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domingo, 20 de julio de 2025

DESCANSAR: UNA NECESIDAD FÍSICA Y PSICOLÓGICA QUE NO PUEDE IGNORARSE


Imagen: Pixabay

Vivimos en una cultura que aplaude la productividad constante, donde descansar a menudo se percibe como una pérdida de tiempo o, incluso, como un signo de debilidad. Pero la realidad es muy distinta: el descanso no solo es necesario, sino imprescindible para mantenernos sanos, lúcidos y emocionalmente equilibrados.

El cuerpo humano no está diseñado para funcionar sin pausas. Nuestro organismo necesita dormir bien, desconectar, relajarse. El descanso físico permite que nuestros músculos se recuperen, que el sistema inmunológico se fortalezca y que el corazón y el cerebro trabajen con mayor eficiencia. Cuando no descansamos lo suficiente, nos sentimos más fatigados, más irritables, menos creativos. Es como intentar correr con los pulmones medio vacíos: tarde o temprano, el cuerpo pasa factura.

Pero no solo se trata de un cansancio corporal. El agotamiento mental y emocional es igual de real —y quizás más silencioso—. Nuestra mente está expuesta a un flujo constante de estímulos, decisiones, presiones, y eso también cansa. La ansiedad, la falta de concentración, la apatía o la sensación de estar “quemados” muchas veces tienen su raíz en la ausencia de descanso psicológico.

Descansar, en este sentido, no es solo dormir. Es permitirnos parar. Es desconectar del teléfono, de las exigencias ajenas, de la autoexigencia. Es dejar espacios en blanco en la agenda, aprender a decir “no”, recuperar el placer de hacer nada sin culpa. Es darnos permiso para sentir, para pensar, para respirar.

En una época en la que todo se mide en resultados, descansar puede parecer improductivo. Pero es, en realidad, una de las decisiones más inteligentes que podemos tomar. Porque desde el descanso nace la claridad, la energía renovada, la capacidad de tomar mejores decisiones y de relacionarnos con más equilibrio.

Descansar también es un acto de cuidado personal. Es reconocer nuestros límites, escucharnos, proteger nuestra salud. No se trata de vivir a medio ritmo, sino de saber cuándo y cómo parar para poder seguir con más fuerza. Es encontrar ese equilibrio entre el hacer y el ser.

En definitiva, descansar no es rendirse, es recargarse. Es una necesidad física y psicológica que debemos aprender a valorar tanto como el trabajo, el compromiso o el esfuerzo. Solo quien sabe detenerse a tiempo puede avanzar con verdadera profundidad. Porque el descanso no es ausencia de vida… es una forma de vivirla mejor.


www.diazbada.com


domingo, 2 de julio de 2023

TIEMPO DE VERANO


Imagen. Pixabay

El tiempo parece volverse un poco más lento en esta época del año; anochece más tarde, hace calor y parece que todo nos invita a tomarnos el día a día sin prisas, como si éstas desaparecieran por unos meses, para volver al ritmo frenético en el que vivimos en el mes de septiembre.

Habitamos una sociedad donde está hipervalorado el tener el tiempo ocupado; parece, incluso, que la persona que se toma las cosas de manera relajada, no es productiva. Sin embargo, qué importante es hacer las cosas sin prisas, porque no solamente se gana en eficacia, sino que se evita tener muchos momentos de ansiedad innecesarios, que tanto malestar nos provocan.

Deberíamos reflexionar estos meses de verano para intentar, en septiembre, realizar las tareas diarias que desempeñamos, con la rapidez que requieran, pero sin prisas innecesarias.

Para eso es fundamental organizar bien el tiempo, distribuirlo adecuadamente, sin autoexigirnos a veces cosas imposibles de hacer y, más importante todavía que todo esto, dedicar unos momentos del día a conversar, pasear o, simplemente, a "perder el tiempo". Este "perder el tiempo", tan denostado hoy en día por parecer sinónimo de pereza, es algo fundamental. Por ejemplo: estar sentado en un banco viendo pasar a la gente, tumbarse al sol, cerrar los ojos y conectar con nuestro interior... sestear, proporcionarse cosas y momentos agradables... todo eso que en general nos gusta hacer en vacaciones.

Cuando regresemos de las vacaciones a nuestros trabajos diarios debemos intentar no perder la costumbre de reservar unos instantes para nosotros mismos, para escuchar música, pasear, hacer ejercicio o charlar con nuestros familiares o amigos. Pongámonos como prioritario el contacto afectivo con los que queremos. Seguramente, nuestro bienestar será mayor y eso hará que encaremos el día a día con mejor ánimo.

Recuerde, como he leído hace poco, que el trabajo más productivo es el que sale de las manos de un ser humano contento.

domingo, 24 de julio de 2022

SIN PRISA



Imagen: LTPV

El tiempo parece volverse un poco más lento en esta época del año; anochece más tarde, hace calor y parece que todo nos invita a tomarnos el día a día sin prisas.

