ANALITYCS

domingo, 19 de enero de 2020

ERRORES DE PENSAMIENTO

Imagen de David Mark en Pixabay

Damos vueltas y vueltas a los pensamientos en nuestras cabezas sin pararnos a analizar con serenidad si lo que estamos pensando se ajusta a la realidad.

Los pensamientos negativos se vuelven automáticos y una y otra vez dan vueltas en nuestra mente.

Rara vez nos paramos a pensar para ponerlos en duda o cuestionarlos.

De hecho, hacemos lo contrario: cuanto más los escuchamos, más nos los creemos y más cosas seleccionamos para confirmar su veracidad.

Sin embargo, pensando así nos nos damos cuenta de que cometemos errores de pensamiento. Algunos de los errores de pensamiento más frecuentes suelen ser:

Negatividad

Este tipo de error de pensamiento hace que nos centremos única y exclusivamente en lo negativo. Sólo vemos las cosas que van mal o que no están bien, y pasamos por alto cualquier cosa positiva.

Amplificar

Amplificamos los negativo. Si algo nos sale mal, consideramos que todo nos saldrá mal y que nos convertiremos en perdedores perpetuos, porque, como si de una maldición se tratase, siempre hacemos todo mal. Tendemos a verlo todo en términos de todo o nada.

Bola de nieve

Una contrariedad empieza a aumentar, como si de una bola de nieve se tratase, y se convierte en una catástrofe y en una anulación de cualquier otra posibilidad de que las cosas pudiesen ir bien.

Si suspendo un examen, el efecto bola de nieve hace que llegue al pensamiento de que no valgo para estudiar y soy una calamidad. Si tengo un desengaño amoroso, quiere decir que nadie en el mundo me querrá y estaré solo el resto de mi vida.

Lectura de pensamiento

Este error de pensamiento hace que la persona piense que puede adivinar lo que el otro está pensando sobre él… que siempre será malo, claro.

Estos y otros errores de pensamiento conducen inevitablemente al malestar.

Así que cuando sienta que sus emociones le dominan y se encuentre mal, párese a pensar hasta qué punto está cometiendo alguno de estos errores y sustituya sus pensamiento por otros más equilibrados y reales.

Recuerde que todos en algún momento cometemos errores de pensamiento.

El problema aparece cuando estos errores se convierten en un hábito, y nos impiden hacer o decidir lo que realmente queremos para nuestra vida.


domingo, 12 de enero de 2020

PEQUEÑOS PASOS, GRANDES CAMBIOS


Imagen de Peter H en Pixabay

Algunas personas me cuentan que no están satisfechas con cómo transcurre su vida.

Se quejan de la monotonía o de los problemas que se les presentan una y otra vez. De tal relación personal que les perjudica y de tales amigos que no lo son realmente. Sin embargo, a pesar de lo pernicioso que resulta su entorno, siguen anclados en él; haciendo las mismas cosas, saliendo con las mismas personas, aguantando la misma relación de pareja que no le agrada.

Dicen que no es fácil cambiar. Pero es el miedo realmente el que les impide el cambio. El miedo a lo desconocido y, a veces, el miedo a darse la oportunidad de sentirse bien. Probar nuevas cosas, atreverse a romper con relaciones negativas que crean infelicidad, exige cierto grado de valentía y de saber enfrentarse a ese miedo que reside sobre todo en nuestros pensamientos y que no es real.

Un pequeño cambio y se abren nuevas esperanzas y oportunidades de bienestar.

Atreverse a hacerlo, atreverse a preferir estar solo que mal acompañado, atreverse a empezar a caminar solo sabiendo que en ese nuevo camino irán apareciendo nuevas personas, y nuevas oportunidades, con las que podremos establecer relaciones más sanas y hacer actividades diferentes.

Centrarse en lo que uno espera de su vida, no en lo que los demás esperan de uno. Ese es el primer paso para empezar a cambiar. Paso a paso, con pequeños cambios que son los que conducen indefectiblemente al cambio más general.

Por lo tanto, dé el paso. Elija cambiar si su vida no le satisface y si se encuentra desesperanzado. Pero no lo haga por nadie, hágalo por usted mismo.

Atrévase.

