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domingo, 22 de abril de 2018

Hablar con los hijos

Todos los padres tenemos la misma preocupación: que nuestros hijos crezcan sanos y se vayan convirtiendo en personas fuertes y que en el futuro sean felices. Invertimos tiempo y energías en aconsejarles, corregirles y enseñarles. Todo ello requiere un gran esfuerzo y dedicación y es ...muy cansado. La crianza de los hijos, tanto físicamente, como psicológicamente, es una tarea dura, aunque la satisfacción de verlos crecer felices supera con creces cualquier esfuerzo.

Explicarles, en el ambiente familiar, las diferentes situaciones y personas con las que pueden enfrentarse en el día a día es fundamental para favorezcer en ellos una correcta autoestima y para darles seguridad. Algunos padres olvidan que hablar con ellos significa estar al tanto, todos los días, de sus preocupaciones, de sus dudas y preguntas, y de cómo se sienten . No es solamente atenderles físicamente o preocuparnos por las tareas escolares.Tenemos que adelantarnos y explicarles cosas de un mundo que apenas están empezando a conocer.

Damos por sentado situaciones y conductas, sin caer a veces en la cuenta de que ellos han venido a este mundo a "cero" y que depende de nosotros el que vayan poniendo en marcha recursos con los que poder ir enfrentándose al día a día. Explíquele a su hijo y hable con él. Escuche, con una escucha activa, sus sentimientos y emociones, y observe cómo se siente, aunque le parezcan nimiedades. Para él son todas cosas muy importantes. Después, dígale lo que cree que debería hacer para ir enseñándole el camino.

Hablar con su hijo, explicarle el mundo que se va encontrando cotidianamente, es una tarea que hay que hacer desde pequeños para poder seguir haciéndolo en la adolescencia y continuar en la vida adulta, siendo los padres modelos de referencia para enseñarles a vivir su propia vida.



domingo, 15 de abril de 2018

PAUTAS PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD


Todos tenemos momentos a lo largo de nuestra vida en los que experimentamos ansiedad. La ansiedad es una emoción normal y sana, que todos sentimos, y en general nos hace rendir mejor o enfrentarnos a determinadas situaciones con más probabilidades de éxito. Nos prepara para la acción y para estar alerta. Esa es la ansiedad buena.

La mala es aquella que experimentamos cuando no necesitamos estar en alerta, rendir mejor o enfrentarnos a alguna situación.
Esa es la que hace que físicamente notemos síntomas como sudoración, dolores de cabeza, palpitaciones, temblores musculares y un sinfín más de síntomas que interpretamos asustándonos y provocando más tensión muscular, más síntomas y más miedo.

Para conseguir que dicha ansiedad vuelva al umbral en el que debe estar y se convierta de nuevo en una respuesta normal y sana, podemos guiarnos por estas pautas.

* No tenga miedo. No va a suceder nada terrible. Por mucho que los síntomas sean muy aparatosos, ni se va a volver loco, ni va a pasar nada.

* Aceptar que en ese momento tiene miedo, es la mejor manera de enfrentarlo y hacer que empiece a ceder y se vaya reduciendo.

* Respire con calma, ayúdese de la respiración diafragmática, la que llega al final de nuestros pulmones y hace incompatible fisiológicamente experimentar ansiedad. Haga respiraciones profundas y tranquilas, y verá cómo, poco a poco, los síntomas desaparecen.

*Distráigase: mire alrededor y fíjese en lo que ocurre fuera.bNo se auto observe e intente estar distraído y ocupado físicamente. Lo peor que puede hacer es tumbarse y quedarse quieto; aumentará la autobservación y con ello los síntomas.

*Maneje bien sus pensamientos: Piense que no está en una situación real de peligro, que su mente la maneja usted y que es capaz de controlarla y pararla.

Dese pensamientos tranquilizadores y positivos, y verá cómo su mente es capaz de ir frenando la respuesta de ansiedad, cómo desaparece el miedo y se va sintiendo mejor.

domingo, 8 de abril de 2018

AMOR Y DESAMOR


La cultura en la que vivimos fomenta el mito del amor romántico, de tal manera que no es difícil encontrarse con personas que pasan su vida suspirando por él.

Por un amor romántico en el que todo fluye, eterno y, como si de Romeo y Julieta se tratase, nunca desaparece por mucho que pasen los años.

Muchas personas también se obsesionan con un primer amor que cuando se perdió consideran el único verdadero que han experimentado. Y no es así.

