ANALITYCS

domingo, 16 de diciembre de 2018

“CONTRA EL OPTIMISMO NO HAY VACUNAS" (Mario Benedetti)

Imagen Pixabay
A veces se cree que las personas siempre optimistas, son más simples.

Parece que no se toman la vida en serio y que son más superficiales.

Pero nada más lejos de la realidad.

En general, el optimista es una persona que sabe manejar sus pensamientos, obligándose a ver lo bueno que le depara la vida en cada momento.

No es que niegue los sinsabores y desgracias que a veces tiene, pero es capaz mentalmente de esperar a que sucedan para poder enfrentarse a ellos. No anticipa y en cada momento disfruta de lo que tiene, sin caer en anticipaciones mentales del tipo “pero… ¿y si…?”,  que tanta angustia provocan. Además, como hace continuamente este ejercicio mental de centrarse en lo bueno, trasmite esa energía positiva que hace que sea siempre una grata compañía para los demás.

Como cree que su vida es motivo de disfrute, se muestra agradecido y es capaz de vivir cada momento con intensidad.

No tiene ansiedad, porque no anticipa en negativo y además no dramatiza, con lo que cuando se le presenta algún inconveniente o problema, se muestra resolutivo y es capaz de enfrentarse a él. Al tener este hábito de pensamiento positivo, es también realista, sabiendo que la vida es difícil, pero que su actitud le hace más capaz de enfrentarse a la adversidad.

Sus pies pisan suelo firme, con el optimismo realista y positivo que le hace crecer personalmente. ¿Por qué no intentar entrenarnos en ser optimistas? Todos son ventajas.

Les animo a que intenten ésta semana dos cosas: mostrarse agradecidos cada momento y no quejarse. 

Creo que se sentirán mejor.


domingo, 9 de diciembre de 2018

EN CASO DE DUDA, CUENTA LA VERDAD

Imagen: Pixabay

“En caso de duda, cuenta la verdad”
(Mark Twain)

Vivimos mucho más tranquilos si somos capaces de decir lo que sentimos y pensamos.

Sin embargo, esto que en principio parece fácil… no resulta tan sencillo.


Con frecuencia callamos y no nos atrevemos a decir nuestra opinión o parecer, por temor a la reacción del otro. Por temor a que nos rechace o que nos juzgue. Además, frecuentemente nos parece que lo que vamos a decir no es valioso o no es tan acertado, y pensamos que nuestro interlocutor  pede considerar nuestra poca valía…


Sin embargo, las personas que expresan sus sentimientos o pareceres a los demás evitan muchos conflictos, aunque en un primer momento puedan aparecer desacuerdos o fricciones. Si siempre estoy pendiente de agradar a los demás y no explicito mi desacuerdo, cuando lo haga provocaré en los demás reacciones desproporcionadas porque están acostumbrados a mi sumisión.


Viviremos mucho más tranquilos si nos acostumbramos en todo momento a decir nuestra opinión, lo que sentimos y pensamos, de una manera que el otro no se sienta agredido, pero tampoco callando y asumiendo pareceres y opiniones que no compartimos.


Decir lo que sentimos, aunque el otro no esté de acuerdo, nos hace sentir mejor y aumenta nuestra autoestima.


Porque mis sentimientos y opiniones son míos y los demás podrán estar de acuerdo o no, pero no podrán negarme mi criterio, que únicamente me pertenece a mí.



domingo, 2 de diciembre de 2018

USTED SE LO MERECE

Imagen: Pixabay

Cuesta deshacerse de las ideas negativas que se tienen con respecto a uno mismo.

Comparamos a los demás con nosotros mismos y siempre nos vemos peor: menos inteligentes, menos capaces, menos atractivos… infravaloramos lo que somos y tenemos miedo a ser rechazados, a que no nos quieran.

Nuestra autoestima se ve continuamente dañada, como si la socavásemos de continuo.

Olvidamos que, probablemente, los demás sientan lo mismo que nosotros. También se sienten inseguros y dudan a veces de sus capacidades.

Puede ser que arrastremos esa inseguridad desde niños o hayamos ido forjándola ya de adultos o tras experiencias difíciles de la vida.

Lo que es importante es conseguir creerse merecedor de afecto, cuidados y atención de uno mismo…hacia sí mismo.

Nadie puede hacerle sentir inferior si usted no se cree primero dicha inferioridad.

