ANALITYCS

domingo, 25 de junio de 2017

OLVIDAR PARA SEGUIR


La decepción es difícil de digerir mentalmente. Cuando alguien nos decepciona es complicado volver a pensar en él o en ella de otra manera que desde la visión de que algo se rompe profundamente y de que nos sentimos engañados.

Es un sentimiento al que es difícil dar la vuelta. Con frecuencia volvemos una y otra vez a preguntarnos cómo pudo ser que esa persona nos mintiera o engañara, cómo pudo hacernos daño intencionadamente.

Perdonar se hace difícil y sin embargo es necesario porque de esa manera dejamos de anclarnos en le pasado.

El perdón supone soltar lastre y seguir con nuestra vida. No es ofrecer de nuevo la mejilla o tender la mano. Quien nos hizo daño ya no forma parte de nuestra vida y tampoco debe formarlo de nuestro pensamiento.

En ese sentido, el perdón supone destruir el vínculo que quedaba y deshacerse de lo que nos produce malestar. No hay que dar más vueltas y, simplemente pero constantemente, hay que repetirse que hay de que dejarle ir, que se marche de nuestro pensamiento.

Aprender de lo vivido es lo que nos da fortaleza, aunque al principio duela.

Olvidar es necesario, pero un olvido consciente de que lo mejor ahora después de la decepción y la ruptura, es empezar por uno mismo. Por redescubrirse haciendo cosas, actividades, conociendo a nuevas personas, aireando nuestro interior.

Olvidar a la persona que nos trató mal, sea una relación amorosa, un compañero de trabajo o cualquier otro ser humano que se nos cruza en el camino, es aprender de los errores cometidos, reafirmarnos en que lo más importante es la atención a uno mismo.
Conectar con nuestros valores, con lo que somos y sentirnos orgullosos de ellos.

Entender que somos un proceso y que continuamente estamos en progreso y aprendiendo, y que en el transcurso de ese aprendizaje seremos como el junco que se dobla ante los vendavales, pero recupera su fuerza y su firmeza una vez pasada la tormenta.

Aferrarse al presente y entender que la vida es un regalo, que hay que estar en el momento, dejando atrás un pasado doloroso pero siempre enriquecedor porque siempre enseña.

Y por último, tener muy presente que nadie más que uno mismo se encarga de su propia felicidad o bienestar.

Así que no olvidar nunca, nunca, que nuestro principal trabajo es tratarnos bien y hacernos feliz.


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