ANALITYCS

Mostrando entradas con la etiqueta compromiso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta compromiso. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de octubre de 2023

COMPROMISO VITAL



Imagen: Pixabay

A pesar de que los niveles de bienestar, de esperanza de vida y de
avances tecnológicos que hemos alcanzando no tienen comparación con respecto a otras épocas, las personas seguimos sufriendo psicológicamente la depresión y la ansiedad, y otras enfermedades del estado de ánimo no dejan de aumentar, y podemos decir que mucha gente sigue sufriendo en su día a día. La vida se convierte en muchas ocasiones en una pesadilla, en una cuesta arriba continua.

Una de las carencias que en esta época es frecuente ver en la consulta de psicología clínica y que genera mucho malestar es la falta de compromiso y la baja tolerancia a la frustración.

Esta falta de compromiso se evidencia, en muchas ocasiones, en las relaciones de pareja. Y la baja tolerancia a la frustración puede verse en el malestar que padecen muchas personas ante situaciones cotidianas que carecen de envergadura desde el punto de vista emocional como para ocasionar semejante desbarajuste y malestar interno.

Cuando dos personas se emparejan y comienzan a convivir, es evidente que tiene que haber un primer ajuste, que es el de la adaptación a esa nueva situación. Una adaptación que va desde aprender a compartir el mismo espacio físico hasta aprender a ceder ante situaciones cotidianas que antes manejábamos de manera diferente al estar solos.

Pero además de estos ajustes que hacemos diariamente y que van constituyendo un verdadero ensamblaje si se van haciendo bien, también es cierto que hay que comprometerse en el día a día en todas aquellas cosas que, no por menos agradables, son necesarias y en las que tiene que haber una buena coordinación, porque si no, la pareja acaba por romperse. Esto es evidente, por ejemplo, en el cuidado de los hijos.

A pesar de que vivimos en una época en la que tener o no tener hijos ya no debería ser un problema, sin embargo, la realidad, tozudamente, nos quita la razón. Y así, no es infrecuente ver todavía a parejas que te dicen que “no lo esperábamos” y tienen un hijo no deseado, o a parejas que se embarcan en tenerlos sin realmente quererlos.

A muchas parejas les cuesta darse cuenta de que emparejarse no significa necesariamente tener hijos. Que es una responsabilidad muy importante, quizás la mayor de las decisiones que tenemos que tomar en nuestra vida, puesto que no tiene vuelta atrás y, además, es para siempre. Nada hay más importante que traer un nuevo ser humano al mundo y, consecuentemente, habrá que acompañarle, protegerle y cuidarle física y emocionalmente hasta que sea adulto.

Pues bien, todavía en pleno siglo XXI hay parejas que no se plantean la realidad de este modo: se lanzan a tener un hijo sin pensar si realmente quieren tenerlo y sin tener en cuenta cómo se van a organizar cuando llegue el bebé. Además, sin tampoco pensarlo, si la pareja tiene un niño van a por un segundo bebé que habrá de ser… niña. (Recuerdo a una persona que sufrió una decepción tan grande al enterarse de que el niño que iba a tener sería chico -como el primero- que sufrió un ataque de ansiedad por no tener una niña, por no tener "la parejita"...).

No es infrecuente encontrarse con parejas que, a los cuarenta o cincuenta años, experimentan una crisis existencial y se dan cuenta de que han llevado una vida que realmente no querían y así se ven con trabajos que no les satisfacen, con hijos que quieren, pero que hubieran no querido tener y, en general, llevando una vida o, mejor dicho, metidos en una vida que no es la que hubieran escogido.

¿Pero, qué ha pasado? Nadie les ha obligado a llevar la vida que no querían, sino que no han sido conscientes de que eran ellos los que realmente dirigían su vida y, por lo tanto, deberían haber pensado y reflexionado realmente sobre qué es lo que querían realmente hacer. La presión social de la época que toca vivir les empuja a llevar una vida que no es la suya, con la consiguiente factura de infelicidad.