Podemos toparnos con personas que alardean de sus capacidades o bienes y que parecen muy seguras… pero realmente lo importante no son ellos, sino cómo se siente usted consigo mismo. Por eso, dese cuenta primero cuándo se infravalora y cuándo duda de sus capacidades y fortalezas; identifique en qué se ve menos capaz y luche contra esos pensamientos negativos confrontándolos con respuestas reales acerca de sus capacidades y fortalezas.

Siéntase un ser humano único e irrepetible y empiece a valorarse. Todos tenemos defectos y todos tenemos fortalezas. Haga una lista de estas últimas. Añada aquellas situaciones en las que ha sido capaz de resolver problemas o de enfrentar situaciones difíciles.

Que no le dé pereza, pase a la acción. El trabajo más importante que tenemos en esta vida es el trabajo con uno mismo.

Identifique sus valores y vea la coherencia que ha tenido al actuar de acuerdo con ellos. Le hará sentirse bien.

Háblese adecuadamente, dándose fuerza, dejando de lado el lenguaje interior negativo y el de la autocompasión. Verá que su motivación va subiendo poco a poco.

Seguro que a alguien no agradará y que alguien le criticará… es así el ser humano.

Pero recuerde también que la envidia se disfraza de crítica muchas veces.

Fíjese en usted y en sus avances, y deje de lado a los envidiosos y a los que le critican, a aquellos que parecen comerse el mundo y que parecen saberlo todo.

Usted siga su camino, estableciendo sus propias metas y valorándose en todo momento.


domingo, 25 de noviembre de 2018

CUANDO EL PENSAMIENTO NO ENTIENDE DE RAZONES

Imagen: Pixabay

No hay nada que provoque más ansiedad que los pensamientos obsesivos que a veces nos asaltan.

Como si de un círculo vicioso se tratase, vamos y venimos mentalmente dando vueltas a lo mismo, sintiéndonos incapaces de salir de ese laberinto en el que nos quedamos atrapados mentalmente.

Curiosamente, somos capaces de seguir llevando nuestra vida, ir a trabajar, estudiar… etc. pero todo se ve empañado porque parece que estamos divididos en dos: por una parte, nuestra vida normal, pero por otro lado aparece la constante reiteración de ideas absurdas o de pensamientos cuestionadores, del tipo “por qué estoy pensando esto”.

Sabemos que lo que pensamos es irracional, pero en ocasiones no podemos dejar de pensarlo y en otras nos martirizamos, culpándonos por tener ese tipo de pensamientos y no poder controlarlos.

Al pensar mal, los síntomas físicos de la ansiedad afloran: tensiones, taquicardias, sudoración, sensación de ahogo y opresión en el pecho…

Para detener esos pensamientos y dejar de sentir ansiedad intente llevar a cabo los siguientes pasos:

- En primer lugar, acéptelo: se encuentra usted en un bache y tiene ansiedad. Pero piense que la ansiedad está provocada por esos pensamientos tan catastrofistas y obsesivos que tiene. En el momento que controle los pensamientos, la ansiedad desaparecerá.

- Piérdales miedo: una vez que los ha aceptado, plánteles cara. Pero no luche contra ellos. No es bueno debatirse con pensamientos irracionales obsesivos. Simplemente, acepte que están ahí e intente distraerse.

- Reserve un momento del día para enfrentar, entonces sí, esos pensamientos irracionales. Entonces, coja un papel y escriba en una columna todos esos pensamientos negativos irracionales, por muy absurdos que le parezcan, y en otra columna contigua dese las razones reales, los pensamientos racionales, que rebatan esos pensamientos irracionales. Escriba con calma, especificando todo lo que pueda.

- Oblíguese a escribir también todos los momentos buenos y positivos que ha vivido a lo largo del día. Cada día tiene muchos ratos agradables. Traérselos a la cabeza ayuda a que la ansiedad pierda fuerza.

-No se asuste por los síntomas físicos de la ansiedad y practique la respiración. Para ello, siéntese o túmbese en un lugar tranquilo y ponga una mano encima de su vientre, por debajo del ombligo. Coja aire por la nariz durante 3 o 4 segundos, intentando dirigir el aire a la parte baja de los pulmones. Notará que el aire llena los pulmones, porque la mano que tiene encima del vientre se mueve, no el estómago o el pecho. Retenga un poco el aire contando hasta tres, y expúlselo lentamente por la boca hasta vaciar el aire, tardando otros 3 o 4 segundos. Repita este ejercicio 3 o 4 veces seguidas. No se preocupe si nota una ligera sensación de mareo; a veces ocurre cuando oxigenamos demasiado, pero al normalizar la respiración la sensación desaparecerá.