Estar disconforme con la vida que lleva, pero seguir andando en la misma dirección, es absurdo. Venza el miedo, enfréntese a él y empiece a dar pasos guiados por la brújula de su corazón, lo que éste le dicta y lo que usted realmente quiere.


domingo, 15 de diciembre de 2019

NAVIDAD 2019

Imagen de Jill Wellington en Pixabay

Nos acercamos al final de otro año, otro año vivido con sus alegrías y tristezas. Pérdidas de personas a las que queremos y que ya no están, decepciones y también muchos momentos buenos, risas, alegrías y bienestar.

Es importante no dejarse llevar por la melancolía.

El final del año debe hacernos mostrar agradecimiento a la vida, a Dios si somos creyentes o al universo. Seguimos un año más aquí, luchando en el día a día, pero también disfrutando.

Debemos tener presente que nadie más que uno mismo debe encargarse de su vida, de buscar la serenidad interior y la propia felicidad.

Tenemos que tener presente que somos seres en constante cambio y progreso, por eso debemos ser indulgentes con los errores cometidos y pensar en ellos como posibilidades de mejora, no como elementos con los que torturarnos.

Debemos pensar que a quien perdimos este año le echaremos de menos siempre, pero debemos valorar que su actitud, su manera de vivir y su compañía nos acompañaron durante parte de nuestra vida, y nos mostraremos agradecidos por ello, para que la tristeza sea más liviana y poder sobrellevarla mejor.

No olvidemos que ser amable con el otro es tarea prioritaria siempre, y que recordar que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros mismos es importante para mantener unas relaciones interpersonales que nos den paz.

Por ultimo, hay que pensar que la vida no es una emergencia, sino que cada día debemos ir viviendo con consciencia de que la vida no es justa y se acaba, y que, por lo tanto, no vale culpar a nadie de cómo me vaya o de lo que me suceda, sino que debo ser consciente de que la vida, en gran parte, es lo que yo decida que sea.

Feliz Navidad a todos/as y gracias.



domingo, 8 de diciembre de 2019

FUSIÓN DE AMOR

Imagen de Pezibear en Pixabay

Hay parejas que lo hacen todo juntos.

Se levantan a la misma hora y acuden a sus respectivos trabajos, se van a dormir a la misma hora y comparten los mismos amigos. Si tienen que hacer compras, salen los dos y comentan lo que LE favorece a cada uno de ellos. Si se encuentran con conocidos, comentan también cómo les han visto.

Eligen conjuntamente dónde ir de vacaciones y, si tienen hijos, están de acuerdo también y discuten sobre qué proyecto quieren llevar a cabo con ellos, cómo va la educación y el crecimiento de sus vástagos.

Lo comparten todo.

Son fieles el uno al otro, porque se gustan y porque se sienten bien el uno con el otro.

No necesitan a nadie más, y aunque son capaces de sentirse atraídos por otras personas, sin embargo, como si de un juramento interior con ellos mismos se tratara, ven a su compañero/a de vida como el elegido, como aquel o aquella que colma todas sus expectativas y con quien se sienten felices y seguros.

Este grado de intimidad y de fusión no es simplemente una cuestión de voluntad. Que también. Es producto de un progreso y gradual acercamiento por entender al otro, por ponerse en su piel. Por comentarle todos las dudas e inseguridades que van surgiendo en la vida.

Juntos refuerzan sus energías, sus capacidades intelectuales y vitales.

Hay un equilibrio perfecto en el que si uno está cansado sabe que cuenta con el apoyo del otro, y viceversa. Sabe que no tendrá en el otro a un juez severo que le recrimine y condene, sino a alguien que le entenderá y apoyará, aunque le corrija y le haga ver que se ha equivocado.

Es contar incondicionalmente con el otro. Se complementan y las carencias de uno se suplen con las virtudes del otro.

Y los dos, para que este perfecto engranaje funcione, apuestan cada día por hacer feliz al otro, por facilitarle la vida.

Son capaces de perdonarse los errores y fallos y de tratar los asuntos en los que no están de acuerdo con delicadeza y sentido del humor.

La mirada del uno hacia el otro es de complicidad y de indulgencia.

