños, nos habríamos liberado de muchos sufrimientos. Porque la única comparación valida en esta vida es con uno mismo. Las demás son absurdas. Uno con uno mismo caminará toda la vida.

Por eso, anularse con comparaciones absurdas no conduce más que a un callejón sin salida, donde el que más sufre es uno mismo sin razón ninguna para ese sufrimiento.


domingo, 7 de julio de 2019

EL DOLOR QUE NOS UNE

Imagen de pixel2013 en Pixabay
Me cruzo con personas desconocidas a las que observo sus gestos y su rostro. En ellos parecen reflejar sus dolores y tristezas, el paso de la vida y el peso de la misma.

Pienso en su sufrimiento, en sus esperanzas inalcanzadas, en sus sueños que no se han podido realizar. Sinsabores diferentes y tragedias que pesan y que con el paso de los años, según se va acercando el final de la vida, pesan más.

Cada persona con la que me cruzo sé que libra sus propias batallas, que tiene su pasado de dolor y lágrimas, y que sus tristezas y pesares son las tristezas y pesares que acompañan al ser humano desde hace siglos.

En eso apenas hemos cambiado. Las lágrimas de ahora son las lágrimas del pasado. El dolor por las ausencias, por los sufrimientos e injusticias padecidos, son dolores parecidos, sino iguales, a los del pasado.

Por eso, creo que el dolor nos une. Debe unirnos.

Cuando vemos al otro como ser que sufre, que a pesar de las apariencias hay en él ese sufrimiento vital que acompaña a todas las vidas, debemos establecer una corriente de empatía hacia el prójimo.

Debemos verlo como alguien que libra día a día las mismas batallas que yo, que tiene sus frustraciones y pesares y que lucha por sobrevivir. Lo cual muchas veces no es nada fácil.

Solamente así, viendo en el otro lo que hay de mí, conseguimos empatizar y desarrollar la compasión y considerar la vida como un camino en el que nunca estamos solos.


domingo, 30 de junio de 2019

DE LO QUE ESTÁ HECHA LA FELICIDAD

Hoy en día tenemos consejos para todo: cómo comer mejor, qué hacer en cinco pasos para adelgazar o engordar, qué debemos pensar o qué actitudes tomar para sentirnos mejor y mejorar así nuestra autoestima... Pero la información es muchas veces contradictoria y lo que nos aconsejan unos, otros nos lo desaconsejan.

De esa manera estamos con frecuencia muy pendientes de lo externo para ver qué es lo mejor que podemos hacer o pensar para ser felices. Todo tiene que venir de fuera y cada cual parece tener su receta mágica.

La realidad es mucho más sencilla y está al alcance de todos.

La felicidad, en realidad, no depende de lo externo. Eso ya lo sabemos, me dirán, pero, ¿cómo hacer para sentirse bien?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de que la felicidad, entendiendo por ella ese estado de paz interior y serenidad que todos anhelamos, no depende de la realidad que nos toca vivir sino de la interpretación que hacemos de ella.

Por eso, los elementos que a alguien le proporcionan esa serenidad buscada, para otras personas son insuficientes o distintos.

Encontrar un sentido a la vida es a veces complicado. La vida no es justa ni tampoco es fácil. Intentar encontrar sentido a lo que hago y ser capaz de modificar el rumbo de mi vida si no me satisface requiere valor. Por eso, la felicidad está al alcance de todos. Simplemente, hay que atreverse a cambiar. Ese cambio mental profundo que nos lleva a agradecer y a apreciar lo que tenemos; a disfrutar del afecto de las personas a las que queremos y a recordar a las que se fueron y el legado afectivo que nos dejaron.

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domingo, 23 de junio de 2019

VIVIR EN PAREJA

Imagen de Pezibear en Pixabay
Si pudiéramos decir cuáles son los ingredientes necesarios para llevar una buena vida en pareja podríamos decir que son tres: hacer equipo, comunicación y aceptación.

Y esto, ¿cómo se lleva a la práctica, al día a día?

Primero, hay que tener presente que la persona con la que he decidido compartir mi vida debe ser prioritaria también en ese día a día. No es infrecuente actualmente ver a parejas que prácticamente entre semana no están juntas más que por la noche después de una jornada laboral en que se llega a casa cansado y sin ganas de nada más que de cenar y acostarse, con lo que se descuida el interés y la comunicación con el otro/a.

