ANALITYCS

domingo, 17 de enero de 2021

HABLANDO CON UNO MISMO



Imagen: Pixabay

Todos tenemos un lenguaje interno del que a veces no somos conscientes.

Continuamente estamos diciéndonos cosas o teniendo pensamientos en los que nos hablamos. Las personas enseguida empezamos a formularnos preguntas o a decirnos internamente cosas acerca de lo que nos sucede. Cuando estamos, por ejemplo, paseando solos estamos en un monólogo interior continuo en el que los pensamientos van y vienen acerca de cosas que nos han sucedido, decisiones que tenemos que tomar, problemas que hay que resolver, recuerdos o hablándonos acerca de lo que en ese momento estamos viendo.

Este monólogo interior o frases que nos repetimos provocan muchas veces nuestras emociones o están asociadas a ellas, haciendo que estas emociones se intensifiquen o no.

En muchas ocasiones, nos convertimos en nuestros propios enemigos, cuando nuestro diálogo interior se convierte en una crítica continua que nos pone en duda, nos censura y compara con los demás, comparación de la que siempre salimos mal parado o nos ridiculiza, saboteándonos, y fijándose solamente en los errores y nunca en los aciertos. Es entonces cuando este diálogo interior se convierte en nuestro enemigo, aunque en realidad somos nosotros mismos quienes hablándonos así nos provocamos emociones de angustia, ansiedad o depresión.

Cambiando este diálogo interior y tratándose de la misma manera compasiva y humana con la que trata seguramente a los demás, empezará a sentirse mejor.

Primero, será más justo consigo mismo, pero, además, si este diálogo interior es realista y positivo, conseguirá indefectiblemente que sus emociones sean positivas, más ajustadas en términos de bienestar, y que a la hora de enfrentarse a los problemas ponga usted en marcha los recursos personales que seguramente tiene para resolverlos.

Si ese lenguaje interior es negativo, todo se tiñe de negro, se sentirá incapaz de resolver nada y antes de iniciar el cambio se habrá saboteado y desaparecerá la motivación. Sus recursos personales, a pesar de tenerlos, quedarán constreñidos y sentirá que no es capaz de hacer nada.

Ser consciente de que siempre se está diciendo algo, de que siempre se está pensando y de que si ese lenguaje interior es realista y positivo manejará mejor sus emociones, le ayudará a enfrentarse mejor a los problemas y a las dificultades que la vida tiene, además de disfrutar de todo lo bueno que nos da.


www.diazbada.com

domingo, 10 de enero de 2021

LA VIDA DEL OPTIMISTA



Imagen: Pixabay

Hay personas que dicen que los pesimistas son optimistas bien informados.

Pero yo no lo creo así. El pesimista siempre cree que las cosas van a salirle mal porque, pensando así, si le salen bien, se llevará una alegría inesperada. Yo creo, sin embargo, que el pesimista deja de disfrutar de muchas cosas en la vida, desconfía muchas veces de sus capacidades y de las personas, y además, cuando algo sale mal, se reafirma en que todo es difícil y de color negro, generalizando un hecho puntual a todos los acontecimientos.

El optimista realista, que no "buenista", siempre cree que los problemas duran un tiempo solamente y esa creencia le hace buscar soluciones. El optimista puede enfadarse y verse contrariado, pero enseguida busca cómo hacer frente a la dificultad que se le presenta y es precisamente esa actitud la que le hace encontrar una mejor y más rápida solución.

Además, el optimista entiende que los problemas que se presentan son puntuales y referidos a cosas y casos concretos, y que no tienen que afectar obligatoriamente a todas las demás situaciones que le toca vivir. No generaliza y se centra en el aquí y en el ahora.

Como consecuencia de estas actitudes, el optimista siempre cree que hay esperanza, se sabe artífice del cambio y de que es él el que puede hacer que las cosas cambien y mejoren.

Esta actitud de “soy capaz” es fundamental, porque es el motor que lleva al optimista a mejorar, a no tener miedo a cometer errores y a seguir desarrollando su fuerza de voluntad y tenacidad.