Y en este tejer cotidiano del día a día, consiste el amor verdadero, aquel que sobrevive a tempestades y adversidades diarias, aquel que dura toda la vida. Aquel que hay que ir cuidando y cultivando para que permanezca a lo largo del tiempo.

Trabajoso, sí, pero apostar por esa fusión amorosa, por ese amor incondicional y profundo, es lo que llaman el verdadero amor.


domingo, 1 de diciembre de 2019

FORTALECER LA AUTOESTIMA


Imagen de kristamonique en Pixabay

Hay personas especialmente críticas que pasan gran parte de su vida fijándose en los errores de los demás. Son personas con un carácter agrio, negativo, que en sus comentarios y también en sus gestos, denotan una amargura a veces profunda.

Generalmente, cuando estamos con ellas nos provocan malestar, porque su actitud es la queja continua, la crítica injustificada, nunca parecen estar contentos.

Son personas que parece que se nutren viendo los errores e imperfecciones de los demás. Y realmente es así: lo que va mal a los otros, les hace sentirse a ellos mejores, por encima de los demás, sintiéndose mejor que el otro.

Aparentan una compasión y empatía que no sienten y aunque verbalmente añadan supuestas palabras de entendimiento y apoyo, se sienten por encima de los demás, como si las personas que han sufrido una desgracia o se encuentra en un momento delicado de su vida, merecieran los infortunios que ellos nunca padecen, por su buen hacer y su, supuesta, rectitud y acierto a la hora de llevar su vida.

Este tipo de personas necesitan para sobrevivir emocionalmente de las desgracias ajenas, porque viéndolas sienten que son superiores y que como a ellos no les pasan, eso es indicativo de su superioridad.

Son personas que, a pesar de esa seguridad y confianza en sí mismos, de la que alardean, tienen una autoestima endeble y vacía.

Buscar el reconocimiento propio destacando los errores de los demás, es tan nocivo como falso. Porque el verdadero reconocimiento y la verdadera autoestima, la sana, es la que nace siempre de la empatía con el otro, de saberse humano y por lo tanto falible, y de considerar al otro como alguien que, como uno mismo, lucha cada día por sobrevivir y salir adelante.

Esa creencia que se enraíza en valores éticos profundos, es una de las claves de la buena autoestima.

Una autoestima sana que se solidariza profundamente con cualquier ser humano.

Una autoestima que nos dice que los errores nos hacen fuertes, más sabios y, sobre todo, mejores personas.

domingo, 24 de noviembre de 2019

DECIDIR

Imagen de Couleur en Pixabay 

Nos pasamos la vida tomando decisiones. Desde las más banales a las más importantes. Decisiones a veces difíciles pero que sabemos que nos convienen. Otras, equivocadas y que descubrimos que han sido así, erróneas, después de tomarlas.

Pero pocas veces decidimos que el día que tenemos por delante tiene que ser bueno. Creemos que las decisiones deben ser más importantes, en temas de más enjundia.

Y, sin embargo, la simple decisión de acordarse de que el día que tenemos por delante puede ser bueno, nos proporcionaría bienestar. Al final lo que verdaderamente está en nuestras manos es la actitud con la que vamos a encarar cada día de nuestra vida.

Y, en ese sentido, somos los auténticos dueños de nuestra vida.

Porque lo que suceda puede que no dependa de nosotros. Los acontecimientos ocurren. Si tendré problemas o adversidades o si habrá problemas que pueda resolver o no.

Pero, desde luego, los problemas serán menos, o más llevaderos, cuando la actitud con la que los encaremos sea de calma y de serenidad. Y de esa manera sentiremos también que controlamos la situación. Porque también esa calma nos lleva a la aceptación.

Será esa actitud la que estará directamente relacionada con el bienestar interior y con el poder vivir la vida sin dramatismos añadidos, ajustada a las reales circunstancias de cada momento.

Es esa actitud lo que diferencia a unas personas de otras, y la que hace que quien mantiene una actitud serena pueda tomarse los envites de la vida con más tranquilidad.

