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domingo, 25 de septiembre de 2022

CÓMO MANTENER UNA RELACIÓN DE PAREJA SATISFACTORIA



Pixabay

A pesar de la fugacidad de muchas relaciones que se establecen en esta época que nos toca vivir, lo cierto es que todavía muchas personas quieren establecer relaciones para toda la vida y no es infrecuente que cuando vemos a una pareja que lleva junta muchos años tengamos un sentimiento de sana envidia y nos preguntemos cómo habrán hecho para vivir y conseguir la complicidad que tienen.

Algunos consejos útiles para lograr establecer y mantener relaciones interpersonales duraderas y satisfactorias, pueden ser los siguientes:

Acostúmbrese a solucionar los problemas en cuanto aparezcan, no espere a que el tiempo pase o a que desaparezcan por sí mismos. Los conflictos, si se abordan e intentan solucionarse, pueden reforzar una relación. Dejar que los problemas se expresen libremente supone que cada uno acepta al otro en su singularidad y que se asumen las consecuencias de los actos, creándose una relación dinámica en la que cada uno se expresa libremente.

Es importante también saber verbalizar lo que queremos o deseamos, lo que estamos sintiendo, con expresiones claras, y no esperar a que el otro adivine lo que pensamos o necesitamos.

También es necesario aceptar que yo podré expresar lo que quiero y necesito, pero que el otro tiene también derecho a decir que no, sin que eso suponga que me rechaza o que me quiere poco.

Practicar la escucha empática, sabiendo callar, escuchar de manera paciente con tolerancia y neutralidad. No se trata de dar mi opinión enseguida, sin escuchar o dejar que el otro dé la suya y descalificándole con palabras peyorativas, sino de escuchar sin juzgar.

Hacer equipo con el otro, es decir, demostrar que estamos ahí, con nuestros límites, pero que realmente puede contar con nosotros porque nos implicamos afectivamente en la relación. Nos comprometemos.

Existen muchas frustraciones, decepciones y sufrimientos que también aportan sentido a la vida porque nos dan madurez emocional. Podemos vivir plenamente nuestras relaciones a pesar de ellas, porque siempre defenderemos nuestros intereses, nos concederemos tiempo, exigiremos ser respetados… es decir, nos acordaremos de nosotros mismos. Porque, por último, solamente cuidándonos nosotros mismos, seremos capaces de poder cuidar al otro.


domingo, 18 de septiembre de 2022

VOLVER A EMPEZAR

Imagen de Johannes Plenio en Pixabay

Las rupturas amorosas sumen a las personas en muchos pensamientos negativos acerca de su propia valía.

Es frecuente pensar que uno no ha sido lo suficientemente valioso, o inteligente, o atractivo, para mantener a la persona amada al lado. El abatimiento y la tristeza se apoderan de la mente del que sufre la pérdida.

La amargura y tristeza es tan grande que aunque sabemos que un amor deja paso a otro, que nadie es imprescindible y que de la misma manera que se enamoró una vez puede hacerlo varias veces a lo largo de la vida, estos argumentos no consuelan a la persona que sufre por sentirse abandonada o traicionada.

Mantener la esperanza y centrarse en uno mismo es el primer paso para superar el desamor. Pensar que no son carencias que uno tenga, sino simplemente que la relación interpersonal acaba por falta de compromiso del otro, por problemas de convivencia que matan poco a poco el amor o simplemente por dejadez. Porque el amor hay que cuidarlo.

La atención al otro, la comunicación, el intentar cada día hacer feliz al otro, son elementos claves de una buena relación de pareja.

Pero todo tiene que partir del compromiso profundo y sincero de estar con el otro y de ser honesto y sincero.

Si, a pesar de todo esto, el amor se apaga, siempre hay que continuar adelante y pensar que la vida, siempre generosa, nos pondrá en el camino a otra persona con la que nuestro corazón roto, pero también más fuerte tras el desamor, volverá a ilusionarse y sonreír.


domingo, 11 de septiembre de 2022

OLVIDAR PARA SEGUIR



Imagen: Pixabay 

La decepción es difícil de digerir mentalmente. Cuando alguien nos decepciona es complicado volver a pensar en él o en ella de otra manera que desde la visión de que algo se rompe profundamente y de que nos sentimos engañados.

Es un sentimiento al que es difícil dar la vuelta. Con frecuencia volvemos una y otra vez a preguntarnos cómo pudo ser que esa persona nos mintiera o engañara, cómo pudo hacernos daño intencionadamente.