El optimista también cree firmemente en que puede hacer las cosas bien, aunque cometa errores y tenga decepciones. Cometer errores lo ve como algo necesario en el proceso de aprendizaje en que consiste vivir. No es una afirmación vana y simplista sino una gran verdad que le motiva a continuar. Al final, el optimista realista deja de quejarse acerca de las razones por las que le suceden las cosas, de cómo son los demás, alejándose de papeles victimistas que le paralizarían y le convertirían en naufrago de su propia vida.


domingo, 3 de enero de 2021

USTED SE LO MERECE

Imagen: Pixabay

Cuesta deshacerse de las ideas negativas que se tienen con respecto a uno mismo.

Comparamos a los demás con nosotros mismos y siempre nos vemos peor: menos inteligentes, menos capaces, menos atractivos… infravaloramos lo que somos y tenemos miedo a ser rechazados, a que no nos quieran.

Nuestra autoestima se ve continuamente dañada, como si la socavásemos de continuo.

Olvidamos que, probablemente, los demás sientan lo mismo que nosotros. También se sienten inseguros y dudan a veces de sus capacidades.

Puede ser que arrastremos esa inseguridad desde niños o hayamos ido forjándola ya de adultos o tras experiencias difíciles de la vida.

Lo que es importante es conseguir creerse merecedor de afecto, cuidados y atención de uno mismo… hacia uno mismo.

Nadie puede hacerle sentir inferior si usted no se cree primero dicha inferioridad.

Podemos toparnos con personas que alardean de sus capacidades o bienes y que parecen muy seguras… pero realmente lo importante no son ellos, sino cómo se siente usted consigo mismo. Por eso, dese cuenta primero cuándo se infravalora y cuándo duda de sus capacidades y fortalezas; identifique en qué se ve menos capaz y luche contra esos pensamientos negativos confrontándolos con respuestas reales acerca de sus capacidades y fortalezas.

Siéntase un ser humano único e irrepetible y empiece a valorarse. Todos tenemos defectos y todos tenemos fortalezas. Haga una lista de estas últimas. Añada aquellas situaciones en las que ha sido capaz de resolver problemas o de enfrentar situaciones difíciles.

Que no le dé pereza, pase a la acción. El trabajo más importante que tenemos en esta vida es el trabajo con uno mismo.

Identifique sus valores y vea la coherencia que ha tenido al actuar de acuerdo con ellos. Le hará sentirse bien.

Háblese adecuadamente, dándose fuerza, dejando de lado el lenguaje interior negativo y el de la autocompasión. Verá que su motivación va subiendo poco a poco.

Seguro que a alguien no agradará y que alguien le criticará… es así el ser humano.

Pero recuerde también que en muchas ocasiones la envidia se disfraza de crítica.

Fíjese en usted y en sus avances, y deje de lado a los envidiosos y a los que le critican, a aquellos que parecen comerse el mundo y que parecen saberlo todo.

Usted siga su camino, estableciendo sus propias metas y valorándose en todo momento.


domingo, 20 de diciembre de 2020

BUENA VOLUNTAD



Imagen. Geralt en Pixabay

Hoy en día se habla mucho del pensamiento positivo y se alude a él cada dos por tres. Sin embargo, pienso que no deja de ser un concepto algo antiguo que lleva con nosotros desde hace mucho tiempo.

Al final, no es más que buena voluntad para enfrentarse al día a día, a nuestro día a día, con una actitud buena, calmada y serena.

Una buena voluntad a la hora de relacionarnos con los demás, que hace que nuestros intercambios sociales sean más ajustados y mejores.

Una buena voluntad para atrevernos a hacer las cosas, aunque nos causen miedo o no nos gusten, porque vemos en la acción la capacidad de adaptarnos y de enfrentarnos a todo. Con la esperanza de aprender de todos y de todo aquello que hacemos en nuestra vida.

La buena voluntad que nos lleva a demostrar gratitud por todo lo que tenemos y también por lo que hemos perdido, y a quienes se fueron, pero tuvimos la suerte de conocer y disfrutar.