También es frecuente ver parejas que no se comprometen, es decir, aquellas que se emparejan, pero pretenden llevar la misma vida que cuando no estaban en pareja. Y es que la presión del “tengo que tener mi espacio”, tan marcada de unos años para esta parte, lleva muchas veces a que sí, tengo mi espacio, pero es un espacio tan grande que no cabe nadie más, con lo cual la relación de pareja se resiente y, además, si hay hijos, la relación con los mismos también.

Eso lleva a que una de las partes de la pareja sea la que se responsabilice o cargue con todo el peso de la casa, hijos, educación de los mismos... lo que lleva irremediablemente a un fuerte distanciamiento emocional y afectivo.

Es terrible ver a familias en las que la comunicación brilla por su ausencia, a jóvenes adolescentes que dicen que sus padres no hablan con ellos o que cuando comen o cenan, la tele está encendida y no hay manera de charlar. A hombres que llegan estresados del trabajo y que “necesitan” irse al gimnasio o salir con los amigos a tomar algo para quitarse el estrés, mientras a que la mujer y los hijos esperan en casa a que vuelvan, generalmente con unas copas de más.

¿Por qué la gente se empeña en llevar una vida que realmente no era la que quería? Porque una cosa es que la vida no sea como en un principio habíamos planeado cuando somos muy jóvenes y, en general, poco realistas, pero otra cosa muy diferente es que no te comprometas con lo que te toca vivir.

Creo que la falta de compromiso se deriva directamente de la falta de consciencia de que la vida que llevo y llevaré dependerá de mí, única y exclusivamente. De la falta de tolerancia a la frustración en una época hedonista donde todos los deseos tienen que verse satisfechos, donde el niño tiene que tenerlo todo porque si no se “acompleja” o se “traumatiza” o porque así expongo socialmente lo que tengo… Ese niño que, posteriormente, se va convirtiendo en un adulto dictador, egoísta y, sobre todo, frágil, que ante cualquier revés, tan frecuentes en la vida, se desmorona y cae en estados depresivos.

La falta de objetivos, la ausencia de un “norte” claro, de ser conscientes cada día de lo que voy a hacer y de lo que quiero hacer, lleva a que los días se nos escapen de las manos, a que vivamos acelerados o hagamos cosas que no queremos hacer.

Ahora que tantos avances nos facilitan la vida, desde la lavadora hasta Internet, pasando por el enorme acceso que tenemos a la cultura o a la formación... debemos ser conscientes de que nada de eso vale si seguimos empeñados en dejarnos llevar por la inercia, por hacer lo que está establecido y supuestamente “toca hacer”, por no pensar, y por ocupar nuestra cabeza con todo tipo de cosas para no enfrentarnos con nosotros mismos.

Hay que pararse a pensar en qué quiero, en cómo quiero que sea mi vida, en qué pasos voy a dar. No hay que dejarse llevar por lo establecido o lo que se lleva o lo que está bien visto. Hay que ser consciente de que cada una de mis acciones requiere el compromiso interior de haber hecho reflexiones profundas antes de tomarlas.

La vida no es actuar a tontas y a locas. Tampoco es “vivir que son dos días” porque, afortunadamente, son muchos más que dos.

Así que, si queremos sentirnos bien, comprometámonos con lo que hacemos, con nuestro día a día, con las personas que nos rodean y queremos. Solamente así nos daremos cuenta de que somos los artífices de nuestra vida, que tenemos nuestro criterio y, sobre todo, nos sentiremos serenos y con bienestar.


www.diazbada.com

domingo, 12 de febrero de 2023

VIVIR CON COMPROMISO


Imagen: Pixabay

Algunas parejas, a pesar de estar años y años juntas, no se comprometen. No se implican en el bienestar del otro, sin ver que esto es lo más importante, y no se aplican en hacer diariamente un trabajo de generarse y generar bienestar. Un trabajo de intentar conseguir que se vayan creando cada vez más lazos de unión, basándose en una comunicación, en una preocupación por el bienestar del otro, y en un cuidado que se da incondicionalmente.