O también es frecuente ver a personas que, aún habiendo decidido compartir su vida con alguien, siguen con sus prioridades de cuando estaban solos/as y su pareja queda relegada a un último lugar.

Estas dos situaciones van creando poco a poco muchas lagunas afectivas y de comunicación, de tal manera que a veces nos encontramos con parejas que realmente podrían ser simplemente compañeros de piso que comparten gastos, porque tienen vidas tan independientes o faltas de comunicación entre ellos que han ido perdiendo aquello por lo que decidieron emparejarse, que era pasar el máximo tiempo juntos.

Es fundamental prestar a la pareja la atención suficiente, lo que significa también escucharla, estar pendiente de sus necesidades emocionales y apoyarla.

Reconocer los fallos de la persona con la que convivimos no debe convertirse en motivo de sarcasmo o reproche, ni en pareja y mucho menos delante de amigos o familiares, sino que debería servirnos para ser conscientes de que nosotros tenemos exactamente los mismos u otros fallos que a nuestra pareja pueden molestar también, pero tenemos muchas virtudes, aciertos o comportamientos que nos gustan de aquella persona con la que hemos decidido compartir nuestros días.


Hacer equipo significa estar al lado de esa persona incondicionalmente, facilitándole la vida, escuchándole y aceptándole tal y como es.

En un buen equipo siempre se cede, con lo que ceder será algo indispensable para que el equipo funcione.

Si en una pareja entra la rivalidad y la lucha por el poder, tendremos que empezar a plantearnos por qué nos hemos emparejado, porque no ceder, querer tener siempre la razón y por lo tanto tener yo el poder, conducirá a que la pareja fracase.

Todo lo que uno haga para que la otra persona sea feliz provoca una corriente de reciprocidad; mis pensamientos tienen que ir encaminados en esta dirección: hacer feliz a la persona con la que convivo no me convierte en esclavo de la misma sino que provoca una corriente de bienestar, comunicación y complicidad.

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domingo, 16 de junio de 2019

VOLVER A ILUSIONARSE

Imagen de AliceKeyStudio en Pixabay

Después de una ruptura, rara es la persona que no ve su autoestima mermada.

Los sentimientos de abandono en ocasiones son muy fuertes, y uno tiende a considerarse imperfecto: no suficientemente atractivo, no suficientemente locuaz o entretenido… con auto-mensajes que pueden llegar a ser muy desvalorizadores.

Sin embargo, pocas veces aceptamos que, realmente, que nos dejen o dejemos, forma parte de todas las relaciones interpersonales. Así, vamos dejando amigos por el camino de la vida, porque evolucionamos de manera diferente o simplemente porque el contacto se pierde.

La vida en constante cambio y evolución hace que también cambiemos, querámoslo o no, y que la persona con la que estemos en un momento y con la que antes congeniábamos, ahora no. A veces nos dejan, a veces dejamos.

Lo cual no quiere decir que dejemos de ser personas interesantes o capaces de volver a enamorarnos y disfrutar.

La mayoría de las veces, cuando nos damos permiso para hacerlo, encontramos a otra persona que nos hace vivir de nuevo con ilusión.

Solamente hay que permitírselo. Y menos mal que es así, ¿se imaginan sí solamente en la vida pudiéramos enamorarnos una vez y que estuviéramos condenados a estar en esa relación?

No quiere decir que no haya que comprometerse.

Pero hay que ser realistas: hay amores que duran toda una vida, otros unos años y otros apenas unos días.

De cualquier manera, a pesar del dolor que se experimenta tras la ruptura, hay que centrarse en saber que no se trata de carencias que uno tiene, ni que se carezca de tal o cual atractivo sino simplemente de que el amor se ha agotado y que el corazón se fortalece con la pérdida para volver a encontrar otro corazón con el que seguir viviendo feliz.




domingo, 9 de junio de 2019

EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Imagen de Foundry Co en Pixabay
Vivimos en una época en la que la cultura de la ansiedad y preocupación está muy presente. Todo tiene que suceder rápido, tenemos que estar siempre contentos y hacer muchas actividades y parecer más jóvenes y siempre alegres; el vecino siempre parece vivir mejor que uno mismo y las comparaciones con los demás, en detrimento de uno mismo, siempre están presentes.

Además, como vivimos en una época donde la 'sobreinformación' también es grande continuamente recibimos mensaje sobre tal o cual comida milagrosa que se ha descubierto, sobre qué hacer para ser más feliz, sobre cómo vestir, beber, amar y conducirse… con mensajes muchas veces que se contradicen.