Esta buena voluntad es la que nos impulsa cada día, y especialmente en los tiempos actuales, a enfrentar los inconvenientes cotidianos con buen ánimo y nos va dejando un poso de resiliencia para poder afrontar aquellas adversidades que nos toquen.

La buena voluntad que nos lleva a no juzgar al prójimo, a no hacer juicios de valor acerca de los demás, a ser compasivos en nuestras acciones y juicios, y que nos lleva a conectar con el otro en una corriente de empatía que nos hace más humanos.

Una buena voluntad que, cuando nos la aplicamos a nosotros mismos, nos lleva a no condenarnos por nuestros errores, sino a sabernos imperfectos y, por lo tanto, cada día más humanos.

Estamos en tiempo de Navidad y es frecuente oír referencias a la buena voluntad.

Ojalá que la tuviéramos presente todos los meses del año y no solamente en este mes de diciembre.

De cualquier manera, ejercitar esa buena voluntad nos hace mirar la vida con un enfoque mucho más tranquilo, sereno y con una satisfacción interior, que nos ilumina el corazón.




domingo, 13 de diciembre de 2020

VIVIENDO EN LA INCERTIDUMBRE



Imagen: Pixabay

Las personas vivimos a veces con la falsa idea de que lo tenemos todo controlado. Es más, el miedo a perder el control es uno de los miedos más habituales que padecemos.

El improvisar o el que los planes que teníamos hechos cambien de repente, nos hace sentir mal y es fuente de ansiedad en muchas ocasiones.

Sin embargo, hoy mejor que nunca sabemos que nada es más cierto que el hecho de que la vida es impredecible y que en este momento estoy escribiendo estas líneas, líneas que espero seguir escribiendo mañana, pero, ¿qué certeza tengo de que será así? Realmente, ninguna.

Derivado de la necesidad de controlarlo todo está el saber qué va a pasar mañana. De tal manera que, en muchas ocasiones, adelantamos mentalmente todo tipo de acontecimientos negativos o catástrofes que luego finalmente nunca ocurren. Hay personas que me dicen “pero, es mejor pensar en negativo y así nos adelantamos a las desgracias futuras, y así estamos más preparados”. Pero, ¿realmente es así? ¿Alguien cree que, por imaginárselas, se está más preparado para cuando ocurran? Otra cosa muy diferente es que, una vez que sucedan, haya que sacar fuerzas, resistir y enfrentarse a ellas. Pero cuando sucedan de verdad.

De nada vale estar adelantándose mentalmente a posibles problemas, porque eso genera un gran estrés y entristece nuestro ánimo.

La pandemia del Covid-19, que ha cambiado no poco nuestra vida cotidiana, nos ha demostrado que la verdad, cierta, real, es que no sabemos qué va a suceder. Que la vida es impredecible y que, súbitamente, cambia.

Muchas veces hacemos montañas de supuestos acontecimientos que luego nunca suceden.

Así que, para vivir con serenidad, lo mejor es plantearse el día a día, el presente, que realmente es lo que tenemos.

Nuestra vida es algo dinámico, que controlamos en una parte, pero hay otra que no, y hay que dejar que fluya, con sus cosas buenas y no tan buenas, porque en eso consiste realmente vivir.


domingo, 6 de diciembre de 2020

TÚ SABES LO QUE VALES



Fuente de la imagen: Pixabay

Hay personas con un gran ego que necesitan siempre ser el centro de atención.

Son esas personas que parecen muy seguras de sí mismas, aquellas que enseguida nos dicen “lo que tú tienes que hacer es esto…”, cuando no les hemos pedido su opinión.

Son personas a las que les preocupan muy poco los demás… porque bastante tienen con intentar en todo momento demostrar a los demás que ellos están ahí y que valen mucho.

Muy frecuentemente, mucho más de lo que creemos, son personas con una baja autoestima que con su pedantería consiguen mantenerse en un equilibrio muy frágil.

Ser egoísta y pedante, y gozar de una buena autoestima, son extremos absolutamente opuestos.