Perdonar se hace difícil y sin embargo es necesario porque de esa manera dejamos de anclarnos en le pasado.

El perdón supone soltar lastre y seguir con nuestra vida. No es ofrecer de nuevo la mejilla o tender la mano. Quien nos hizo daño ya no forma parte de nuestra vida y tampoco debe formarlo de nuestro pensamiento.

En ese sentido, el perdón supone destruir el vínculo que quedaba y deshacerse de lo que nos produce malestar. No hay que dar más vueltas y, simplemente, pero constantemente, hay que repetirse que hay de que dejarle ir, que se marche de nuestro pensamiento.

Aprender de lo vivido es lo que nos da fortaleza, aunque al principio duela.

Olvidar es necesario, pero un olvido consciente de que lo mejor ahora después de la decepción y la ruptura, es empezar por uno mismo. Por redescubrirse haciendo cosas, actividades, conociendo a nuevas personas, aireando nuestro interior.

Olvidar a la persona que nos trató mal, sea una relación amorosa, un compañero de trabajo o cualquier otro ser humano que se nos cruza negativamente en el camino, es aprender de los errores cometidos, reafirmarnos en que lo más importante es la atención a uno mismo. Conectar con nuestros valores, con lo que somos y sentirnos orgullosos de ellos.

Entender que somos un proceso y que continuamente estamos en progreso y aprendiendo, y que en el transcurso de ese aprendizaje seremos como el junco que se dobla ante los vendavales, pero recupera su fuerza y su firmeza una vez pasada la tormenta.

Aferrarse al presente y entender que la vida es un regalo, que hay que estar en el momento, dejando atrás un pasado doloroso, pero siempre enriquecedor porque siempre enseña.

Y por último, tener muy presente que nadie más que uno mismo se encarga de su propia felicidad o bienestar.

Así que no hay que olvidar nunca, nunca, que nuestro principal trabajo es tratarnos bien y hacernos feliz.


domingo, 4 de septiembre de 2022

CALMA



Imagen: Pixabay

Vivimos una época atolondrada en la que todo sucede a gran velocidad. Casi por inercia, las personas nos metemos en ese torbellino de “todo rápido”, cambios continuos, nuevas tecnologías, necesidad de estar siempre presentes en muchos sitios, exigencias individuales que nos hacen estar muchas veces hiperactivos, permanentemente haciendo cosas y probando nuevas sensaciones. Es la época del estrés, que siempre pasa factura, sintiéndonos ansiosos y agotados.

Es frecuente, por ejemplo, ver a padres que además de trabajar fuera de casa, lo hacen dentro con multitud de actividades programadas para sus hijos y también para ellos mismos. Padres que se turnan para atender a los hijos para poder ellos tener su espacio y quedar con amigos, salir a hacer deporte... queriendo llegar a todo, como si la exigencia de hacer y hacer cosas diferentes fuera real. Vemos también a niños apuntados a muchísimas actividades, además de las propias de la escuela, entre las que la vida familiar queda diluida. El estar en casa casi es algo negativo, porque permanentemente hay que hacer “algo”.

Es la época del consumo rápido, de que lo que ayer era un “crack” en pocos días ya no significa nada, y así van pasando los años con un permanente cansancio, agotados al final del día y, en ocasiones, con poco disfrute de lo hecho.

Es necesario que seamos conscientes de que podemos vivir de otra manera. Es necesario organizarse mejor, priorizando realmente lo importante en la vida de cada uno.

¿Y qué es lo verdaderamente importante? Primero, uno mismo y su bienestar personal. Porque si uno se encuentra bien consigo mismo lo estará también con los otros y, de esa manera, será capaz de estar ahí, ayudando o colaborando.

Esta prioridad no es egoísmo, sino realmente decidir qué es lo importante del día de hoy. Solo lo que vaya a hacer, sin cargarme de mil actividades. Lo prioritario siempre, siempre, van a ser las personas, el contacto afectivo con los hijos, la pareja, la familia, el compañero de trabajo… cada uno en su medida, pero eso debería ser lo prioritario.

Aturullarse haciendo mil planes nos priva muchas veces de ese contacto afectivo, de la calidez que deben tener las relaciones interpersonales, en las que la charla, el estar juntos, el tomar un café con calma, interesándonos de verdad por el otro, se convierte en la sabia que nos hace vivir mejor.