Olvidamos que la clave de la felicidad reside, única y exclusivamente, en uno mismo y que cada persona desde buscarla a su medida, sin dejarse llevar por tópicos o modas que en realidad obedecen a intereses más comerciales que otra cosa.

Reforzar uno mismo su propia estima pasa por empezar a hacerse dueño de su vida.

No esperar a hacer o pensar lo que los demás le dicen, sino centrarse en una pregunta tan sencilla como importante. 

“Realmente, ¿qué quiero hacer yo?” Y ahí, empezar a indagar en uno mismo para descubrir realmente lo que me hace bien, lo que me hace feliz.

Empezar con uno mismo es vital. Olvidar todo y todas las cosas y cuestionarse sobre lo que realmente a uno le importa. Y después, ponerse a hacerlo.

Las personas solemos estar disconformes con el curso de nuestra vida, pero curiosamente seguimos haciendo lo mismo. Nos quedamos en la queja, pero no hacemos nada por salir de ahí. Con lo que es imposible cambiar.

Cambiar supone enfrentarse al miedo, porque miedo es lo que muchas veces tenemos para no dar el paso y cambiar. Pero un pequeño cambio puede abrir muchas oportunidades. Hay que centrarse en lo que yo espero de mi vida, no en lo que los demás hacen o esperan que yo haga.

Pequeños cambios producen resultados buenos. Atreverse a hacerlos es a veces la tarea más complicada.

Recordar que nadie se va a encargar de nuestra felicidad más que nosotros mismos. Vivir con esa certeza, nos hace dueños de nuestra vida y nos lleva también a que nadie puede hacernos infelices si nosotros no queremos.

Por lo tanto, la pregunta es: ¿quiero ser feliz?

Y si la respuesta es sí, empiece por encargarse de sí mismo y verá que los resultados siempre son buenos.


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domingo, 2 de junio de 2019

BUENA VOLUNTAD

Imagen de Pexels en Pixabay
No hay soledad o sufrimiento mayor que aquel que se deriva de no tener la posibilidad de elegir.

Aquellas cosas que tenemos cotidianamente o conductas que podemos llevar a cabo, muchas personas no pueden ni plantearse poder optar a ellas.

No importar a nadie, que nadie se interese por ti, no sentirse amado o que nadie se preocupe por cómo te va la vida… nada hay más doloroso que no haberse nunca sentido amado.

La madre Teresa De Calcuta insistía en esto cuando hablaba y le preguntaban por qué dedicaba su vida a los más desfavorecidos. Sostenía que le parecía la peor de las condenas, el no sentir que nadie te ama o que importas a alguien.

Si a esto se une que muchas veces es difícil salir de estas situaciones y que por supuesto nadie elige estar en ellas, podemos pensar que el sufrimiento se hará insoportable.

Por eso, aunque es muy loable, estas personas que marchan a países lejanos, solidariamente a ayudar a otros, también es importante valorar a las personas que tenemos cerca y que nos hacen la vida más agradable o que, simplemente, muestran en sus actitudes una manera de ser solidaria y amable.

Seres queridos, vecinos, amigos que nos hacen sentir que no estamos solos y que importamos a alguien.

Hay que tener buena voluntad para levantarse cada día pensando en el prójimo y en cómo agradar la vida a los demás; buena voluntad para ser amable y tener un talante amistoso con el otro.

Buena voluntad con uno mismo para, a pesar de las tristezas y pérdidas que experimentamos a lo largo de la vida, a pesar del dolor de las mismas, seguir adelante sabiéndonos privilegiados por haber compartido el amor de los que perdimos y que como una energía imparable que recibimos, procuramos seguir dándolo a los demás.


domingo, 26 de mayo de 2019

ANTICIPACIÓN NEGATIVA Y MALESTAR


Imagen de Pexels en Pixabay

Con frecuencia desmenuzando pensamientos en nuestra cabeza con malos presagios.

Nos adelantamos a un futuro que no sabemos cómo será para pensar que mejor hacerlo así, porque de este modo las malas cosas que nos sucederán no nos pillarán desprevenidos.

Así parece que las anticipaciones mentales negativas nos van a librar de sustos futuros, cuando en realidad lo que nos provocan es una gran ansiedad en el presente y no nos libran de nada, puesto que el futuro nadie puede anticiparlo, ni saber qué va pasar.

