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domingo, 12 de septiembre de 2021

LA FUERZA DE LA AMABILIDAD


Imagen: Pixabay

Una manera sencilla de encontrarse bien es dar o hacer el bien a alguien.

Dar, siempre es salirse del yo, y dejar de pensar en uno mismo y empezar a mirar a los otros, darse cuenta de sus problemas y de sus tristezas.

Dar algo siempre es gratificante porque, dando, además de no acordarse tanto de las propias inquietudes, uno puede ver también que no es el único ser humano que sufre o al que las cosas van mal. Sí, eso consuela porque nos hace salir del egocentrismo y de la autocompasión.

Además, se ve en el otro la capacidad que tiene de agradecer y de superar en ocasiones adversidades que, si las nuestras nos parecen duras, viendo las que atañen al otro, en ocasiones las propias pierden fuerza y nos damos cuenta de que no son para tanto.

Hacer una buena acción supone ejercitar la empatía y la compasión, virtudes que inmediatamente nos proporcionan también bienestar.

Una manera muy sencilla de dar, y que es fácil de ensayar a casi todas horas, es ser amable. Es algo muy sencillo de poner en practica. En el día a día, con los compañeros de trabajo, cuando vamos a hacer la compra, en el autobús, conduciendo… ser amable proporciona bienestar, rebaja tensión, hace que desaparezca la ansiedad y nos ayuda a vivir con más sosiego en un mundo rápido y cambiante, y en ocasiones muy duro.

Ser amable es una muestra de generosidad hacia el otro y un buen hábito. Además, produce una reciprocidad positiva, porque generalmente el otro responde también con amabilidad y generosidad, creando una corriente de bienestar que hace que vivir sea más fácil.

En estos actos pequeños están los grandes cambios de ánimo. Uno siempre recuerda a una persona amable, porque el rastro humano que deja es el de la bondad.


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