La persona que sabe que vale y que tiene una saludable autoestima, no necesita demostrárselo a nadie. Es consciente de sus limitaciones y dificultades, y las asume y acepta porque forman, y formarán, parte de su vida, pero no por ello dejan de intentar mejorar y luchar para conseguir sus objetivos y superar dificultades.

Apreciar nuestra propia valía nos hace ser discretos, porque realmente no tenemos que pregonar a los demás cuánto valemos.

Aquel que lo hace, es porque se siente inseguro y no está convencido de ello.

Una saludable autoestima significa que no necesitamos justificar ante nada ni nadie nuestros comportamientos e ideas, y así podemos permitirnos darnos caprichos o hacer cosas que nos gustan, independientemente de lo que piensen los demás.

Una saludable autoestima nos hace sentirnos bien, no superiores a nadie sino contentos con cómo llevamos nuestra vida. Y estamos con la personas que queremos estar.

Una saludable autoestima nos permite respetarnos a nosotros mismos, y además respetar a los demás. Respetarnos a nosotros mismos, cuidarnos y valorarnos, hará que los demás nos valoren. Si dejamos que nos manipulen, si estamos pendientes de lo que dicen los demás y dudamos de nosotros mismos, lo único que conseguiremos es sentimos mal y ser infelices.

Por eso, nunca hay que olvidar que merece respeto y amor, simplemente, porque usted es usted. Un ser humano único e irrepetible. Y usted será el primero que va a procurárselo.


domingo, 29 de noviembre de 2020

GENTE BUENA A NUESTRO ALREDEDOR



Fuente de la imagen: Pixabay

Lo que hace que nuestra vida sea una vida completa viene en parte determinado por las experiencias que tenemos y por las personas con las que las compartimos.

Conocer a gente buena, que se cruza en nuestro camino, nos aporta pasos hacia la felicidad que tanto añoramos conseguir.

Porque la gente buena irradia bienestar, serenidad y nos aporta paz.
Son aquellas personas que saben que la felicidad no es un destino, sino un camino que vamos recorriendo a lo largo de la vida. Son esas personas que adoptan pequeños cambios y tienen unos hábitos de vida positivos.

Personas que se esfuerzan por trasmitirnos alegría y que nos sonríen a pesar de sus tristezas. Aquellas que están siempre dispuestas a escucharnos y a consolarnos en los malos momentos. Son personas que demuestran gratitud; gratitud a la vida y al seguir vivos aunque vayan envejeciendo. Porque para ellos, envejecer es un proceso que aceptan con los brazos abiertos porque saben desde hace tiempo que nunca se deja de aprender (y de disfrutar) porque la vida nunca deja de enseñar.

Son personas que casi nunca se quejan, que con su optimismo viven cada uno de sus días siendo amables con los demás, demostrando aprecio y paciencia, y que se centran en su día a día sin importarles mucho el futuro, porque lo saben incierto y porque consideran que pensar demasiado en el porvenir puede hacerles perder el verdadero valor del aquí y ahora. 

Son generosos y se recuerdan a sí mismos lo increíbles que son (simplemente por ser humanos e intentar mejorar cada día) y lo mejor que pueden llegar a ser, lo que hace que se motiven y siempre estén dispuestos a seguir adelante.

Hacen aquellas cosas que les dan paz y serenidad, como escuchar música, meditar, hacer ejercicio o, simplemente, pasear.

Y aquellas cosas que no tienen más remedio que hacer, y que no son de su agrado, las emprenden no como condenas, sino con un ánimo tranquilo porque saben que de esa manera cualquier cuesta arriba se convierte un poco más en cuesta abajo, y se sienten mejor.

Personas con las que gusta charlar, porque escuchan y muestran sus emociones sin miedo a parecer ñoños o a que se vean sus fallos y debilidades.

