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domingo, 28 de noviembre de 2021

AGOTARSE MENTALMENTE



Imagen: Pixabay

Nuestra mente está siempre funcionando. Los pensamientos van y vienen continuamente. Unos son pensamientos disruptivos, recurrentes, negativos, que nos provocan destrucción y desgarro. Otros pueden ser positivos, necesarios, esperanzadores y resolutivos.

No podemos dejar de pensar, y muchas veces los pensamientos nos azotan, provocándonos mucho malestar y pareciéndonos que no podemos hacer nada para evitarlos. Vienen una y otra vez, de manera recurrente, como si quisieran mortificarnos y no podemos parar de pensar.

De esta manera, nos sentimos agotados mentalmente, como si una tormenta se desencadenase en nuestra mente. Nos cuesta centrarnos en nuestras cosas y con frecuencia el sueño se ve alterado. También el apetito. No disfrutamos de lo que vivimos en el momento porque nuestra mente está ocupada en dar y dar vueltas a pensamientos negativos que nos laceran.

Todos tenemos pensamientos negativos y dichos pensamientos nos sumen generalmente en la tristeza y en la negrura, nos hacemos preguntas que no tienen respuesta y nos mortificamos como si girásemos en círculos viciosos, de los que no podemos salir.

Sin embargo, está en nuestra mano el poder pensar de otra manera. No podemos dejar de pensar, pero sí podemos elegir lo que pensamos.

Cuando nuestros pensamientos son positivos es como si saliera el sol. Nos sentimos contentos, sin ansiedad, satisfechos con lo que tenemos y la vida que llevamos, a pesar de ser conscientes de los problema o limitaciones. Aumenta nuestra atención y nuestra capacidad resolutiva, y enfrentamos mejor adversidades y problemas cotidianos. El pensamiento positivo no es el pensamiento buenista, tan en boga hoy en día. Es un pensamiento firmemente anclado en la realidad, con los pies en la tierra. Son pensamientos que se centran más en lo que tenemos, en lo cotidiano. Es un pensamiento que no dramatiza, ni tampoco anticipa posibles desgracias, que posiblemente, no ocurran. Al centrarse en el aquí y ahora, soluciona, resuelve y nos hace disfrutar. Son pensamientos muy prácticos y creativos, porque nos empujan siempre a seguir adelante, a explorar nuestros recursos, algunos de los cuales desconocemos que tenemos y nos proporcionan, en fin, serenidad. Además, fortalecen nuestra estima personal, al sentirnos dueños de nuestra propia mente, decidiendo qué pensar y por qué y qué apartar y dejar. Hay unos pensamientos negativos especialmente dañinos y son los que nos atan al pasado. No llevan a ninguna parte y nos agotan.

Cambiar el rumbo hacia pensamientos más positivos y prácticos se consigue preguntándose y reflexionando sobre si esto que estoy pensando y que me produce malestar, me conduce a algún propósito: ¿Qué consigo con este pensamiento? ¿Qué voy a solucionar?

Cuestionárselo y responderse conduce a cambiar de rumbo cuando vemos que esos pensamientos son inútiles y por lo tanto hay que coger el rumbo de pensar en algo más constructivo y positivo.

No utilizar tiempos verbales condicionales, ya sea referido al pasado o al futuro, es una estrategia que también da resultado. Por ejemplo: “Si hubiera estado ahí en aquellos momentos… si hubiera tenido esa información…” Este tipo de juicios no son útiles, debilitan y agotan.
No se trata de dejar la mente en blanco, sino de generarse pensamientos positivos, creativos e inspiradores, que sean beneficiosos.

Las reflexiones positivas fortalecen la mente y la revitalizan. Suelen ser reflexiones que se basan en valores, en ser agradecidos, en valorar lo que se es y lo que se tiene.

Y siempre, siempre, una mente agradecida es una mente descansada y feliz.


domingo, 17 de octubre de 2021

PATRONES DE VIDA




Imagen. Pixabay

No es infrecuente encontrarse con personas a las que cuando se les pregunta “¿Qué tal estás?”, comienzan a detallarnos todo tipo de “dramas”: que si la casa se ha inundado, que si el coche se ha averiado, que si he cogido una enfermedad que nadie sabe lo que es, que si me duele aquí o allí… una suerte de supuestas desgracias que hacen que su vida sea siempre un drama, con el consiguiente y constante sufrimiento mental.

Otras personas, sin embargo, ante la misma cuestión nos dicen que bien, que aunque su mujer esté enferma o se haya quedado sin trabajo, siguen dispuestas a luchar y seguir adelante… porque en eso consiste precisamente vivir.

La diferencia entre unas y otras personas consiste en los patrones de pensamientos que tienen en su mente y que condicionan su existencia de una manera mucho más concreta que los acontecimientos que sucederán en su vida.

Porque ante cualquier acontecimiento cotidiano, la persona que tiene patrones de pensamiento catastrofista siempre interpretará lo que le ocurra de una manera dramática y nada positiva, mientras que la persona que tiene unos patrones de pensamiento más realistas y positivos, aunque sufra adversidades, tendrá la capacidad de enfrentarse a ellas y, en consecuencia, de crecer interiormente y salir fortalecido. Disfrutará de la vida, porque realmente sabe qué es el dolor, y sufrirá lo justo que se deriva de la adversidad, error o inconveniencia vivida, pero no más.

Ser conscientes de que nuestros pensamientos van a condicionar la manera en que viviremos, será necesario para cambiarlos y vivir con serenidad. Se trata, en esencia, de entender que la vida cambia cuando nosotros cambiamos. No es cuestión de suerte, ni de conjunciones astrales, sino una cuestión de actitud. Cambie su actitud ante una circunstancia que le toca vivir y cambiará todo a su alrededor.

También hay que asumir que siempre que decidimos cambiar encontramos resistencia; no queremos salir de nuestra zona de confort, aunque ésta sea complicada  y aunque paralizándonos en dicha zona sigamos machacándonos y perdiendo autoestima.

Atrévase: cuesta al principio, pero es un engranaje mental que en cuanto lo ponemos en marcha, enseguida notamos los beneficios. Reconocer que todo cambio encuentra resistencias, es fundamental para no tirar la toalla a la primera y perseverar.

Los patrones negativos se resisten a cambiar, pero con disciplina mental podremos con ellos, no son invencibles. Y, realmente, podremos llegar a ser lo que queremos ser, si creemos firmemente en ello y luchamos por conseguirlo.



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