Practique estos ejercicios tres o cuatro veces al día

- Es muy importante hablarse de manera positiva. Si continuamente se encuentra centrado en los síntomas negativos o diciéndose que “se va a volver loco” o que “algo terrible va a ocurrir”, seguirá encontrándose mal.

El dialogo interno tiene que ser de apoyo, con frases del tipo “voy a poder con esto”, “confío en mí”, “voy a aprender de esto”, “Puedo estar tranquilo”… etc.

Las frases que nos decimos internamente son determinantes para lo que sentimos y hacemos.

Háblese bien, entonces, para enfrentar situaciones que le generan malestar.


domingo, 18 de noviembre de 2018

SEIS RECOMENDACIONES PARA SENTIRSE BIEN



A menudo nos encerramos en nuestras razones y en ofensas recibidas, y no damos pasos para cambiar.


Creemos que los demás nos ofendieron, y puede que sea verdad, y nos quedamos en nuestras posiciones autocompadeciéndonos muchas veces y rumiando la ofensa como si ésta hubiera ocurrido ayer.

Pasan los días y los años, y seguimos obcecados en algo que sucedió hace mucho tiempo, e incluso hay personas que acaban sus días con esas ofensas guardadas en su corazón, con amargura y tristeza.


Por eso, en consulta, suelo recomendar lo siguiente:


- Haga las paces con su pasado. Sí, puede usted tener la razón, pero de nada le vale si sigue rumiando la ofensa y sintiéndose mal. Así que pase página y siga adelante. Si tiene que acercarse y tender la mano, hágalo. Y si decide no hacerlo, de la misma manera, pase página. Deje de rumiar la ofensa y fíjese en todo lo que tiene y lo bueno que le rodea.



- Desdramatice y céntrese en lo bueno que hubo en aquella relación, con aquella otra persona, o en esa amistad o situación…aunque al final no acabase como usted quería. Quédese con lo bueno.


- Sea generoso con los demás. No solamente materialmente sino también con la actitud que demuestra con el otro. Los buenos modos y maneras dicen mucho de usted.


- Esté atento siempre, esforzándose, por ayudar a los demás. Hay mucha gente que necesita ayuda, aunque simplemente sea una palabra amable, una conversación trivial o un gesto educado.


- Sea agradecido. Conecte con lo que hay de espiritual en usted, en la vida, en la naturaleza y vea todas las cosas buenas que tiene y las buenas personas que le rodean.


- Tenga siempre un talante amable y respetuoso con los demás. Eso le vendrá de vuelta y establecerá una reciprocidad positiva a la hora de relacionarse.


domingo, 11 de noviembre de 2018

PENSAR MAL HACE SUFRIR



H. da vueltas y vueltas a sus pensamientos. Tiene un problema que no sabe cómo resolver y lo analiza una y otra vez, como si estuviera mentalmente dando vueltas en un círculo vicioso. Duda de si hace tal o cual cosa, o si escoge la otra, y vuelve de nuevo a analizar el problema.

Así lleva varios días. De ese modo, empieza a dormir mal por las noches, a perder el apetito. Se encuentra en un estado de irritabilidad casi constante. Todo pierde valor y nada parece gratificarle.

Encerrado en sus pensamientos, puede quedar con sus amigos y salir, hacer cosas, pero el nudo en el pecho le recuerda que debe hacer algo y que tiene un problema que no puede resolver. No es el problema en sí, sino la decisión que tiene que tomar en tal o cual dirección. Le aterra no acertar.

Pensar de esa manera nos genera mucha ansiedad. Rumiamos y rumiamos los pensamientos y frecuentemente nos paralizamos, analizando tan al detalle que no damos pasos para avanzar.

Para salir de ese malestar es importante seguir los siguientes pasos:

- Ante un problema, analice los pros y contras, las diferentes decisiones que podrían tomarse. Pero hágalo con lápiz y papel. Evite hacerlo solamente de una forma mental. Parece algo simple, pero es muy eficaz. Al escribirlo, tomamos distancia y vemos las cosas con más claridad.

- Una vez analizados los pros y contras, reflexione unos minutos y decida qué hacer. Pero sólo unos minutos. No se quede atrapado en las divagaciones porque volverá a meterse mentalmente en el círculo vicioso de la ansiedad.

- Una vez tomada la decisión, pase a la acción. Nada de mirar atrás. Ya está decidido, así que adelante.

