ANALITYCS

domingo, 9 de febrero de 2020

DESDRAMATIZAR


Anticiparse mentalmente a problemas supuestos que nos pueden suceder, y dramatizarlos, conduce inevitablemente a sentir ansiedad. De hecho, de todos los errores de pensamiento que cometemos las personas mentalmente, uno de los peores es la dramatización.

Puede que hayamos tenido un problema o que tengamos que enfrentarnos a una situación difícil, pero es el nivel de dramatización que desarrollamos, es decir la actitud más o menos tremendista que tomamos ante una determinada circunstancia, la que va a hacer que nos generemos una serenidad necesaria para resolver el problema o una ansiedad que nos desborda y paraliza, impidiéndonos resolver y actuar.

Dramatizamos en exceso, por ejemplo, cuando pensamos constantemente que los otros están pensando mal de mí, también cuando anticipamos que tal o cual reunión será terrible y nos veremos superados por ella; dramatizamos cuando vamos conduciendo y ante la inhabilidad de otro, empezamos a vociferar en el coche y a gritar como si se tratara de un asunto de vida o muerte. Dramatizamos también cuando el médico nos dice que nos va a hacer unas pruebas e inmediatamente pensamos que tenemos una enfermedad de la que moriremos casi instantáneamente, a pesar de que no tenemos todavía ningún diagnóstico.

Y así nos acostumbramos a hábitos de pensamiento tremendamente negativos que nos quitan mucha tranquilidad en nuestro día a día.

Pensar mal genera sufrimiento y, además, pocas veces se acierta. Cuántas veces hemos temido cosas que nunca han sucedido.

Pasarse la vida anticipando negativamente, y dramatizando, nos resta bienestar diario y nos genera un poso interior de ansiedad e insatisfacción, en el que los días se tornan grises y la vida se vuelve opaca, malviviendo no pocas veces.


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