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SER FELIZ


Imagen: LTPV

Dicen que Abraham Lincoln sentenció: "La mayoría de la gente es tan feliz como ha decidido serlo". Cuando preguntas a las personas qué es para ellas la felicidad, las respuestas son muy diversas, pero casi todas se resumen en vivir con tranquilidad, sin agobios, con esa calma interna que nos hace sentir bien.

De todos es sabido que no es necesario poseer grandes cosas materiales. De hecho, hay ejemplos de personas que en un golpe de suerte ganan grandes cantidades de dinero y, sin embargo, al poco tiempo acaban sintiéndose mal y perdiéndolo todo.

La auténtica felicidad empieza por decidir ser responsables de nuestra propia felicidad, es decir, decidir qué actitud tomar ante nuestra vida. Debemos optar más por pensar en lo que tenemos que en nuestras carencias; centrarnos y pensar más en aquello que en el día a día nos hace sentir bien. Tener un pensamiento positivo invariablemente nos hace sentir mejor, ya que dichos pensamientos posibilitan que los neurotransmisores, la noradrenalina, la dopamina y la serotonina, se secreten más y estos neurotransmisores son los responsables de nuestro bienestar.

Ser feliz puede representar un gran esfuerzo. Es como limpiar una casa: hay que cuidar las cosas de valor y echar fuera la basura. Hay que encontrar invariablemente el lado positivo de las cosas y tomar la decisión de dejar de sufrir y propiciar el cambio. De esta manera, la felicidad es, a fin de cuentas, una decisión, la decisión de vivir el presente, de recordar que nuestro tiempo es limitado y que depende de cada uno el sentirse bien.

DE LO QUE ESTÁ HECHA LA FELICIDAD


Hoy en día tenemos consejos para todo: cómo comer mejor, qué hacer en cinco pasos para adelgazar o engordar, qué debemos pensar o qué actitudes tomar para sentirnos mejor y mejorar así nuestra autoestima... Pero la información es muchas veces contradictoria y lo que nos aconsejan unos, otros nos lo desaconsejan.

De esa manera estamos con frecuencia muy pendientes de lo externo para ver qué es lo mejor que podemos hacer o pensar para ser felices. Todo tiene que venir de fuera y cada cual parece tener su receta mágica.

La realidad es mucho más sencilla y está al alcance de todos.

La felicidad, en realidad, no depende de lo externo. Eso ya lo sabemos, me dirán, pero, ¿cómo hacer para sentirse bien?

En mi opinión, la clave está en darse cuenta de que la felicidad, entendiendo por ella ese estado de paz interior y serenidad que todos anhelamos, no depende de la realidad que nos toca vivir sino de la interpretación que hacemos de ella.

Por eso, los elementos que a alguien le proporcionan esa serenidad buscada, para otras personas son insuficientes o distintos.

Encontrar un sentido a la vida es a veces complicado. La vida no es justa ni tampoco es fácil. Intentar encontrar sentido a lo que hago y ser capaz de modificar el rumbo de mi vida si no me satisface, requiere valor. Por eso, la felicidad está al alcance de todos. Simplemente, hay que atreverse a cambiar. Ese cambio mental profundo que nos lleva a agradecer y a apreciar lo que tenemos; a disfrutar del afecto de las personas a las que queremos y a recordar a las que se fueron y el legado afectivo que nos dejaron.

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PEQUEÑOS CAMBIOS PARA SENTIRNOS MEJOR

Henri Fantin-Latour (1836 - 1904) · A basket of roses

La felicidad es uno de nuestros máximos objetivos.

Trabajemos o estemos jubilados, sanos o enfermos, solamente disponemos de una vida y el estar bien, sentirnos bien, es, sin duda, uno de los prioritarios objetivos diarios que tenemos todas las personas.

Por eso, estos consejos nos ayudan a conseguirlo:

- Simplifique el entorno donde vive; a no ser que tengan un significado especial para usted, regale, done o tire todo aquello que no usa y que durante años ha ido acumulando. Reducir las necesidades aporta bienestar y serenidad interior.

-  Hacer ejercicio regularmente aporta sin duda un gran bienestar. No tenga pereza y con un calzado cómodo, salga de casa a pasear.  Camine por lo menos una hora diaria. Evita el deterioro, lo demora y hace que se encuentre distraído y, por lo tanto, con mejor ánimo.

- Si está ya jubilado o no puede hacer la actividad que antes hacía, busque otras alternativas. Encuentre actividades que le hagan disfrutar.

- Recuerde que conseguir la felicidad no es desear lo que nos falta, sino disfrutar de lo que aquí y ahora tenemos. No se preocupe por lo que no ha ocurrido y no anticipe mentalmente problemas que, de momento, no tiene. Pensar negativamente le causará gran infelicidad y malestar, preocupándose por cosas que quizás nunca sucedan.

- Haga planes, actividades, manténgase entretenido y activo. El presente es lo que tenemos y eso es lo que hay que vivir.

- De vez en cuando, mire con serenidad a su propia vida, cómo la ha vivido, las personas que ha conocido, las cosas que ha hecho y, sin juzgarse, sienta satisfacción por todo lo hecho.

- Reflexione de vez en cuando sobra la muerte. Decía Séneca que meditar sobre la muerte es meditar sobre la libertad.

- Cuídese mostrando interés por la cultura, por las noticias y avances del día a día. Recuerde que lo mejor de la vida es el continuo cambio, no la repetición.