Gente buena, con la que estamos todos los días y que deberíamos de apreciar y considerar más.


domingo, 22 de noviembre de 2020

CÓMO MANTENER UNA RELACIÓN DE PAREJA SATISFACTORIA



Pixabay

A pesar de la fugacidad de muchas relaciones que se establecen en esta época que nos toca vivir, lo cierto es que todavía muchas personas quieren establecer relaciones para toda la vida y no es infrecuente que cuando vemos a una pareja que lleva junta muchos años tengamos un sentimiento de sana envidia y nos preguntemos cómo habrán hecho para vivir y conseguir la complicidad que tienen.
Algunos consejos útiles para conseguir establecer y mantener relaciones interpersonales duraderas y satisfactorias, pueden ser los siguientes:

Acostúmbrese a solucionar los problemas en cuanto aparezcan, no espere a que el tiempo pase o que desaparezcan por sí mismos. Los conflictos, si se abordan e intentan solucionar, pueden reforzar una relación. Dejar que los problemas se expresen libremente supone que cada uno acepta al otro en su singularidad y que se asumen las consecuencias de los actos, creándose una relación dinámica en la que cada uno se expresa libremente.

Es importante también saber verbalizar lo que queremos o deseamos, lo que estamos sintiendo, con expresiones claras, y no esperar a que el otro adivine lo que pensamos o necesitamos.

También es necesario aceptar que yo podré expresar lo que quiero y necesito, pero el otro tiene también derecho a decir que no, sin que eso suponga que me rechaza o que me quiere poco.

Practicar la escucha empática, sabiendo callar, escuchar de manera paciente con tolerancia y neutralidad. No se trata de dar mi opinión enseguida, sin escuchar o dejar que el otro dé la suya y descalificándole con palabras peyorativas, sino de escuchar sin juzgar.

Hacer equipo con el otro, es decir, demostrar que estamos ahí, con nuestros límites, pero que realmente puede contar con nosotros porque nos implicamos afectivamente en la relación. Nos comprometemos.

Existen muchas frustraciones, decepciones y sufrimientos que también aportan sentido a la vida porque nos dan madurez emocional. Podemos vivir plenamente nuestras relaciones a pesar de ellas, porque siempre defenderemos nuestros intereses, nos concederemos tiempo, exigiremos ser respetados… es decir, nos acordaremos de nosotros mismos. Porque, por último, solamente cuidándonos nosotros mismos, seremos capaces de poder cuidar al otro.


domingo, 15 de noviembre de 2020

CUANDO AMENAZA LA ANGUSTIA



Imagen: Pixabay

Cuando padecemos ansiedad es muy frecuente que experimentemos, en ocasiones sin que previamente suceda nada negativo o que nos altere, una sensación muy negativa que puede ir desde la sensación de opresión en el pecho, ahogo o dolor de cabeza hasta malestar en el estomago, sudoración, temblores musculares, etc… Así, hasta casi trescientos síntomas diferentes que se han podido diagnosticar.

Además, en ese momento, que no suele durar más que unos minutos, pero que parecen interminables para quien los padece, se suele experimentar mentalmente una sensación profunda de miedo que puede llegar al pánico, sensación de que algo terrible va a suceder. Se padece un terror intenso mental por lo que está sucediendo. A veces, no hay ningún pensamiento concreto que esté en nuestra mente, más que el del miedo.

El que ha experimentado un ataque de pánico, pico de ansiedad o momento de angustia, sabe de lo que hablo.

La reacción inmediata que solemos tener es, por supuesto, además de pasarlo muy mal, asustarnos y, si estamos en casa, tumbarnos, o si vamos conduciendo, parar inmediatamente el coche, e intentar esperar a que pase ese mal momento.

Pero lo más importante es que, en el cerebro, el momento de terror ansiógeno que padecemos deja un huella profunda que hace que por un lado temamos que en cualquier momento nos vuelva a pasar lo mismo, con la consiguiente pérdida de confianza en nosotros mismos y el vivir prácticamente con el temor permanente a que esto suceda y, por lo tanto, en alerta.

El miedo hace que, a veces, dejemos de llevar la vida que llevábamos y restrinjamos, por ejemplo, nuestras salidas, el hacer determinadas cosas que quizás estábamos haciendo cuando nos encontramos tan mal, etc. En definitiva, la huella mental que nos deja es que pensamos mal y nos sentimos mal, y nos quedamos atrapados en ese círculo vicioso y así es más probable que vuelva a producirse el ataque de pánico.