Por lo tanto, cuando las circunstancias sean adversas, recuerde que será la actitud que usted mantenga hacia ellas lo que marcará la diferencia entre la ausencia de bienestar o tener una mayor tranquilidad y control, pudiendo encarar las dificultades con otro ánimo.


domingo, 17 de noviembre de 2019

VIVIR EL MOMENTO PRESENTE

Imagen de Petra Boekhoff en Pixabay

Se habla mucho de vivir el momento presente. Es un consejo sabio y antiguo, sin embargo, cuesta mucho seguirlo. Parece que si entendemos nuestro pasado, y lo revisamos machaconamente, encontraremos la causa de nuestras aflicciones en el presente, y así éstas quedaran solucionadas.

Pero pocas veces es así.

Si bien entender nuestro pasado puede arrojar alguna luz sobre el presente, mantener la atención en el pasado impide avanzar.

Incluso muchos terapeutas insisten en hablar del pasado, una y otra vez, en el curso de la terapia. En mi opinión, incidir en mantener la atención en el pasado no conduce nunca a conseguir mayor bienestar en el presente y, por lo tanto, a acercarnos más a la serenidad que ansiamos.

Centrarse en acontecimientos pasados negativos y darles vueltas y más vueltas hace que los sentimientos que tengamos sean negativos, y por lo tanto, que el pasado nos condicione el presente cuando no debería ser así, porque ya no es lo que estamos viviendo.

Los recuerdos del pasado, los acontecimientos, incluso los dolorosos, pueden ayudarnos a desarrollarnos como personas, pero siempre que centremos nuestra atención en el momento presente y nos acordemos del pasado como algo ya acabado y que no puede determinar ni mi manera de pensar, ni de sentir del momento presente. Y esto es lo que deberemos trabajar.

Es importante mantener la mente en el ahora, porque estar fuera de este ahora supondrá estar preocupado por el “y si hubiera...", por las anticipaciones negativas, quejas, lamentaciones y sentimientos de culpa.

El escritor Wayne Dyer proponía un bonito ejemplo acerca de cómo vivir el momento presente. Proponía que se imaginase que iba por el mar navegando en un barco y que se hiciese tres preguntas importantes.

La primera: "¿Qué es la estela?".
La estela es el rastro que queda atrás en el agua cuando se está moviendo.

La segunda pregunta sería: "¿Qué impulsa el barco?".
Lo que hace que el barco se mueva es la energía actual del motor, no la de ayer, ni la de mañana, sino la energía que se produce en el momento presente.

Por último, "¿Puede la estela impulsar el barco?".
Evidentemente, la respuesta es que no.

La estela, el ayer, no puede impulsar nada, porque fue creada con la energía pasada y no tiene ninguna fuerza en el momento presente. Sólo vemos el rastro, pero no sirve para nuestro ahora.

Aplicarlo a nuestro día a día, nos ayudará a vivir mejor y más intensamente el momento presente.


domingo, 10 de noviembre de 2019

DECÍDETE POR EL OPTIMISMO

Imagen de Roman Grac en Pixabay

“La mayoría de la gente es tan feliz como su mente quiere serlo” (Abraham Lincoln)

Insistir, persistir, no desanimarse… con frecuencia oímos estas palabras y con frecuencia creemos que no son para nosotros.

Nuestros problemas nos parecen únicos e imposibles de resolver.

Creemos que la mala suerte se ceba con nosotros, mientras nos parece percibir en los demás toda suerte de buenas oportunidades y momentos felices que a nosotros nos son negados.

Es verdad que la vida no es justa y que hay personas que soportan sufrimientos y reveses, y que otras no parecen padecerlos.

También conocemos a personas que han padecido adversidades en su vida y que, sin embargo, mantienen un ánimo equilibrado y siguen luchando por alcanzar el bienestar y momentos felices en su día a día.

¿Qué es lo que determina que algunas personas se sientan mejor que otras a pesar del sufrimiento inherente a la vida, que nunca es justa? La actitud es lo que diferencia a las personas que sienten bienestar de las que no. Esto es, intentarlo de nuevo a pesar de las dificultades e inconvenientes; pensar que un problema es solamente un problema, y no una cadena de dificultades que nos conducirán irremediablemente al abismo; pensar, en definitiva, que los problemas tienen solución de uno en uno. Y que a veces esta solución no es la perfecta, pero también vale.