Hay un amor pasional y primerizo, que se relaciona más con cuestiones bioquímicas y que suele suceder la primera vez que nos enamoramos.

Los estudiosos dicen que se debe fundamentalmente a la dopamina y oxitocina que aparecen y nos hacen pensar que es el único y verdadero, a pesar de que nos demos cuenta de que en ocasiones no es conveniente.

De ese amor romántico se pasa a un amor compañero en el que se deja uno de mirar en el otro para mirar el futuro juntos, crecer como personas, compartiendo la vida ,pero también buscando individualmente avanzar.

Curiosamente, ese primer amor romántico es tomado muchas veces como el único que experimentamos, quejándonos de que luego el amor se convierte en rutina y ya no es ese primer amor pasional.
Pero en estudios llevados a cabo se comprueba que de ese primer amor pasional pocas veces se dan parejas duraderas en el tiempo y que es mejor el resto de enamoramientos que sí conducen a un amor estable, apasionado y realista, pero con menor carga romántica.

Es como si el primer amor fuera bioquímico y luego debieramos encontrar un amor compañero.

Por eso, aquellas personas que se empeñan hasta llegar a obsesionarse, con que solamente se han enamorado una vez del primer amor, pierden un tiempo precioso. El tiempo de asumir pérdidas necesarias, por mucho que duelan, para volver a rehacer su vida y encontrar el amor verdadero, aquel que nos acompaña durante la vida y que nos hace vivir la vida real.


domingo, 25 de marzo de 2018

UN SUFRIMIENTO EVITABLE


Hay personas que viven dominadas por la vergüenza y el temor permanente de que los demás les juzguen duramente y que en cualquier momento descubrirán lo imperfectas, indeseables o defectuosas que son.

Estas personas viven atrapadas en sentimientos de culpa y vergüenza que les atenazan dolorosamente, sintiéndose inferiores a los demás y estableciendo comparaciones en ocasiones absurdas, que siempre conducen a una infravaloración.

Estas personas mantienen actitudes tóxicas en sus pensamientos:

• Viven pendientes del control: deben controlarlo todo, sus relaciones, sentimientos, su trabajo; son hiperexigentes con ellos mismos y con los demás. Perfeccionistas, nada es nunca suficiente.

• Viven pendientes de una imagen externa: hay que comportarse, hay que parecer, lo que piensen los demás es lo más importante… No solamente hay que ser, centrándose en uno mismo, sino, sobre todo, parecer.

• Es frecuente que culpen a los demás de que las cosas no vayan como deberían ser de acuerdo a sus esquemas.

• Cometer errores es una catástrofe que torpedea su autoestima, porque eso indica que eres vulnerable, por lo que cuando los cometen, irremediablemente, se mortifican o echan la culpa a los demás, poniéndose a la defensiva y generando actitudes muchas veces agresivas.

• No confían en las relaciones personales marcadas por la tranquilidad, y si el otro se muestra sereno, lo confunde con simplicidad.

• No siempre, pero, en ocasiones, la ambición suele marcar la vida de estas personas, una ambición insana relacionada con la idea anterior de que los demás vean lo que tengo, hago, poseo, etc. Una ambición desmedida que esta íntimamente ligada a la insatisfacción personal que presentan, cerrándose un círculo vicioso del que no son capaces de salir.

• Pueden dar la imagen de ser seguros y confiados en sí mismos. Semejante contrasentido interno obedece a la necesidad de mantenerse a flote para poder seguir malviviendo.

Todas estas actitudes llevan a una perdida de la identidad personal, de la autoestima y, como consecuencia de ello, acarrean problemas emocionales diversos que hacen que la vida de estas personas sea  dolorosa, con una permanente sensación de vacío interior.



domingo, 18 de marzo de 2018

LA VIDA PASA

John Lavery, El puente de Grez, 1910
Estamos ya en las puertas de la primavera. El invierno ha sido duro y, sin embargo, como ya prácticamente ha pasado, nos acordamos menos de él y disfrutamos de los primeros rayos de sol y de la mejor temperatura.

Vendrá el verano y los días calurosos, y así se ira repitiendo todo, mientras nuestra vida va transcurriendo. Con sus sinsabores y disgustos, con sus momentos de plenitud y bienestar.