Con frecuencia tomamos ansiolíticos que, evidentemente, cuando los tomamos, hacen efecto y nos relajan, aunque no siempre, porque la mente es más fuerte y el miedo puede llegar a ser superior a la medicación que tomamos, lo que nos impele a necesitar cada vez más dosis.

Tratar este tipo de problemas es algo habitual en las consultas de psicología, con un tratamiento cognitivo-conductual que es el tratamiento de elección, porque es el que mejor resultados da.

Lo fundamental es perder el miedo. La ansiedad es un monstruo que está en nuestra mente y que nos ocasiona mucho malestar, pero que se puede aprender a manejar primero, y a eliminar después, perdiéndole miedo y aguantando con las herramientas adecuadas.

En el momento en que se le pierde el miedo y no se adopta mentalmente la respuesta de huida y se enfrenta usted a la ansiedad, ya ha empezado a ganar la partida. Seguir con estrategias conductuales y cognitivas es ganar la batalla ya para siempre a la ansiedad, que desaparecerá y le permitirá volver a confiar en sí mismo.




domingo, 8 de noviembre de 2020

ESCOGER BIEN LAS BATALLAS




Si pudiéramos llevar la cuenta de las veces que discutimos y nos enfadamos a lo largo de nuestra vida, probablemente nos quedaríamos asombrados del tiempo perdido en innumerables pequeñeces diarias que, sin merecer la pena, nos han ocasionado, sin embargo, bastante infelicidad.

“Escoger bien las batallas” es un dicho que oímos con frecuencia, pero que aplicamos muy pocas veces a nuestro acontecer diario. Sin embargo es de vital importancia para poder vivir nuestra vida de una manera más satisfactoria y, además, es que escogiendo bien las batallas, con sabiduría, seremos más eficaces para ganar aquéllas que son realmente importantes.

La vida raras veces es como nosotros habíamos creído o como nos gustaría; hay que enfrentarse, luchar, discutir o incluso pelear mucho por algo en lo que creemos. El mundo no es como quisiéramos y muchas personas tampoco son como querríamos que fueran, ni actúan como a nosotros nos gustaría. Siempre habrá cosas que nos salgan mal y personas que actúen haciéndonos daño.

Sin embargo, precisamente por eso, no merece la pena discutir, enfadarse o librar batallas en otras cosas. Muchas personas discuten por todo, se enfadan por cualquier cosa, ante cualquier contratiempo hacen un drama y lo único que consiguen es generarse unos niveles de malestar y estrés altísimos y llevar una vida infeliz.

Si no, mire a su alrededor; por ejemplo, en un atasco de tráfico observe a la persona que toca repetidamente el claxon y que murmura improperios, o la persona que pasa acelerada a su lado y le da un codazo sin pedir disculpas, o la persona que en una conversación en la que no está de acuerdo el interlocutor, pierde las formas y empieza a gritar.

¿Es de verdad tan importante discutir con su pareja por la forma en que ésta ha dejado la ropa? ¿Es tan importante enfadarse con su madre porque hace un comentario que considera injusto hacia usted?... Así podríamos poner multitud de ejemplos, en los que nos implicamos emocionalmente todos los días y que no son mas que pequeñeces que, sin embargo, nos generan mucho malestar.

Para eso es importante asumir que las cosas raramente se resuelven a la perfección, que cometemos errores y que, a pesar de todo, la vida sigue y no pasa nada.

El perfeccionismo y la exigencia no son más que fuente de estrés y suponen no aceptar que lo importante es vivir con bienestar y guardar las fuerzas para las batallas reales por las que hay que luchar.
No se trata de convertirse en un “pasota”, sino en escoger bien las batallas diarias, con sabiduría y serenidad, porque las hay realmente y evitar todas aquellas que no lo son, y así evitar generarse ansiedad. Recuerde que no merece la pena sufrir por pequeñeces.


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