- Recuerde que la vida es en muchas ocasiones un aprendizaje por ensayo y error. Desdramatice. No es el fin del mundo y una vez hecha la acción, tomada la decisión, se sentirá aliviado, y sentirá que los síntomas de la ansiedad desaparecen.

- Se sorprenderá cuando vea y compruebe que acertamos muchas más veces de las que erramos. El miedo a equivocarnos nos paraliza y nos hace pensar mal.

- Acostumbre a su mente a pensar de esta manera. Entrene para procurarse un nuevo hábito de pensamiento mucho más sano.


domingo, 4 de noviembre de 2018

PAREJAS QUE FUNCIONAN


Todos conocemos a parejas que parecen estar hechos el uno para el otro. Personas que en su día se conocieron y comprometieron, y que han hecho de este compromiso una constante en sus días. De tal manera que su relación va durando años y seguramente sea así durante toda la vida.

Todos aspiramos a tener una relación así. Pensamos que estas personas tienen una formula mágica que hace que se complementen.

¿Qué es lo que hacen estas personas para que su relación funcione?

En primer lugar, creo que lo más importante es el compromiso. Sí, eso que todos decimos que en principio vamos a llevar a cabo… y luego no es tan fácil.

Estas parejas, desde el inicio de su relación y viendo que quieren seguir juntos, llevan a cabo un compromiso tácito en el que uno y otro recíprocamente saben que deben apoyarse, escucharse y tener objetivos compartidos. Tener proyectos comunes en los que se comparten miedos, aspiraciones y la voluntad firme de arrimar el hombro cuando el otro lo necesite.

Además, debe haber una buena dosis de tolerancia hacia el otro, de tal manera que sabiendo los defectos que tiene y los fallos que haya cometido, la otra parte sienta profundamente que está ahí para apoyarle y ayudarle, no para echar más leña al fuego.

Flexibilidad para cambiar y ceder, son otras cualidades necesarias que permiten que la convivencia sea más fluida y no se naufrague en incomunicación y reproches.

Aceptación del otro supone que aunque haya cosas que no nos gustan de él/ella, sin embargo ponemos en valor todo lo que nos aporta y nos hace sentir mejor.

Será necesario también huir de las luchas de poder, en las que uno de los miembros quiere dominar e imponer su voluntad sobre el otro. Esta falta de respeto cercena el compromiso en cuanto supone no compartir sino dominar.

Y, por último, tener claro que la vida compartida con quien hemos escogido y a quien queremos, debe convertirse en la oportunidad de crecer, de ayudarse y apoyarse, de hacer feliz a la persona que está al lado y saber ser también el bálsamo que suaviza los avatares diarios, aquellos en los que a veces naufragamos las personas y que conducen a la separación.


domingo, 28 de octubre de 2018

CAMBIOS


Con frecuencia, hay personas que pierden la esperanza.

Creen que otros son mejores y capaces de hacer cambios, mientras que a ellas hacer pequeños cambios les genera la idea de que no pueden, de que no son capaces. Que carecen de las cualidades que otros tienen.

Tiran la toalla con ellas mismas y se dejan llevar por la emoción negativa de "ser diferentes" por ser peores que los demás.

Estas personas han de ocuparse de sus propias emociones, que es lo más importante. Deben ser capaces de automotivarse, lo que les proporcionará una fuerza interior imparable que hará que cada paso se convierta en un avance para su autoestima y en una dinámica positiva que le hace crecer.

Estas personas han de empezar por hacer pequeños cambios y por tener paciencia consigo mismas. Nadie cambia de la noche a la mañana. Hay que perseverar.

Es necesario no rendirse y seguir avanzando. Cada paso que se dé para cambiar tal o cual actitud o comportamiento, les llevará a sentirse más fuertes.

Valoren los cambios, por pequeños que sean. Todos son importantes.

No se fije en los demás. Mantenga su foco de atención en sí mismo y no en compararse con los otros. La única comparación válida en esta vida es con nosotros mismos.

Comience con cosas sencillas, verá que, poco a poco, a mayores logros, más motivación, y al cabo de un tiempo se dará cuenta de que ha sido capaz de cambiar todo lo que se propuso.

Simplemente siendo consciente de que debe hacerlo paso a paso y, siempre, siempre, hablándose con la misma compasión y respeto con la que hablaría a los demás.



domingo, 21 de octubre de 2018

CONSCIENCIA


Si usted suele responder a las adversidades cotidianas poniéndose tenso e iracundo, haciendo que sus pensamientos vayan teniendo un efecto bola de nieve, acabará por crearse un hábito en su mente que le hará reaccionar así siempre.