La vida pasa… nos vamos haciendo mayores y vemos a los jóvenes con melancolía, pensando que hace poco éramos como ellos, con sus mismas vivencias, sus dudas, con sus ilusiones. Ahora, muchas de las nuestras están rotas, perdidas, la ingenuidad se convierte en certeza a veces amarga… pero todo esto no debería hacernos perder el placer de vivir. Precisamente porque nuestra vida va pasando y somos conscientes de ello, deberíamos poder disfrutarla más.

Cada día que pasa deberíamos ser muy conscientes de la finitud de nuestra vida. No se trata de ser agoreros o de estar pensando en la muerte. Pero sí en saber que ésta puede ocurrir y que eso debería hacernos reaccionar para ser capaces de vivir cada día de nuestra vida con más plenitud y bienestar. Con ese bienestar que uno se proporciona desde dentro, el bienestar que se basa en pensar adecuadamente y ser capaz de disfrutar de las pequeñas cosas.

Ese bienestar que hace que nuestros hábitos se vayan flexibilizando, porque vamos sabiendo a fuerza de días y de experiencia, que no valen de nada las rigideces, que solamente nos provocan dificultades y que cuantas menos manías tengamos, según nos vamos haciendo mayores, mejor. Porque supone adaptarnos mejor a todos los imprevistos. Como los juncos que se doblan con el viento, pero no se parten.

Al final, el paso de los años revierte en un aprendizaje valioso, porque nos permite conocernos más a nosotros mismos, ser más compasivos con el otro y preocuparnos realmente por aquello que lo merece, y no por todas aquellos inconvenientes que nos hicieron sufrir antes, sin darnos cuenta muchas veces de que éramos capaces de superarlos, simplemente, cambiando la actitud y minimizando sus consecuencias.

La vida pasa y nos debe hacer más sabios. Debemos aprender de las lecciones que nos ha ido dando. Es necesario estar atentos y no perder nunca la curiosidad y los deseos de seguir siempre hacia adelante y de sentirse bien.



domingo, 11 de marzo de 2018

ANTICIPAR Y DRAMATIZAR


"A lo largo de mi vida he tenido muchas dificultades... pero algunas de ellas, nunca sucedieron". Se atribuye esta frase al escritor norteamericano Mark Twain, y en ella se refleja uno de los errores de pensamiento que más cometemos las personas y que está en la base de muchos problemas de ansiedad: la anticipación de todo tipo de dificultades y la dramatización.

Continuamente estamos pensando, bien sean pensamientos neutros, pensamientos negativos o, en ocasiones, positivos.

Los pensamientos negativos son aquellos que generan malestar y enseguida podemos identificarlos porque notamos cierto desasosiego. Entre estos pensamientos negativos abundan las anticipaciones, premonitorias de todo tipo de catástrofes. Por ejemplo, "seguro que con la crisis me despedirán de mi trabajo, y si lo pierdo, cómo voy a pagar mis gastos, como voy a hacer para vivir...." Como consecuencia de dichos pensamientos no realistas, puesto que, de momento, conservo mi trabajo, la emoción que tengo es de malestar, desasosiego y ansiedad, y mi ánimo decae.

Lo que estamos haciendo con ese tipo de pensamientos es generarnos un malestar que no es real. Una cosa son los problemas reales, que por supuesto hay que enfrentar, y otra los problemas "imaginarios", que solo existen en nuestro pensamiento, pero en unos pensamientos irracionales, dramatizadores, que generalmente nos paralizan.

Cuántas veces nos "montamos" en nuestra mente "películas" absurdas, porque no existen, generándonos un malestar grande, dramatizando situaciones que no son reales o anticipando todo tipo de dificultades que luego no suceden. O, lo que es peor: si suceden, como estamos en tal estado de ansiedad e inseguridad al haber dramatizado tanto, respondemos peor a la hora de enfrentarnos a ellas.

Recuerde que los pensamientos negativos son irracionales, no son ciertos.

Fíjese en los hechos reales y, en consecuencia, actúe, pero sin anticipar catástrofes o dramatizar posibles consecuencias.

De esta manera, cuando hay problemas, si acostumbra a su cerebro a trabajar así, se enfrentará de mejor manera a los problemas reales que nos suceden en la vida. Pero cuando éstos existan.