No hay que dar volteretas, ni hacer grandes artificios, ni llevar o comprarse el último invento. Hay que aprender a vivir sin prisas, con calma, haciendo cada cosa con tiempo, reflexionando, huyendo de ese frenesí agobiante que nos hace llenarnos de estrés y malestar.


domingo, 28 de agosto de 2022

DESPUÉS DEL VERANO... SERENIDAD



Imagen: Pixabay

No hay recetas infalibles para reincorporarse a la rutina, para que nos cueste un poco menos abandonar los días del verano en los que todo parece trascurrir de otra manera, mucho más relajada, y reincorporarnos a un otoño próximo que parece acompañarse siempre de cierta melancolía.

No hay soluciones mágicas, pero sí una serie de pautas, que si somos capaces de llevar a cabo con constancia, aplicándolas todos los días, nos producen serenidad.

Y la serenidad siempre produce bienestar. Lo que ocurre es que con frecuencia no nos entrenamos lo suficiente. Olvidamos que esto de pensar en uno mismo, de cuestionarse cómo nos encontramos, qué nos preocupa y qué podemos hacer para ser felices, requiere un compromiso diario. Es un entrenamiento cerebral, hasta llegar a convertirlo en un hábito de pensamiento.

Así que ponga a su cerebro unas zapatillas de deporte imaginarias y entrene, entre otras muchas, las siguientes pautas de pensamiento:

. Escoja una palabra para el nuevo curso, por ejemplo: SERENIDAD y repítasela y téngala presente a los largo del día todas las veces que quiera. Al recordársela y pronunciarla mentalmente, respire con calma y conecte con ella.

. Trate de aceptar y comprender al otro tal y como es. Huya de la crítica fácil y piense que es preferible que nos engañen alguna vez o nos decepcionen, que vivir desconfiando de los demás permanentemente y pensado que esto es la jungla. Esto genera mucho malestar. Relájese.

. Nadie es más ni menos que usted. Esto tan obvio, que decimos y con frecuencia no creemos, es verdad: no hay ser humano idéntico al otro. Todo ser humano es digno de respeto y de comprensión… aunque a veces cueste. Así que deje de torturarse mentalmente despreciándose e infravalorándose, y trátese con igual cariño y respeto como trata a los demás.

. Pase página. Deje de rumiar el pasado. Olvide a las personas que le han hecho mal, los errores cometidos y sus meteduras de pata… somos seres humanos en progreso y seguiremos acertando y equivocándonos toda la vida; así que no se mortifique.

. Acepte el paso del tiempo. Sí, ¡envejecemos! Por ello, aproveche las lecciones que nos da la vida. Cuídese, pero huya de comportamientos y conductas obsesivas que le hacen esclavo del aspecto exterior.

. Sea amable. Haga el ejercicio diario de intentar ser mejor persona, hacer el bien y no perjudicar a nadie.

. Y recuerde: “No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices”.

www.diazbada.com

domingo, 31 de julio de 2022

FUSIÓN DE AMOR

Imagen de Pezibear en Pixabay

Hay parejas que lo hacen todo juntos.

Se levantan a la misma hora y acuden a sus respectivos trabajos, se van a dormir a la misma hora y comparten los mismos amigos. Si tienen que hacer compras, salen los dos y comentan lo que les favorece a cada uno de ellos. Si se encuentran con conocidos, comentan también cómo les han visto.

Eligen conjuntamente dónde ir de vacaciones y, si tienen hijos, están de acuerdo también y discuten sobre qué proyecto vital quieren llevar a cabo con ellos, cómo va la educación y el crecimiento de sus vástagos.

Lo comparten todo.

Son fieles el uno al otro, porque se gustan y porque se sienten bien el uno con el otro.

No necesitan a nadie más, y aunque son capaces de sentirse atraídos por otras personas, sin embargo, como si de un juramento interior con ellos mismos se tratara, ven a su compañero/a de vida como el elegido, como aquel o aquella que colma todas sus expectativas y con quien se sienten felices y seguros.

Este grado de intimidad y de fusión no es simplemente una cuestión de voluntad. Que también. Es producto de un progreso y gradual acercamiento por entender al otro, por ponerse en su piel. Por comentarle todos las dudas e inseguridades que van surgiendo en la vida.

Juntos refuerzan sus energías, sus capacidades intelectuales y vitales.

Hay un equilibrio perfecto en el que si uno está cansado, sabe que cuenta con el apoyo del otro, y viceversa. Sabe que no tendrá en el otro a un juez severo que le recrimine y condene, sino a alguien que le entenderá y apoyará, aunque le corrija y le haga ver que se ha equivocado.