No es infrecuente ver cómo se antepone el propio bienestar, en ocasiones de manera egoísta, dejando de lado el cuidar al otro, a la pareja, pero también a los hijos. Se trata de parejas embarcadas en crear una familia sin haber pensado realmente en el compromiso profundo que eso supone en cuanto a renuncias, amor incondicional y lucha diaria para sacar adelante la familia y el proyecto en el que se han involucrado.

Casi de manera automática, algunas parejas se embarcan en un proyecto que parece cogido con alfileres, puesto que prevalece el egoísmo personal, el llamado ahora "postureo" de jugar a la familia feliz, que carece de raíces profundas arraigadas de verdad en el compromiso racional de estar juntos y de ir conociéndose día a día e ir afianzando ese primer amor que llevó a emparejarse. Ese primer impulso amoroso que si no se cuida y no se le presta atención acaba por naufragar, convirtiéndose en monotonía y, en muchos casos, desazón.

Cuando el amor se enraíza en un compromiso profundo, ningún viento o marea es capaz de derribarlo porque, a pesar de las tempestades, prima por encima de todo el cuidar al otro porque forma parte de la vida de uno mismo. Como si fuera un lazo imposible de deshacer y que, sin embargo, permite también en crecimiento personal y único de cada miembro de la pareja y también del resto de la familia.

Comprometerse implica renunciar, ceder, generosidad a raudales, paciencia y mucho afecto y amor. Emparejarse no es difícil; emparejarse con este profundo compromiso es más complicado porque muchas veces se carece de la lucidez para saber qué es lo que se quiere y por qué uno decide en un momento determinado compartir su vida con otro.

Pero una vez que el compromiso está claro y se lucha día a día para que se afiance emocionalmente, el bienestar arraiga en el corazón de quien lo lleva a cabo. Y también provoca en la mayoría de los casos una reciprocidad en el otro.



domingo, 5 de febrero de 2023

COMPROMETERSE

Imagen: LTPV

Algunas parejas, a pesar de estar años y años juntas, no se comprometen. No se implican en el bienestar del otro, sin ver que esto es lo más importante, y no se aplican en hacer diariamente un trabajo de generarse y generar bienestar. Un trabajo de intentar conseguir que se vayan creando cada vez más lazos de unión, basándose en una comunicación, en una preocupación por el bienestar del otro, y en un cuidado que se da incondicionalmente.

No es infrecuente ver cómo se antepone el propio bienestar, en ocasiones de manera egoísta, dejando de lado el cuidar al otro, a la pareja, pero también a los hijos. Se trata de parejas embarcadas en crear una familia sin haber pensado realmente en el compromiso profundo que eso supone en cuanto a renuncias, amor incondicional y lucha diaria para sacar adelante la familia y el proyecto en el que se han involucrado.

Casi de manera automática, algunas parejas se embarcan en un proyecto que parece cogido con alfileres, puesto que prevalece el egoísmo personal, el llamado ahora "postureo" de jugar a la familia feliz, que carece de raíces profundas arraigadas de verdad en el compromiso racional de estar juntos y de ir conociéndose día a día e ir afianzando ese primer amor que llevó a emparejarse. Ese primer impulso amoroso que si no se cuida y no se le presta atención acaba por naufragar, convirtiéndose en monotonía y, en muchos casos, desazón.

Cuando el amor se enraíza en un compromiso profundo, ningún viento o marea es capaz de derribarlo porque, a pesar de las tempestades, prima por encima de todo el cuidar al otro porque forma parte de la vida de uno mismo. Como si fuera un lazo imposible de deshacer y que, sin embargo, permite también el crecimiento personal y único de cada miembro de la pareja y también del resto de la familia.

Comprometerse implica renunciar, ceder, generosidad a raudales, paciencia y mucho afecto y amor. Emparejarse no es difícil; emparejarse con este profundo compromiso es más complicado porque muchas veces se carece de la lucidez para saber qué es lo que se quiere y por qué uno decide en un momento determinado compartir su vida con otro.

Pero una vez que el compromiso está claro y se lucha día a día para que se afiance emocionalmente, el bienestar arraiga en el corazón de quien lo lleva a cabo. Y también provoca en la mayoría de los casos una reciprocidad en el otro.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...