Mientras no sea así, viva el día a día con serenidad. De esta manera no sufre un desgaste emocional y su mente se fortalecerá para enfrentar mejor los problemas cuando éstos sí ocurran de verdad.


domingo, 4 de marzo de 2018

LA PERFECTA DIETA PARA UNA BUENA AUTOESTIMA

Fuente de la imagen: Pixabay

Es frecuente que seamos conscientes de que en muchas ocasiones nos convertimos en nuestro principal enemigo, culpándonos y censurándonos por haber actuado mal o por no haber prevenido o solucionado determinados problemas.

Nos azotamos internamente diciéndonos cosas terribles que nos hacen sentir mal, convirtiéndose en un hábito ese lenguaje interno negativo en que nos ponemos en duda constantemente y nos sentimos inferiores a los demás.

Los otros parecen gozar de un bienestar del que nosotros carecemos y no sabemos, además, cómo acceder a él.

Por eso, como si se tratara de una dieta que tenemos que seguir, les recomiendo las siguientes pautas para que su autoestima aumente:

- 1.er ingrediente: Sea flexible. No viva en función de rigideces y atrévase a introducir cambios, y modificar actitudes y conductas. Cuanto más rígido e inflexible es uno, más infeliz es. La flexibilidad permite adaptarse a los vaivenes de la vida y proporciona bienestar

- 2º ingrediente: No viva en función de los demás, pendiente de lo que opinan de usted o de lo que van a decir o juzgar de sus actos.
No se compare, ni este viendo las bondades de los demás y los defectos suyos.

Sin duda, cometerá errores y se equivocará. Es el precio que pagamos los seres humanos por vivir. Pero no haga de ello una catástrofe y admita que se va a equivocar hasta el final de sus días. Pero que dichas equivocaciones son las suyas, no en comparación con nadie. Y que de dichas equivocaciones siempre se aprende.

- 3.er ingrediente: Sea asertivo. Atrévase a manifestar lo que siente y piensa, sin importarle si los demás están de acuerdo o no. La asertividad forma parte de una sana autoestima. Cuanto más asertivo sea, mejor se sentirá. No tenga miedo.

- 4º ingrediente: Piense en positivo. No se trata de ser ingenuo o poco realista. Atrévase a ver lo bueno en lo malo. Simplemente. es cambiar el enfoque.

- 5º ingrediente: Sea compasivo con los demás. Todos libramos, todos los días, nuestras batallas y todos tenemos nuestras tristezas… sí, incluso aquel que parece que la vida siempre le sonríe. Así que sea compasivo, amable y trate bien al prójimo

- 6º ingrediente: Recuerde que cuando ya no esté en este mundo, el principal legado que dejará será la manera de actuar que ha tenido, su actitud y su manera de ser. Así que cultive con usted mismo el ser feliz, el tratarse bien y hacer lo mismo hacia los demás.


domingo, 25 de febrero de 2018

VIVIR COMO ESPECTADOR

Amanecer. Fuente de la imagen: Pixabay
Me tomo un café y veo a unos niños que están molestando a los que estamos sentados en el local, mientras sus padres, también tomando un café, no les dicen absolutamente nada, como si el hecho de que sean niños les obligara a comportarse así.

Voluntades sin educar, pienso, y reflexiono sobre estos padres que son espectadores de sus hijos y no educan, sino que van viendo cómo se comportan, interviniendo muy poco.

Y pienso en que educar significa intervenir e ir forjando, a base de consejos, pautas, límites, un comportamiento que dará seguridad al niño y le enseñará cómo se vive, además de transmitir valores como el del respeto a los demás, uno de los más importantes.

Los padres que creen que la no intervención, el dejar hacer, es una forma de educación, actúan, en realidad, como espectadores de las vidas de sus hijos.

Además, también en ocasiones los adultos asistimos como espectadores a nuestra propia vida, sin darnos cuenta hasta qué punto debemos tomar las riendas de la misma e intervenir para cambiar aquello que queremos cambiar, en vez de resignarnos a que es así y ya está.

Posturas ambas cómodas que conducen a no pocos problemas e infelicidades.

Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida. Debemos tomar las decisiones que queramos tomar, y sentirnos poderosos y libres para llevar a cabo las conductas que queremos tener y que permiten cambios en nuestra vida que no atañen más que a nosotros mismos.

En lo que se refiere a la educación de nuestros hijos debemos intervenir, limitar y reforzar positivamente, pero sin olvidar que los niños vienen a este mundo a cero, y que enseñarles es un trabajo ingrato, por cansado, pero necesario para su bienestar y felicidad.