Es contar incondicionalmente con el otro. Se complementan y las carencias de uno se suplen con las virtudes del otro.

Y los dos, para que este perfecto engranaje funcione, apuestan cada día por hacer feliz al otro, por facilitarle la vida.

Son capaces de perdonarse los errores y fallos y de tratar los asuntos en los que no están de acuerdo con delicadeza y sentido del humor.

La mirada del uno hacia el otro es de complicidad y de indulgencia.

Y en este tejer cotidiano del día a día, consiste el amor verdadero, aquel que sobrevive a tempestades y adversidades diarias, aquel que dura toda la vida. Aquel que hay que ir cuidando y cultivando para que permanezca a lo largo del tiempo.

Trabajoso, sí, pero apostar por esa fusión amorosa, por ese amor incondicional y profundo, es lo que llaman el verdadero amor. Feliz verano.


domingo, 24 de julio de 2022

SIN PRISA



Imagen: LTPV

El tiempo parece volverse un poco más lento en esta época del año; anochece más tarde, hace calor y parece que todo nos invita a tomarnos el día a día sin prisas.

Como si las prisas desaparecieran por unos meses, para volver al ritmo frenético en el que vivimos a partir del mes de septiembre.

Vivimos en una sociedad donde está hipervalorado el tener el tiempo ocupado; parece, incluso, que la persona que se toma las cosas de manera relajada, no es productiva.

Sin embargo, qué importante es hacer las cosas sin prisas, porque no solamente se gana en eficacia, sino que se evita tener muchos momentos de ansiedad innecesarios, que tanto malestar nos provocan.

Deberíamos reflexionar estos meses de verano, para intentar, en septiembre, realizar las tareas diarias que tenemos, con la rapidez que requieran, pero sin prisas innecesarias.

Para eso es fundamental organizar bien el tiempo, distribuirlo adecuadamente, sin autoexigirnos a veces cosas imposibles de hacer y, más importante todavía que todo esto, dedicar unas horas del día a conversar, pasear o, simplemente, a "perder el tiempo".

Este "perder el tiempo", tan denostado hoy en día por parecer sinónimo de vago, es algo fundamental.

Por ejemplo: estar sentado en un banco viendo pasar a la gente, tumbarse al sol, cerrar los ojos y conectar con nuestro interior... sestear, proporcionarse cosas y momentos agradables... todo eso que, en general, nos gusta hacer en vacaciones.

Intentemos que cuando volvamos después del periodo vacacional a nuestros trabajos diarios, no perdamos la posibilidad de reservar unas horas para nosotros mismos, para escuchar música, pasear, hacer ejercicio o charlar con nuestros familiares.

Pongamos como prioritario el contacto afectivo con los que queremos. Seguramente, nuestro bienestar será mayor y eso hará que encaremos el día a día, con mayor ánimo.

Recuerde, como he leído hace poco, que el trabajo más productivo es aquél que sale de las manos de un ser humano contento.


domingo, 10 de julio de 2022

COMUNICARSE MEJOR

Imagen de shell_ghostcage en Pixabay

Comunicarse no es simplemente hablar.

Creemos equivocadamente que las palabras se las lleva el viento y no es así.

En ocasiones se convierten en dardos envenenados que hacen mucho daño y que permanecen en la mente de la persona herida a veces toda la vida.

Comunicarse exige que tengamos al otro en cuenta. Decir o exponer lo que siento o pienso, pero siendo siempre asertivos.

Es decir, no agredir o ponerme a la defensiva, que lleva inevitablemente a que la comunicación se corte.

O permanecer pasivo sin decir nada ante lo que el otro me está diciendo, que conlleva siempre dosis de ansiedad alta porque no nos atrevemos a defender lo que queremos decir con las palabras, generándonos gran frustración y malestar interno.

Para comunicarse bien hay que pensar bien en lo que vamos a decir, y eso supone también pensar en las consecuencias que van a tener mis palabras. Reflexionar y no dejarse llevar por el primer impulso es un ejercicio necesario, que da madurez y consistencia a lo que decimos.

Hay que partir siempre del respeto profundo al otro. De darse cuenta de algo, en principio obvio, pero que se olvida demasiadas veces.

Que el otro, el que está enfrente es un ser humano que libra sus propias batallas, con sus tristezas y problemas y desde ahí, desde ese punto, intentar no ofender, ni herir.