Deberíamos distinguir entre reflexionar con calma acerca de los pros y contras de tal o cual decisión o de lo que podemos hacer en un futuro, de esa anticipación que nos conduce a la ansiedad.

Esa reflexión debe ser meditaba y equilibrada, no una sarta de anticipaciones que en forma de pensamientos muy negativos se empiezan a enredar en nuestra mente y en nuestro cuerpo generándonos ansiedad.

No hay peor mal que aquel que no existe y nos hace sufrir, porque se convierte en un miedo intenso y acaba siendo un monstruo que nos atenaza.

Ser una persona precavida que sopesa con serenidad los pros y contras de una situación es una cosa. Estar rumiando constantemente pensamientos anticipatorios negativos es otra.

Esto último no conduce más que a padecer grandes dosis de ansiedad.


domingo, 19 de mayo de 2019

EL PODER DE SER UNO MISMO

Imagen de Bessi en Pixabay
Conforme envejecemos, nos vamos dando cuenta de qué es lo importante en la vida.

Así como cuando somos jóvenes valoramos más lo externo, cumplir años nos da una experiencia vital, con la que nos vamos deshaciendo de lo superfluo y vamos centrándonos en lo verdaderamente importante.

Nos vamos dando cuenta, según pasan los años, de que lo más importante no es lo que tenemos sino que vamos reconociéndonos y afianzando nuestra manera de ver la vida, nuestras fortalezas, al mismo tiempo que vamos siendo conscientes cada vez más de nuestros fallos.

De tal manera que ganamos en coherencia interna porque ya no nos importa, o cada vez menos, la opinión de los demás y nos centramos más en hacer y decir lo que realmente queremos y pensamos, sin compararnos o estar pendientes de qué pensará el otro. Es una fuerza interna la que se va despertando, sintiendo que no tenemos que dar más explicaciones que a nosotros mismos.

Al mismo tiempo, aumenta nuestra capacidad de empatía porque nos damos cuenta de que cada persona que se cruza en nuestra vida, nos caiga bien o mal o nos haya hecho daño o no, libra sus propias batallas y tiene sus propios demonios internos que sin duda le llevan actuar de una u otra manera.

Lo cual no quiere decir que tengamos que aguantar a la gente tóxica sino que somos capaces de una vez de ser conscientes de esa toxicidad y apartarles de nuestro lado, sin entrar en disputas o en enfrentamientos y dejando que cada uno siga su camino.

Envejecer supone darse cuenta de la finitud de nuestra vida y de que teniendo el tiempo contado, no nos merece la pena perderlo, y que debemos intentar vivirlo todo lo que podamos.

Perdemos en esta vida a muchas personas a las que hemos amado con todo nuestro corazón y les debemos, ya que estamos aquí, el seguir viviendo con esa plenitud que ellos/as ya no pueden tener. Ese es el legado auténtico e importante que nos dejan.

A través de nuestra vida, vivirán ellos y nuestro corazón se iluminará con nuestra propia vida, pero también con la luz que nos acompaña de su recuerdo permanente.

domingo, 12 de mayo de 2019

EL SENDERO DEL BIENESTAR

Imagen de Cindy Lever en Pixabay

Vivimos en una época donde se alardea y se muestra la vanidad de determinadas personas. Todo se expone: los afectos, la intimidad de las persona, el dolor…

Mostrar que se es importante y especial por tal talento artístico o por tal cualidad física es conducirse por el camino de un ego absurdo que no conduce a nada.

Es necesario cultivar la vida, y cuidarla, adoptando una actitud de gratitud, no de exhibición y de apariencia.

Mostrar gratitud por lo que somos, conseguimos y recibimos hace que nuestra vida cambie. Dar gracias a Dios, al Tao o al universo, nos conecta con un sentido profundo de la vida y nos hace pasar los días mejor.

Hacer algo amable o bueno por otro ser humano nos conduce por el sendero de la serenidad y armonía interior.

La gratitud nos sitúa en la aceptación interior, en la grandeza de todas las personas y nos aleja de aquellas actitudes pretenciosas, vacías y egoístas.

Cuando empieza el día, propónganse mostrarse amable con cada persona con la que se cruce en su camino.

Escriba o llame a aquella con la que hace tiempo no tiene contacto y hable con él /ella.

Muestre gratitud ante la vida conectando con los seres humanos que le rodean y compruebe cómo de esa manera, alimenta el bienestar propio y alcance una paz interior que no se consigue de ningún otro modo.


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