ANALITYCS

domingo, 7 de abril de 2013

PIENSA BIEN Y ACERTARÁS

Vivimos en la sociedad de la opulencia y del nihilismo. Todo se quiere para ya y toleramos mal las frustraciones. Sobre todo, las situaciones en las que se nos exige paciencia e inmediatez en casi todo, son muy propias del siglo que nos toca vivir. Y así, a pesar de vivir en una época donde se han producido grandes avances en medicina, igualdad social, descubrimientos científicos y tecnológicos… las personas siguen sufriendo mentalmente, buscando la felicidad porque nada de todo eso parece satisfacer lo suficiente.
Las quejas permanentes son algo habitual en muchas personas, la ansiedad, el estrés y el estar angustiados por supuestas catástrofes venideras provocan mucha infelicidad. De tal manera que casi nunca nos paramos a pensar en qué es lo que en realidad necesitamos para ser felices.
En realidad lo que de verdad nos hace dueños de la felicidad es ser capaces de pensar bien, de sentirnos serenos y tranquilos, a pesar de los inconvenientes de la vida. Se trata de tener la actitud de vivir cada día dando valor a lo que en realidad importa.

Para ello es importante:

  • Dejar de pensar en el pasado, intentando eliminar la nostalgia propia de esta actitud y, en cambio, centrarnos en el presente.
  • Valorar, por lo tanto, el aquí y ahora, sin anticipaciones catastrofistas que nos llena de ansiedad.
  • Para esto es importante echar fuera de su mente la pregunta de ”¿y si…?”, porque, siempre, lo que sigue a continuación es todo tipo de alarmismos y preocupaciones que casi nunca ocurren y que, mientras tanto, nos ahogan en la angustia.
  • Actúe, haga cosas, cambie de verdad lo que quiere cambiar. Comprométase con su vida.
  • No diga “no puedo”; no es verdad; si quiere, puede.
  • Toda la fuerza está en sus pensamientos; usted los dirige: céntrese mentalmente en pensar bien. Ponga a su cerebro a trabajar.
  • Implíquese en su vida, no se deje arrastrar por las circunstancias y decida lo que usted quiere decidir. Ahí reside su fuerza: es usted el que decide qué actitud tomar ante tal o cual circunstancia.
  • Deje de pensar en lo que debería haber sido y mire de frente lo que es y, a continuación, actué.
  • Valore al final del día, cómo ha sido su jornada y mire cómo se ha sentido. Valore sus aciertos y contemple sus errores como una oportunidad de aprender.

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