De la misma manera, con uno mismo, cada uno debe ser firme y saberse capaz de llevar cabo lo que quiera, a base de esfuerzo y tenacidad.

Vivir no es fácil, pero es la mejor cosa que nos puede pasar.


domingo, 18 de febrero de 2018

EVITANDO SUFRIMIENTOS

Fuente de la imagen: Pixabay

Cuántas personas se encuentran paralizadas sin atreverse a hacer cosas nuevas por miedo a fracasar, por miedo a hacer el ridículo o no “dar la talla”.

El auto-sabotaje es una trampa del pensamiento muy habitual en la mente de muchas personas. 

La autoestima se ve permanentemente dañada por él/ella misma, que mantienen un diálogo interno en el que continuamente se recuerdan los errores o simplemente se atormentan con miedos anticipatorios que les conducen a la parálisis.

No son capaces de darse cuenta de que la única persona o condición que le hace no alcanzar sus objetivos es él /ella misma, con la creación de sus propias inseguridades, indecisiones, falta de disciplina…

Parecen envidiar a otras personas que creen que poseen más cualidades o características de personalidad, de las que ellos carecen.

Pero no es así.

En el momento en que usted deja de ser su principal enemigo y empieza a tratarse con igual compasión y cariño que con el que trata a los demás, comprenderá que es capaz de conseguir lo que se proponga y que equivocarse es simplemente el precio que pagará por vivir.

Más vale equivocarse por haber hecho algo que arrepentirse toda una vida de no haberlo hecho, preguntándose qué hubiera pasado si se hubiera lanzado y hubiera tenido el valor de enfrentarse a sus miedos irracionales.

Olvídese del ridículo y de las vergüenzas, y de otras ideas absurdas, muy establecidas socialmente, pero que no valen para nada más que para aumentar el miedo y medio vivir y dése la oportunidad de perseguir lo que usted quiera ser.

No se sabotee de antemano, pensando en que no lo conseguirá o de qué carece. Simplemente, atrévase, comprométase con usted mismo y láncese.



domingo, 11 de febrero de 2018

LOS LADRONES DE LA ENERGÍA


Hay veces que nos sentimos derrotados. La vida se nos hace difícil, los problemas se presentan inesperadamente. Cada día parece un largo camino que hay que enfrentar sin apenas fuerza mental.

La energía vital se nos escapa en nuestra mente porque nos centramos en pensamientos a veces devastadores que nos alejan del bienestar.

Estos pensamientos actúan como auténticos ladrones de nuestra energía, dejándonos en mínimos y sintiendo que la vida es mucho más difícil de lo que realmente es.

Nuestro enfoque vital se vuelve oscuro y no somos capaces de ver más que brumas; como si de un día nuboso se tratara, no vemos ningún futuro.

Estos ladrones de energía son pensamientos como las quejas, el fijarnos continuamente en lo que no tenemos o en lo que perdimos, sin pararnos a pensar en todo lo que tenemos, empezando por nosotros mismos y la posibilidad de seguir viviendo.

Otro ladrón de energía son los juicios que hacemos sobre los otros, que nos enredan en espirales negativas en las que caemos a veces en la autocompasión y en compararnos continuamente con los demás, viéndonos siempre inferiores e injustamente tratados por la vida, sin reconocer lo bueno que tenemos.

La envidia es un ladrón muy eficaz de energía personal, ya que el envidioso continuamente sufre y se compara, pero, además, siembra de maledicencia cualquier comentario sobre el otro, ahogando la compasión hacia los demás que deberíamos todos tener.

El miedo se convierte también en un eficaz ladrón de energía, sobre todo ese miedo anticipatorio resumido en “y si…” que muchas veces, aunque no suceda, nos lleva a pasar días y días sumidos en temores y limitaciones que hacen de nuestra vida un camino pedregoso.

Deshacerse de esos ladrones de energía supone empezar a decidir qué tipo de pensamientos queremos dar cabida en nuestra mente.
Supone pensar en que, a pesar de las dificultades, siempre se puede ser generoso y amable con el otro, así como experimentar la compasión hacia los demás.

Pero supone, por encima de todo, no dejarse vencer, saber que en esta vida es importante luchar y rehacerse cada poco tiempo, porque siempre merece la pena.

Que el bienestar que verdaderamente cuenta es el interior, y no tanto el externo, y que para conseguir el primero simplemente se necesita tener una actitud positiva y guiarse por una serenidad conseguida a base de pensar bien.


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