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domingo, 11 de junio de 2023

ENCONTRAR LAS BENDICIONES DE LA VIDA

Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay

Los científicos no se ponen de acuerdo a la hora de explicar por qué las personas tendemos más a centrarnos en lo que nos falta que en lo que tenemos. Por qué nos fijamos más en lo negativo que en todo lo positivo que nos rodea.

Por ejemplo, las ausencias nos pesan y las pérdidas de seres queridos, que inevitablemente padeceremos a lo largo de nuestra vidas, se vuelven pesadas cargas que impiden que sigamos viviendo con armonía y optimismo.

Sin tratar de minimizar el impacto en nuestro ánimo de esas pérdidas, que inevitablemente nos producirán tristeza, ¿por qué no intentamos fijarnos en todo lo que tenemos y en lo que, a pesar de las ausencias o limitaciones que a veces una enfermedad o accidente nos producen, seguimos teniendo para seguir viviendo?

Deberíamos intentar centrarnos en todo lo que la vida nos sigue dando, porque de esa manera esa carga de tristezas que también la vida nos proporcionará inevitablemente a todos, resultará más llevadera.

Obligarse a disfrutar de lo que se tiene, empezando por una buena salud, la naturaleza, la compañía de los demás, el amor que damos y nos dan, debe ser el asidero al que agarrarnos para el bienestar diario.

Aún estando solos, en realidad no lo estamos porque vivimos rodeados de personas.

¿Por qué no ser amables con ellas, sonreír y saber que cada una de esas personas libra sus propias batallas, padece su carga de penas y que eso es lo que nos conecta a todos?

Sin duda, la vida nos proporciona muchas bendiciones, así como también muchas injusticias y amarguras.

Depende de nosotros no dejarse arrastrar mentalmente por estas últimas para seguir disfrutando de una vida lo más serena posible.


domingo, 16 de abril de 2023

LA VIDA ME ATROPELLA...


Imagen de <a href="https://pixabay.com/es/users/martynz-2169007/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=1239727">Martyn Cook</a> en <a href="https://pixabay.com/es//?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=1239727">Pixabay</a>

Fuente de la imagen: Pixabay

"La vida me atropella", me decía un paciente hace unos días… y pienso que tiene razón; en ocasiones, parece que la vida nos atropella. Pasa sobre nosotros como una apisonadora y hace difícil seguir adelante. Los días se vuelven rutinarios y grises y parece que la tristeza invade nuestro corazón.

Todo deja de tener sentido. ¿Para qué? Luchar tanto, intentarlo… para que vayan pasando los días y veamos que algunas personas nos decepcionan, otras nos hacen daño, aquellos en los que confiábamos, de repente nos traicionan… se hace difícil seguir y, mientras tanto, la vida sigue, con su ritmo rápido y casi no tenemos fuerzas para coger aliento, para pararnos a pensar en qué está pasando, en por qué nos ha pasado algo en lo que parece que nosotros no hemos tomado parte alguna y los acontecimientos se nos escapan entre las manos como si nosotros no tomáramos parte en ellos y viviéramos sin poder de decisión.

La vida nos atropella muchas veces..., pero es necesario mantener la esperanza. La esperanza en uno mismo. En que uno es capaz de parar y de que, aunque no entienda la razones de los otros para tratarnos como lo han hecho, tengamos la certeza profunda de que a pesar de las decepciones de las traiciones y los desengaños, nos tenemos a nosotros mismos. Triste consuelo me dice mi paciente…pero yo creo que no es así.

Porque siendo conscientes de que somos los dueños de nuestra vida a través de nuestros pensamientos, podemos hacer que ésta sea finalmente lo que queremos que sea. Centrarse en uno mismo es el gran poder que tenemos como seres humanos. Determinar qué actitud tendremos ante lo que nos sucede, recuperar el ritmo que queramos dar a nuestra vida. Recuperamos la brújula que apuntará al norte que queramos, porque somos nosotros los que decidiremos en última estancia seguir adelante.

Suelo comentar en mi consulta que la vida a veces nos atropella, pero, como seres humanos tenemos la obligación de parar, reconducir, pensar bien y seguir.

Fijarnos en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Fijarnos no en las traiciones, sino en la gente buena que tenemos cerca, a la que conocemos y también a aquellos que no, y que son capaces de sonreír, saludar, decir un buenos días y ser amables.

Le digo a mi paciente que tiene que hacer el esfuerzo. Claro que sí, nadie lo consigue sin esfuerzo, pero la recompensa siempre es sentirse bien. Plenamente consciente de que la vida es algo valioso y que mientras vivamos hay que vivirla con plenitud. Aquella plenitud que cada uno daremos a nuestra vida según lo que decidamos y queramos. Aquella plenitud que no dependerá de los otros, ni de la suerte o del azar, sino de la conciencia clara de que para ser feliz hay que proponérselo y no dejarse abatir. Porque la vida siempre es un regalo que hay que estar dispuesto a dar y recibir.



domingo, 12 de diciembre de 2021

DUEÑOS DE NUESTRA VIDA



Imagen: Pixabay

Leer las “Meditaciones”, de Marco Aurelio, que fue un emperador romano del siglo II d.C., es leer probablemente, el primer libro de autoayuda.

Marco Aurelio, formado en el pensamiento estoico, nos hablaba ya entonces de las dificultades de la vida, de la fuerza que hay que tener para afrontar la misma y de la importancia de vivir el presente, el momento único que realmente tenemos, sin preocuparnos por el futuro y dejando atrás el pasado.

Su filosofía se basada en la idea de que dada la dureza de la vida, teníamos que estar preparados para poder enfrentar las adversidades y dificultades que en cualquier momento pudieran aparecer. Para ello, para estar preparados, era necesario fortalecer el espíritu y tener una mente fuerte. Lejos de ser un pesimista, Marco Aurelio nos animaba a vivir intensamente cada día porque realmente la verdadera recompensa era, precisamente eso, vivir la vida.

Para fortalecernos mentalmente nos aconsejaba, por ejemplo, que nos supiésemos siempre más que cualquier posesión, cargo o lugar en el que estemos. También, que tuviéramos presente que, hasta la persona más relevante, famosa o popular, es olvidada, con lo que perderse en vanidades y necesitar el aplauso de los demás era un camino baldío que no había que recorrer.

Deberemos intentar también ser mejores cada día y disfrutar de cada momento como si fuera el último, sin preocuparnos de la huella que dejemos o de las dificultades que aparezcan.

Tomar las cosas con calma y no dejarnos llevar por las emociones sin utilizar la razón. Pensar en cada acto antes de realizarlo,  convirtiéndonos en dueños de todo lo que hacemos y, por lo tanto, siendo responsables de nuestra propia vida.

Utilizar bien nuestro tiempo supondrá siempre invertir en el futuro, de una manera sensata y realista, y de esa manera poder alcanzar nuestras metas.

Marco Aurelio fue, según cuentan los historiadores, un emperador equilibrado e intelectual. Lo que nos dejó puede convertirse en un decálogo de vida tan actual entonces como tantos siglos después.

Saberse dueño única y exclusivamente de eso tan preciado que es nuestra vida, supone conducirla por donde nosotros queremos ir. Siempre con responsabilidad y esfuerzo, porque nada es fácil. Pero la satisfacción de vivir siempre será el más preciado regalo que tengamos.


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