Como si las prisas desaparecieran por unos meses, para volver al ritmo frenético en el que vivimos a partir del mes de septiembre.

Vivimos en una sociedad donde está hipervalorado el tener el tiempo ocupado; parece, incluso, que la persona que se toma las cosas de manera relajada, no es productiva.

Sin embargo, qué importante es hacer las cosas sin prisas, porque no solamente se gana en eficacia, sino que se evita tener muchos momentos de ansiedad innecesarios, que tanto malestar nos provocan.

Deberíamos reflexionar estos meses de verano, para intentar, en septiembre, realizar las tareas diarias que tenemos, con la rapidez que requieran, pero sin prisas innecesarias.

Para eso es fundamental organizar bien el tiempo, distribuirlo adecuadamente, sin autoexigirnos a veces cosas imposibles de hacer y, más importante todavía que todo esto, dedicar unas horas del día a conversar, pasear o, simplemente, a "perder el tiempo".

Este "perder el tiempo", tan denostado hoy en día por parecer sinónimo de vago, es algo fundamental.

Por ejemplo: estar sentado en un banco viendo pasar a la gente, tumbarse al sol, cerrar los ojos y conectar con nuestro interior... sestear, proporcionarse cosas y momentos agradables... todo eso que, en general, nos gusta hacer en vacaciones.

Intentemos que cuando volvamos después del periodo vacacional a nuestros trabajos diarios, no perdamos la posibilidad de reservar unas horas para nosotros mismos, para escuchar música, pasear, hacer ejercicio o charlar con nuestros familiares.

Pongamos como prioritario el contacto afectivo con los que queremos. Seguramente, nuestro bienestar será mayor y eso hará que encaremos el día a día, con mayor ánimo.

Recuerde, como he leído hace poco, que el trabajo más productivo es aquél que sale de las manos de un ser humano contento.


domingo, 6 de junio de 2021

CONTROLANDO LA IRA


Imagen: Pixabay

La ira es una de las emociones más denostadas y con más mala fama, porque sus consecuencias no suelen ser buenas, ni para el que tiene el ataque de ira, ni para los que están cerca y lo padecen.

Sin embargo, la ira es una emoción normal que en realidad nos avisa de que algo no nos gusta y nos prepara para enfrentarnos a ello. Pero, claro, como todas las emociones, es necesario mantenerlas en su justa medida. Y es ahí donde está el quid de la cuestión.

Normalmente, cuando hablamos de ira nos imaginamos a una persona gritando desaforadamente, con gestos amenazantes, sudando y rojo como un tomate, como si le fuera a dar un ataque. Realmente, los que están cerca de la persona iracunda, se quedan a veces paralizados, pero el que se descontrola en esos momentos lo pasa también muy mal: por dentro, en su organismo, hay un verdadero incendio, el sistema nervioso está alterado y físicamente tiene un malestar que, pasado el ataque de ira, le deja literalmente "baldado". No hablemos luego de sentimientos de culpa, remordimientos, etc...

Por eso, es necesario controlarlo. Ocurre como con la ansiedad, niveles moderados de ira, puntuales, nos hacen responder y enfrentarnos a lo que en ese momento requiere una respuesta de alarma para solucionar el problema que se presenta. Pero hay que intentar no traspasar el umbral en el que esa emoción se vuelve contra nosotros.

Desde el punto de vista psicológico hay técnicas muy eficaces con las que trabajar para controlar los niveles de ira inadecuados.

¿Qué cuando son inadecuados los niveles de ira? Imaginemos una persona que ante cualquier acontecimiento reacciona con furia, conduciendo el coche, por ejemplo: ¿Quién no ha visto o se ha puesto hecho un energúmeno, insultando por tal o cual faena que nos ha hecho otro conductor?, ¿Quién no conoce a alguien que siempre está a la defensiva o que en cuanto se le lleva la contraria monta en cólera?, ¿O niños o adolescentes que si se frustran arremeten contra paredes, objetos, juguetes, rompiendo lo que encuentran a su paso?

Tener poco aguante puede ser una combinación de genética, temperamento y, sobre todo, aprendizaje; todo ello puede combinarse para tener unos comportamientos explosivos que generan rechazo, a veces hasta el aislamiento social, así como fracaso en el trabajo, en la pareja y sufrimiento en la persona que ve cómo va naufragando en todos los aspectos de su vida.

Empezar a trabajar este problema que tanto malestar físico y psíquico genera, con manejo de pensamientos, técnicas de relajación y métodos de extinción, supone que la persona se haga dueña de su vida, no estar a merced de sus emociones, controlarlas y darles salida, pero dentro de esos umbrales adecuados. Todo cambio psicológico requiere práctica y perseverancia; hacerse dueño de sus emociones y pensamientos siempre conduce al bienestar.

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