Lo que más practica mentalmente es lo que acaba convirtiéndose en una respuesta casi automática de la que apenas uno es consciente, y lo que es peor, se cree que dicha respuesta es imposible de cambiar.
De esa manera, muchas veces oímos a personas decir que “son así y no pueden cambiar” como si de algo permanente en su vida se tratase.

No se dan cuenta de que funcionamos con hábitos, también de pensamientos, y que éstos se van arraigando en nuestra mente cuanto más pensamos de esa manera, sin decidirnos a detenernos en esa línea de pensamiento.

Por ejemplo, insistir en tener la razón y enfadarse intentando convertir al contrario, genera mucha frustración y un estado de tensión y ansiedad interna nada recomendable. Sin embargo es una actitud que repetimos, como si en esa discusión nos fuera la vida en ello.

Resulta muy útil adquirir consciencia de los hábitos de pensamiento que tenemos.

¿Y si en vez de mostrarse iracundo y enfadado intenta pensar de otra manera, desdramatizando el problema que se le presenta e intentado solucionarlo, sin pasarlo mal?

¿Y si en vez de enfadarse con tal o cual persona, intenta mostrar compasión o, por lo menos, aceptar que él o ella tiene derecho a actuar o a hacer como ella o él cree?

Decida cómo pasar sus días: si enredándose en bolas de nieve cognitivas en las que todo se convierte en una lucha y afrenta constante, o si prefiere tener unos pensamientos y actitudes mucho más serenas, aceptando lo que no puede cambiar, pero siendo consciente de que lo que siempre, siempre, depende de usted es la actitud que tomará ante los hechos que se presenten en su vida.

Esa actitud le hará sentirse más o menos feliz. Por lo tanto, se trata de escoger bien.


domingo, 14 de octubre de 2018

A SOLAS CON LOS PENSAMIENTOS

Imagen: Pixabay
Nuestro cerebro, siempre en funcionamiento, elabora pensamientos de todo tipo.

Unos neutros, de los que apenas somos conscientes porque no generan ninguna emoción.

Otros de tipo positivo, que rápidamente se traslucen en emociones de alegría, euforia o plenitud. 

Los peores son los pensamientos negativos. Si pudiéramos ponerles un color,  sería el negro.

Como si de una espiral se tratara, empezamos a pensar mal para ir profundizando cada vez más en el malestar que estos mismos pensamientos nos provocan. Y así, empezamos por tener miedo y por pensar negativamente sobre si aquello a lo que debemos enfrentarnos nos saldrá mal, o qué pensarán de mí tales o cuales personas.

Personalizamos y nos vemos como causantes de todo lo peor, maximizamos nuestros errores, aunque estos hayan ocurrido en un pasado lejano, torturándonos y reprochándonos cómo no pudimos darnos cuenta de lo equivocados que estábamos.

Caemos en esa espiral en la que la autocompasión y los peores augurios parecen reales y nuestro ánimo se llena de tristeza, de pena, de angustia y de ansiedad.

Frenar esos pensamientos resulta ya muy difícil, metidos mentalmente en una tormenta en la que sin duda naufragaremos.


Por eso es importante detenernos antes de caer definitivamente en ella.

Debemos parar y dudar, cuestionándonos sobre si lo que estamos pensando, tan negativamente, es para tanto. Por ejemplo, ¿no deberíamos juzgar nuestros errores del pasado a la luz de entonces y no con lo que sabemos ahora?

Debemos parar y tener en cuenta todo lo aprendido a lo largo de nuestros días, de nuestra vida, siendo conscientes entonces de que muchos temores no son más que fantasmas que aparecen en nuestra mente causándonos desdichas que luego, solamente en muy pocas ocasiones, se convierten en algo real. 

Debemos parar y salir de la autocompasión y mostrarnos firmes con nosotros mismos para entender que la vida siempre nos sorprende, y además siempre gana, y que, aunque con sus dificultades, debemos vivirla mientras la tengamos, lo mejor posible.

Debemos parar, y deshacernos de los pensamientos de miedo debe de ser una tarea en la que invirtamos minutos y minutos de nuestra vida, todos los días, en una labor continua de crecimiento ment.

Así nos convertiremos en dueños de nuestra mente y, por lo tanto, viviremos mejor.


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