- Sea generoso y compasivo con los demás. Recuerde que el perdonar a los demás, y a usted mismo, por sus errores, produce bienestar. La compasión con los demás, el conectar con los otros con amabilidad, siempre le harán mejor persona y le darán una serenidad interior que es difícil de conseguir de otra manera.



RECETAS PARA SER MÁS FELICES


Imagen: Pixabay


No hay una sola idea de felicidad y ésta va a depender de cada persona. Lo que a mí me hace feliz, a otra personal, igual no. Descubrir que es lo que me hace feliz es la tarea individual de cada uno.

Sin embargo, sí que hay ingredientes comunes que nos causan bienestar a todas las personas. O que sabemos que, si los fomentamos, el resultado es esa felicidad que va cambiando a los largo de la vida, como vamos cambiando nosotros mismos, pero que se mantiene.

Hay pautas generales para ser felices que casi todos conocemos, pero que con frecuencia olvidamos. Por ejemplo:

* Centrar nuestro foco de atención en las cosas positivas de nuestra vida y de nosotros mismos.

* Disfrutar como si fuera la primera vez que lo hacemos de las cosas buenas que tenemos. Valorar nuestra salud, las personas buenas que tenemos a nuestro alrededor y a nosotros mismos.

Valorar lo positivo produce inmediatamente bienestar, provoca que irradiemos gratitud y energía positiva y hace que sobrellevemos mejor lo difícil. 

* Asumir y aceptar que va a haber cosas que no vamos a poder cambiar.

Asumir no significa resignarse y quejarse, sino ser capaces de analizar que, a pesar de los sinsabores e ingratitudes de la vida, siempre tenemos en nuestra mano la posibilidad de cambiar nuestra actitud y fijarnos en aquello que sí podemos cambiar y que nos proporciona bienestar.

Intentar cada día ser mejor persona, tratar bien a los demás y tener una actitud buena para con cualquier ser humano. Eso sí, al que nos haga daño, apartarlo de nuestro camino y alejarnos de las personas que son tóxicas.

Vivir el presente que es, en realidad, lo que tenemos. Pensar en un futuro, pero cercano, intentando no angustiarnos con anticipaciones catastrofistas que nos quitan bienestar del aquí y ahora. Y, sobre todo, no sabemos que va a suceder, porque nadie es capaz de adivinar el futuro.

Si nos sentimos atrapados y sin salida, hay que hacer cosas distintas a las que venimos haciendo. Si se siente mal y sigue haciendo lo mismo... seguirá sintiéndose mal. Atreverse a cambiar. Lanzarse.

Cultivar la paciencia y la gratitud.

Revisar nuestra escala de valores, con frecuencia, para comprobar si estamos viviendo de acuerdo a ella, sin dejarnos arrastrar por modas, tendencias o por el día a día rápido y estresante de la sociedad en la que vivimos.

Porque como dijo Bertrand Russell: “Vivir como uno desee, solamente a eso se le puede llamar éxito”.



EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD





Fotografía: Pixabay

No hay recetas para la felicidad y es importante saber que no existe la felicidad completa. A lo largo de nuestra vida tenemos momentos felices en los que nos sentimos bien, alegres, con entusiasmo y optimismo. Otros momentos, sin embargo, se llenan de nubarrones y nuestro ánimo entristece, lloramos o pensamos “qué difícil es todo”… sin darnos cuenta que también eso forma parte de nuestra felicidad porque son los malos momentos los que nos deberían servir para vivir intensamente los buenos.

No hay una sola felicidad y cada uno de nosotros vamos construyendo la nuestra a medida que vivimos. Descubrir qué clase de felicidad es la mía, qué es lo que me hace vivir con serenidad y bienestar, es el trabajo más importante de nuestra vida porque se trata de eso, de nuestra vida, al margen de modas, dictámenes sociales, etc.

No hay recetas infalibles porque cada felicidad es personal y única, pero sí que hay una serie de caminos comunes que a todos nos van conduciendo a esa felicidad y bienestar.

El primer camino es tener paciencia, no importa si otros avanzan rápidamente y aparentemente triunfan y son, aparentemente, siempre felices. Nosotros llevamos nuestro ritmo y no nos alejaremos de aquello que queremos conseguir.

Asumir nuestras fortalezas, nos equilibrará cuando cometamos errores, aquellos errores por los que nos condenamos o nos condenan y que, sin embargo, son muy humanos. Hay que asumir mentalmente que somos imperfectos, con la idea tan cierta, y tan racional, de que somos capaces de hacer muchas cosas bien.

De ahí se deriva que no debemos paralizarnos en nuestros dolores sino mirar un poco más allá. No hay que sufrir inútilmente, anticipando miedos o catástrofes; hay que asumir nuestras responsabilidades, pero no caer en la culpa que nos paraliza y nos impide avanzar. Debemos revisar nuestra escala de valores y repasar verdaderamente si estamos viviendo de acuerdo a ella o nos hemos desviado empujados por la vorágine del tiempo en el que vivimos.

Abrir bien los ojos y ver todo lo bueno que hay a nuestro alrededor; practicar el optimismo realista, el que no pierde de vista que hay que mantener los pies en el suelo, pero que piensa que la vida tiene sentido, a pesar del dolor, y que hay que seguir luchando cada día por darle ese sentido que nos lleva a la felicidad.


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