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CONTROLAR EL MAÑANA

Imagen de kordula vahle en Pixabay


La angustia que tiene M. diariamente le bloquea y le produce una situación continua de ansiedad. Esa ansiedad, al mismo tiempo, le impide llevar sus rutinas diarias enfocándolas bien y sintiéndose seguro y tranquilo. Teme un problema que cree que llegará y eso le hace estar continuamente en alerta, y como está en alerta, se siente tenso, cansado, no duerme bien, frustrado, irritable y con mal carácter.

Es importante, en estos momentos inciertos, pero, en general, siempre, intentar aceptar que no podemos controlar lo que va pasar mañana y que debemos dedicar todo nuestro esfuerzo a intentar controlar lo que de verdad podemos controlar, que es el hoy, el día de hoy, el momento en el que estamos.

No podemos controlar el mañana. Debemos esforzarnos en el hoy y, de esa manera, la ansiedad desaparece.

Salimos así del círculo monotemático en el que nos sumimos cuando tenemos ansiedad, pensando en futuras desgracias o problemas que no sabemos si ocurrirán o no.

La angustia por controlar lo que pasará mañana nos quita la vida del hoy y nos sume en un caos interior de bloqueos y ansiedad permanente.

Aceptar que no podemos controlar cosas y que hay que adaptarse y vivir el día a día es importante para no caer en la ansiedad y en la desesperanza.


TEMOR AL FUTURO



Imagen: Pixabay

Temer al futuro es algo bastante frecuente.

¿Quién no se ha preguntado: “¿Y si…?”, añadiendo en los puntos suspensivos todo tipo de calamidades: si me despiden del trabajo, si pierdo a mi pareja, si enfermo… y así una lista interminable. Tantos miedos y temores, casi como personas hay en este planeta. Lo que a unos nos causa miedo, a otros les resulta indiferente.

El miedo al futuro es muy frecuente porque las personas vivimos con la falsa creencia de tenerlo todo controlado y una de las cosas que no tenemos controlado es el porvenir, lo que provoca un miedo anticipatorio que nos genera mucha ansiedad.

Sin embargo, huir de nuestros miedos o dejarse “comer” por ellos, rumiándolos o anticipándonos, no es más que darles más fuerza, cuando enfrentarse a ellos racionalmente supone siempre el dominarlos.

Párese a pensar y verá que, en sus pensamientos, estos miedos anticipatorios están siempre presentes.

Estudios neuropsicológicos llevados a cabo en Estados Unidos nos dicen que la preocupación y el pensar de manera anticipatoria negativamente se nos graba en el cerebro, de tal manera que lo que tememos creemos que va a pasar de verdad.

Para conseguir que nuestro cerebro deje de pensar así, debemos fijarnos en lo que está pasando aquí y ahora.

Si nos preocupamos más por el presente, que en realidad es lo que tenemos, y dejamos de dar vueltas a ese futuro a veces catastrófico que creemos que va a llegar, nos sentiremos inmediatamente mejor, porque conseguiremos romper el círculo negativo en el que nos metemos: pienso mal, luego… me siento mal.

Si nos centramos en el presente de manera positiva, nos libramos de ese miedo anticipatorio; si, además, luchamos y trabajamos por vivir nuestro día a día con serenidad y no sufriendo por nimiedades, tenemos garantizada una vida mejor.

Ya decía Séneca que una de las rémoras de la vida es esperar el mañana y perder el día de hoy.


LA BUENA VIDA



Imagen: Pixabay

No hay objetivo más importante en la vida que conseguir la serenidad interior.

Con frecuencia, nos decimos: “si trabajo más duramente, podré acceder a tal o cual cosa que quiero poseer” o “debo de estar siempre alerta, porque esta vida es como la selva y en cualquier momento me encontraré a alguien que intentará aprovecharse de mí”…

La desconfianza tiñe a menudo nuestro día a día, con dosis de estrés y de tensión que hacen que los días se conviertan en una especie de competición o lucha diaria, que se vive con mucho desagrado.

Vivir en la abundancia, acosados por preocupaciones, recelos y dudas, no merece realmente la pena.

Realmente, progresar en la vida supone liberarse de la confusión interna que muchas veces padecemos.

Para ello, hay que centrarse bien en el objetivo de querer pasar cada día con una mayor serenidad y paz interior.

Hay que intentar empezar por autocontrolarse e intentar dar importancia en el día a día a las cosas que realmente la tienen.

Hacer frente con calma a los inconvenientes diario nos proporciona un poso de serenidad interior que será el que nos hará enfrentarnos a las adversidades con una mayor fuerza y resiliencia.

No es necesario enfadarse o agobiarse por las cosas que no nos atañen y mucho menos aún por aquellas que todavía no han ocurrido.

La anticipación negativa conlleva unas dosis tan altas de sufrimiento, que con frecuencia nos desbaratan, procurándonos un estado de ánimo interno muy negativo que nos deja sin fuerzas y que nos hace pasar los días como un calvario, acuciados y asustados por problemas que no han ocurrido de momento.

Por lo tanto, recuerde que una buena vida es aquella en la que la serenidad interior guía los actos y conductas externas y en la que, sabedores de la finitud de la vida, nos centramos en el aquí y ahora, sin esperar del mañana más que una mayor tranquilidad.



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