Defender mi postura y explicar mis argumentos partiendo de ese respeto, pero exigiendo también que el otro respete. Es decir, que si yo intento hablar y la otra persona me corta, se burla, pone gestos despectivos, ahí deberíamos cortar la comunicación. Argumentar en ese momento que ante esa falta de respeto no voy a malgastar mi tiempo, ni mis argumentos, en hablar con alguien que no está en el mismo nivel.

Sí, sé que puede parecer presuntuoso, pero es así.

Para que la comunicación sea eficaz, hay que estar en el mismo nivel.

Y no me refiero al nivel intelectual o académico sino simplemente al más básico y sencillo: el del respeto. El de ver al otro como el ser humano que es. Aunque no me guste o no esté de acuerdo con lo que argumenta, que siempre merece la consideración y escucha que todos debemos tener ante un semejante.


domingo, 3 de julio de 2022

HABLAR CON LOS HIJOS


Todos los padres tenemos la misma preocupación: que nuestros hijos crezcan sanos y se vayan convirtiendo en personas fuertes y que en el futuro sean felices. Invertimos tiempo y energías en aconsejarles, corregirles y enseñarles. Todo ello requiere un gran esfuerzo y dedicación y es... muy cansado. La crianza de los hijos, tanto físicamente, como psicológicamente, es una tarea dura, aunque la satisfacción de verlos crecer felices supera con creces cualquier esfuerzo.

Explicarles, en el ambiente familiar, las diferentes situaciones y personas con las que pueden enfrentarse en el día a día es fundamental para favorecer en ellos una correcta autoestima y para darles seguridad. Algunos padres olvidan que hablar con ellos significa estar al tanto, todos los días, de sus preocupaciones, de sus dudas y preguntas, y de cómo se sienten . No es solamente atenderles físicamente o preocuparnos por las tareas escolares. Tenemos que adelantarnos y explicarles cosas de un mundo que apenas están empezando a conocer.

Damos por sentado situaciones y conductas, sin caer a veces en la cuenta de que ellos han venido a este mundo a "cero" y que depende de nosotros el que vayan poniendo en marcha recursos con los que poder ir enfrentándose al día a día. Explíquele a su hijo y hable con él. Escuche, con una escucha activa, sus sentimientos y emociones, y observe cómo se siente, aunque le parezcan nimiedades. Para él son todas cosas muy importantes. Después, dígale lo que cree que debería hacer para ir enseñándole el camino.

Hablar con su hijo, explicarle el mundo que se va encontrando cotidianamente, es una tarea que hay que hacer desde pequeños para poder seguir haciéndolo en la adolescencia y continuar en la vida adulta, siendo los padres modelos de referencia para enseñarles a vivir su propia vida.



domingo, 26 de junio de 2022

DE LO QUE ESTÁ HECHA LA FELICIDAD


Hoy en día tenemos consejos para todo: cómo comer mejor, qué hacer en cinco pasos para adelgazar o engordar, qué debemos pensar o qué actitudes tomar para sentirnos mejor y mejorar así nuestra autoestima... Pero la información es muchas veces contradictoria y lo que nos aconsejan unos, otros nos lo desaconsejan.

De esa manera estamos con frecuencia muy pendientes de lo externo para ver qué es lo mejor que podemos hacer o pensar para ser felices. Todo tiene que venir de fuera y cada cual parece tener su receta mágica.

La realidad es mucho más sencilla y está al alcance de todos.

La felicidad, en realidad, no depende de lo externo. Eso ya lo sabemos, me dirán, pero, ¿cómo hacer para sentirse bien?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de que la felicidad, entendiendo por ella ese estado de paz interior y serenidad que todos anhelamos, no depende de la realidad que nos toca vivir sino de la interpretación que hacemos de ella.

Por eso, los elementos que a alguien le proporcionan esa serenidad buscada, para otras personas son insuficientes o distintos.

Encontrar un sentido a la vida es a veces complicado. La vida no es justa ni tampoco es fácil. Intentar encontrar sentido a lo que hago y ser capaz de modificar el rumbo de mi vida si no me satisface, requiere valor. Por eso, la felicidad está al alcance de todos. Simplemente, hay que atreverse a cambiar. Ese cambio mental profundo que nos lleva a agradecer y a apreciar lo que tenemos; a disfrutar del afecto de las personas a las que queremos y a recordar a las que se fueron y el legado afectivo que nos dejaron.

www.diazbada.com

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