Se trata de sentirse dueño de la propia vida e insistir, a pesar de los fracasos y errores cometidos. Hay que entender que un error es solamente un camino que no tiene salida, pero que hay otros. Hay que darse todos los días oportunidades: de aprender, de sentirse bien, de interesarse por cosas y personas, en definitiva, de seguir viviendo a pesar a de los pesares.

Esa es la actitud; la de decidirse por un optimismo inteligente con los pies en la tierra, pero disfrutando cada día del privilegio de seguir vivos y de poder escoger qué actitud tomar ante cada minuto de la vida.


domingo, 3 de noviembre de 2019

CEDER EN PAREJA

Imagen: Pixabay

Todo el mundo se cree cargado de razones. Y sus razones les parecen convincentes y absolutamente ciertas. Llegar a admitir las razones del otro cuesta mucho.

Generalmente, las personas se pierden en hacer juicios de valor para reafirmarse así en su postura. Sin embargo, una de las actitudes que mejores resultados da es la de ceder. En pareja, las inflexibilidades mentales no suelen dar muy buen resultado.

Aprender a ceder significa entender al otro y demostrar así el amor que se le profesa. Ceder no significa que el otro le convenza, significa que es capaz de flexibilizar su postura, y para conseguir un buen clima de armonía y un mejor encaje de la pareja, transigir y hacer lo que el otro quiere.

Las cesiones no suelen ser cuestión de vida o muerte, suelen ser cosas o situaciones cotidianas que no son tan vitales como para exigir a nadie mantenerse en posturas de cerrazón y rigidez, que conducen generalmente a enfados y distanciamientos progresivos del otro.

Por eso, ceder significa entender, flexibilizar y conseguir un mejor clima. De armonía y encaje, porque las cesiones suelen ser reciprocas: hoy yo, mañana tú.

Y significa entender que el que cede lo hace siempre por amor, por cariño y comprensión hacia el otro. Sea en la pareja, en la amistad, en la familia o en el trabajo.

Y que estas cesiones dignifican al que las hace y benefician al otro y siempre, siempre, nutren las relaciones.


domingo, 27 de octubre de 2019

PARA NO GENERARSE ESTRÉS

Imagen de Pepper Mint en Pixabay

Cuando pensamos en algo y le damos vueltas, centrando en ello nuestra atención, más crece ese pensamiento.

Lo que sentimos va en concordancia con eso que estamos pensando, de tal manera que si estamos pensando algo negativo, por ejemplo que tal persona se ha portado mal con nosotros por una acción llevada a cabo, y le damos y damos vueltas, iremos notando rabia, desazón y malestar, lo que refuerza lo que estamos pensando y continuamos dando vueltas a lo mismo en un perfecto circulo vicioso de malestar. Si algo nos resulta irritante podemos llegar a convertirlo en algo totalmente estresante simplemente con que pensamos en ello una y otra vez.

De esa manera, pueden molestarnos cosas nimias y pequeñas simplemente porque estemos pensando y centrando la atención en ellas y sintiéndonos mal.

Para conseguir niveles de bienestar adecuados, lo mejor es, una vez que pensamos en algo, por ejemplo, “mi vecino hace muchos ruidos”, descartar y dejar de pensar en ello, centrándonos en otras cosas, y no seguir rumiando esa idea y alimentándola para que crezca.

Si lo descartamos y lo dejamos pasar con calma, y si efectivamente el vecino hace mucho ruido, al centrar nuestra atención en otras cosas es más fácil que tomemos una decisión tranquila y acertada: hablar con ellos y decirles, por ejemplo, lo molesto de sus ruidos.

Si por el contrario nos centramos en ese pensamiento y le damos vueltas y vueltas, nos estaremos generando estrés y nos resultará imposible soportar los ruidos que hacen los vecinos y probablemente llegue un momento en que vayamos a quejarnos ante ellos de malas maneras…

No se trata de hacer como que las cosas o personas no nos tienen que molestar sino de no permitir que nos afecten o paralicen.

Y la manera de conseguirlo es, en vez de dar vueltas a los pensamientos una y otra vez, analizarlos, y resolver lo que haya que resolver, sin seguir generándose estrés.


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